En julio de 1.999 se casaron Gery y Maribel, también en Becerril de la Sierra, donde tenían su casa desde hacía tres años.
Fue en la iglesia de Nuestra Señora de la Nieves que, al revés de la de San Andrés, es de diseño moderno y el exterior te recuerda a los picos de las montañas que rodean esta zona de la sierra.
Una preciosa boda pero completamente distinta a la de Carol y Charlie, con más de doscientos invitados y se celebró en un restaurante de "muchos" tenedores, el Cenador de Salvador, en Moralzarzal.
Yo lo conocí el día que fuimos las mamás con los novios a probar los diferentes platos del menú.
Fui la madrina y ellos me regalaron el precioso conjunto que llevé y que no he vuelto a ponerme porque no he tenido la ocasión.
El vestido de Maribel sencillo pero espectacular, de Sybila. Parece que la estoy viendo avanzar por el largo pasillo con el padrino, su hermano Pedro. Estaba tan guapa...
El novio y todos los testigos iban de chaqué. Todo muy "chic" y elegante. Una boda de altos vuelos pero yo no la sentí en ningún momento tan cercana y feliz como la de Carol. Una de las razones porque no conocía a la mayoría de invitados, sólo a la familia y algunos de los amigos.
Otras razones fueron un cúmulo de detalles y circunstancias que me hacían sentirme más invitada que madrina. Me notaba un tanto triste y alejada de todo aquello. Mi consuelo y felicidad era mi princesita Dora que no se separaba de mí en ningún momento.Por cierto que estaba malita y hasta con unas décimas de fiebre por una amigdalitis. Tenía dos años y estaba preciosa con su vestido dorado, pero no se sentía bien y hubo un momento en la iglesia que lloriqueando se quiso venir conmigo al altar. Al final lo consiguió y allí estuvo junto a mí hasta el final de la ceremonia.
El cocktel en los bonitos jardines y después la exquisita cena en el elegante comedor. Todo perfecto aunque yo apenas me moví de la mesa presidencial porque no me apetecía y además tenía en brazos a mi niña, abrazadita a su abuela.
Luego, poco a poco, se fue sintiendo mejor y disfrutó jugando con otros niños de la boda.
Después de la cena estuve reunida con mis hermanas, charlando sentadas en el jardín mientras que la gente joven bailaba en otra zona.
Una boda perfecta pero multitudinaria y a mí me gustan más recogidas y sencillas, aunque hay que reconocer que no le faltó ni un detalle de las llamadas "grandes bodas".
continuará...



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