domingo, 12 de enero de 2014

Volviendo al pasado...


... seguimos en l.965 y dos meses después de nacer Carol llegó al mundo Nacho y en este caso el parto de mi hermana fue normal y rápido.

Y allí estábamos las dos mamás primerizas con nuestros preciosos bebés, felices como los papás, pero al mismo tiempo pasando a veces los apuros de la poca experiencia, observándolos cada minuto del día y de la noche para asegurarnos de que estaban bien, en un duerme-vela y hasta con la mano a través de la cuna
puesta sobre su pechito para comprobar que respiraban, en fin, lo que pasa siempre sobre todo con el primer hijo.

Era muy positivo el hecho de vivir en la misma casa porque nos apoyábamos la una a la otra.

Yo estuve dándole el pecho a Carol hasta los seis meses y después cuando me llamaron del trabajo para volver a incorporarme, conseguí que me dieran jornada reducida y Carmina se quedaba unas horas con los dos.

Recién nacido Nacho y cuando Carol tenía poco más de tres meses ocurrió algo muy grave que podía haberme costado la vida.

Una noche regresa Gerardo de trabajar y estado yo en la cama me dice que se le ha quedado el coche sin batería cerca de la casa y como me estaba enseñando a conducir y ya lo hacía bastante bien, en vez de levantar a Elías le dijo lo que pasaba y que le dejara las llaves de su coche para poner los cables y luego yo llevaría el nuestro y Gerardo el de ellos.

Teníamos dos Volkswagen  iguales, la niña estaba dormida y yo muy animada me puse algo encima y nos fuimos a "realizar la misión" tan tranquilos.

Cuando el nuestro pudo arrancar el motor, Gerardo me dejó "sola ante el peligro" y se subió al otro coche y me dijo que fuera despacio delante de él cuando de repente me ve pasar a toda mecha y muy asustado me sigue. Yo, que creía que ya sabía conducir, me puse nerviosa y por querer frenar le daba al acelerador y al final me empotré contra la valla de una casa cercana, arranqué de cuajo la puerta de entrada de coches al jardín y me quedé a un palmo de la fachada de ladrillo.

Esa es la mala noticia, la buena es que salí ilesa por completo, inexplicablemente porque el coche quedó para desguace y la otra buena noticia es que era muy tarde y ningún vecino se enteró ni había nadie en la casa, porque si hubiera habido testigos y yo sin carnet de conducir, se nos había caído el pelo. El seguro pagó los desperfectos de la casa y por supuesto en el atestado constaba que el conductor era Gerardo.

Desde ese día no he cogido un volante en mi vida.

                                                                                 continuara...        
                                                                                                                       

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