jueves, 23 de abril de 2015

BUDAPEST


Dos días en Budapest después de Praga y Karlovy Vary.

"La Perla del Danubio", como la llaman.

Es una ciudad monumental y una arquitectura de filigrana en tantos y tantos edificios, palacios y hasta en los numerosos y bellos puentes que cruzan el Danubio y unen las dos partes que hace siglos eran Buda y Pest.

El primero que se construyó fue el Puente de las Cadenas que es precioso.

Pero uno de los lugares que más me impresionó fue el maravilloso Parlamento. La foto que pongo al principio no le hace justicia.

Yo pensaba que el Parlamento de Londres era lo más de lo más, pero este edificio con sus 365 torres o agujas, una por cada día del año, es una obra de arte arquitectónica.

              INTERIOR PARLAMENTO

Cuando das la vuelta completa a toda la estructura, te quedas sin palabras. La pena que tengo es que no llegué a tiempo para verlo en la visita al interior. Lo dejé para la tarde del segundo día y cuando llegué había cola, cerraban a las cinco y nos quedamos muchas personas sin entrar. Al día siguiente por la mañana salía el avión hacia Madrid y perdí la oportunidad de ver algo que, según había leído en folletos, era único.

Como no podía entrar al Parlamento, me fui caminando hasta llegar a un puente que te lleva a la isla de Santa Margarita que está en el centro de una zona del Danubio. Es pequeña, casi como un parque donde había muchas parejas con sus niños.

El primer día hicimos una visita guiada a los lugares más emblemáticos. Me encantó la Iglesia de Matías. Otro ejemplo de maravillosa arquitectura neogótica. Además es inmensa y sus alrededores bellísimos.

Tengo fotos preciosas. También del Palacio de Sisí, sus jardines... y todos estos lugares increíbles están a la orilla del Danubio, por eso cuando me apunté a un recorrido nocturno por este río de ríos, me quedé alucinada al verlo todo iluminado y reflejándose en las aguas.

Los puentes, también iluminados y de pronto nos ponen por megafonía el famoso vals de Straaus, nos sirven una copa de champán, la emoción te humedece los ojos y te sientes muy feliz por estar viviendo ese momento mágico.

Mesitas redondas con quinqués y vela encendida, parejitas que se besaban, en fin, daba pena que la travesía se acabara. Fue muy bonito.

En la visita guiada también entramos en el teatro de la Ópera, y vuelvo a repetir adjetivos, !maravilloso!. Algo muy curioso es que te obligan a ponerte unas calzas de plástico por encima de los zapatos para no manchar suelos brillantes y alfombras.


 El segundo día era libre y aparte de mi fallida visita al Parlamento, lo aproveché muy bien.

Hacía varios años que vi un reportaje en El País sobre los muchos balnearios que hay en Budapest y venía la foto del más famoso y antiguo, el del Hotel Guellért.

Con sus preciosas columnas alrededor de una de las piscinas, me dije: "algún día me bañaré ahí", y esa foto del periódico fue uno de los motivos por los que me preparé este viaje.

En la maleta ya llevaba preparado bañador y gorrito. Allí te dan las toallas y vas pasando por diferentes piscinas a diferentes temperaturas. Pero todo antiguo y precioso. Nada que ver con los modernos spá de ahora.

Tengo una foto que me hizo una señora muy amable, justo en la piscina grande de las columnas. Qué par de horas más estupendas pasé allí.

Al salir me tomé un chocolate con tarta en el café más antiguo de Budapest, el Central Cafe, donde en siglos pasados iban escritores, músicos..., según me contaba el camarero. Un lugar bellísimo del que no te moverías en horas.

También subí al monumento de San Guellért, (San Gerardo). Era una buena rampa y escaleras, pero iba entre pinos y plantas y poco a poco llegué hasta arriba.

Mereció la pena porque se dominaba gran parte del Danubio y sus puentes. Los que tenía enfrente eran el de la Libertad y el Puente de Elizabeth, (Sisí).

En la visita guiada del día anterior también estuvimos en la Plaza de los Héroes y la Catedral de San Esteban.

En fin, dos días bonitos y bien aprovechados.

                                                                       !HASTA OTRO VIAJE!




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