sábado, 25 de enero de 2014

1971, vuelta a España...


...pero no en bicicleta sino en el más precioso trasatlántico de la compañía P&O, el "Fairstar". No consigo encontrar una imagen que se le parezca porque han pasado 43 años y los de ahora son mastodontes con un montón de pisos. Nada que ver con aquellos preciosos barcos de entonces. Pero estas dos imágenes me recuerdan más al increíble viaje por mar que vivimos durante todo un mes. Además en el cartel pone "one class only", que es lo que nos gustó del Fairstar. Ni primera ni turista, todos los pasajeros igual.

Llevábamos varios meses preparando el viaje que no podía ser en avión porque el equipaje no era sólo de maletas sino cajones y baúles donde trasladar objetos y enseres de tantos años que no queríamos dejar atrás, aunque sí se quedaron y vendieron muchas cosas y muebles, como no podía ser de otra manera.

Los niños apenas recuerdan el viaje, Carol y Nacho tenían 5 años, Eva 4 y Gerry 3, pero se lo pasaron muy bien porque había todo tipo de juegos y distracciones para críos y también una bonita guardería con mesas y sillas de colores, libros infantiles, cuadernos para dibujar, juguetes, etc., y así los padres podíamos disfrutar de ratos de ocio en la piscina para adultos, (había otra de niños), juegos y deportes de cubierta y por las noches, después de la cena, acostábamos a los niños y había cuidadores en los pasillos de camarotes y si se despertaba o lloraba algún niño avisaban por megafonía a los padres que estábamos paseando por cubierta o tomando algo y bailando en los diferentes salones, en fin, una organización perfecta la de esta compañía inglesa.

Y los buffets en cubierta algunas noches eran una pasada. El chef y los otros cocineros ofreciéndonos los platos más exquisitos y mejor presentados que jamás habíamos visto y degustado. Unos adornos florales preciosos y recuerdo un gran cisne de hielo que era espectacular.

Las escalas eran una atracción más, digna de recordar. La primera fue en Sydney, que no conocíamos y pudimos pasear por los alrededores del puerto, llegar hasta la bellísima bahía y contemplar el Harbour Bridge, el famoso puente de esa ciudad.

La segunda parada en New Zeland, (Auckland) y también tuvimos unas horas para dar una vuelta por el zoo que estaba cerca y a los niños les encantó.

Pero llegó LA ESCALA DE ESCALAS, Tahiti y su capital Papeete. Jamás olvidaremos ninguno de nosotros ese paradisíaco lugar. No me extraña que Gauguin llegase allí y allí se quedó.

Al atracar el barco, estaban las guapas tahitianas para darnos la bienvenida con
sus atractivos bailes y atuendos.

Era todo como un sueño, como estar dentro de una de esa películas que habíamos visto de pequeñas.
Recuerdo aquella "Al sur de Pago Pago", con Dorothy Lamour.

La escala duraba todo el día. Muchas horas que aprovechamos bien caminando por una explosión de flores y plantas de mil colores. Te cruzabas con jóvenes, chicos y chicas guapísimos con grandes flores en el pelo, junto a la oreja y te saludaban y sonreían. Qué paisajes, que montañas verdes, qué agua cristalina
                                                                                                                                                                    Nos apuntamos a una excursión en un barco con fondo de cristal para poder ver los maravillosos peces y cómo un buceador les daba de comer. Sólo daba pequeñas palmadas al agua y venían como flechas rodeándole. Fue precioso y los niños disfrutaron muchísimo. Cuando subió a bordo el buceador les puso en las manos dos estrellas de mar. Les hice una foto y enseguida las echó de nuevo al agua.                                                
No me canso de poner imágenes...


               continuará...                                                                        

No hay comentarios:

Publicar un comentario