martes, 28 de enero de 2014

Curacao y Canal de Panamá



Una preciosa isla caribeña donde paramos un día entero y pudimos recorrer la ciudad con sus alegres casitas de colores. Todo muy típico y tranquilo.

Antes de llegar vimos muchos delfines que seguían al barco
saltando y los niños alucinados y felices.





Sus playas cristalinas y casi desiertas, bellísimas.

Sus tiendas y mercadillos donde compramos recuerdos como en Tahiti. Allí dos objetos de madera rojiza, un abrecartas con el dios Tiki en la empuñadura y una especie de castañuela con incrustaciones de nácar que aún conservamos.

En Curacao recuerdo una enorme caracola que tuvimos durante muchos años y no sé dónde fue a parar. Se "escuchaba" el mar como si las olas fueran a mojarte la oreja.

Viajar en barco, sobre todo en largas travesías como ésta, es una experiencia única y tienes la ocasión de conocer lugares que no podías ni imaginar.

                                             
 
Y hablando de experiencias únicas, la siguiente que fue el Canal de Panamá es algo que no se puede explicar, hay que vivirlo.

Observar en cubierta cómo ese enorme barco va entrando en las diferentes esclusas con altas paredes de hormigón a ambos lados y que de repente vas subiendo como si fuera un ascensor y cuando llegas arriba pasas a la siguiente y sigues escalando inmensos "escalones de agua" para pasar del mar Pacífico al Atlántico.

Ver en vivo y en directo funcionar esa faraónica obra y sistema que te lleva de un océano a otro, es absolutamente alucinante y uno de los momentos de mi vida que no olvidaré jamás.
                                                        
   continuara...

                                           



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