La vida en Melbourne, los días de ocio, era realmente bonita para mayores y pequeños porque
es una ciudad rodeada de unos parques y unas playas increíbles.
Cada fin de semana elegíamos lugares diferentes, en invierno parques, montaña y barbacoas y en verano
las maravillosas playas, tan bellas que no sabías en cuál quedarte.
Cuánto disfrutaron los niños en aquellos años y los papás también. Eso sí, siempre nos bañábamos con precaución y cerca de la orilla porque, de vez en cuando se daban casos en que los llamados marrajos, (tiburones pequeños), se les avistaba no muy lejos de la orilla. Nosotros nunca tuvimos ningún susto pero en los medios de comunicación comentaban casos de lugares distintos de Australia que te ponían siempre en guardia.
Recuerdo la Great Ocean Road

. cuya carretera iba serpenteando a lo largo de toda la costa. Qué belleza de paisajes. Algunas veces nos parábamos en un "pier" de madera que se adentraba en el mar y nos sentábamos a echar el ratel con un poco de carne pasada y venían unas nécoras fantásticas que luego en casa iban a la cazuela y estaban riquííísimas.También cogíamos unos hermosos cangrejos de río en unas grandes charcas o lagunas y con el mismo sistema que las nécoras y luego las hacía Gerardo en una paellera con una salsita picante y estaban para chuparse los fingers.
Casi siempre íbamos los cuatro juntos con los niños y a veces se nos unían amigos españoles que también tenían niños. Eran pocos pero muy buenos amigos. Algunos
volvieron a España, como nosotros, y otros se quedaron a vivir allí, pero no hemos perdido el contacto y
nos comunicamos por internet o teléfono de vez en cuando.
Los niños iban creciendo sanos y preciosos. No es cosa de madre o tía, es que era un cuarteto que llamaba la atención por donde íbamos. Ahí están las fotos que cuando las miro se me cae la baba.
Y así llegó 1971 y nuestro inolvidable viaje por mar a España, viaje que imaginamos sólo de ida y fue de ida y vuelta.
PRÓXIMAMENTE EN ESTA PANTALLA...
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