jueves, 16 de enero de 2014
Continúa el tema bebés...
... y aumentando la familia porque en 1967 llega Gerry y entonces empezamos todos a pensar en buscar algo que nos mantuviese cerca unos de otros pero independiente. Carol y Nacho tenían dos años, Eva uno y con el recién llegado ya éramos ocho, o sea multitud .
El parto, al contrario del primero, fue bueno y rápido. Gerardo estaba feliz de tener !un chico!. Ya se sabe que los hombres, en general, prefieren "un machote" que continúe el apellido y él lo echaba de menos
aunque no me lo decía. No tenía nada que ver con el bellezón de su hermana cuando nació. Era un bebé arrugadito y feucho como la mayoría de los recién nacidos, pero en un par de meses se puso precioso. Tampoco sabíamos en esta ocasión el sexo del bebé. A mí me daba igual y casi prefería otra niña, pero me alegré por el papá que, por cierto, se portó como un irresponsable, cuestión a la que me estaba empezando a acostumbrar en los últimos tiempos, desafortunadamente.
Me dejó en el hospital muy temprano por la mañana, después de romper aguas y con dolores de parto intermitentes que no nos dejó descansar en toda la noche, así que él a lo suyo y en vez de quedarse a esperar acontecimientos, como hacen todos los padres, se marchó a casa a dormir y no se enteró de que había tenido un hijo hasta que llegó Elías de trabajar y le despertó para decírselo. Eran !!las cuatro de la tarde!! y allí estaba él roncando tan tranquilo.
Mi cuñado, que nos vio irnos por la mañana al hospital, al salir de trabajar se pasó por el Women`s para preguntar cómo iba todo: Le dijeron que el niño había nacido a las 14:30 p.m. y que estábamos muy bien los dos. Le extrañó no ver a Gerardo allí y al llegar a casa se lo encontró en la cama como un tronco. Le despertó y le dijo: "!macho, que tienes un chico!", y entonces se emocionó mucho, se le saltaron las lágrimas y bla, bla, bla, en fin, así era él y fue siempre.
Tenía su lado positivo, como todo el mundo, pero el negativo, que iba mucho más allá de lo que he contado,
era difícil y duro de convivir con ello.
Eso sí, tenía dos hijos maravillosos que eran la alegría de mi vida.
continuará...
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