viernes, 17 de abril de 2015

AMSTERDAM 4


Enfrente de la casa-museo de Rembrandt está la famosa fábrica de diamantes Gassan.

Yo tenía una invitación que me dieron en el hotel para una visita guiada.

Como era día de trabajo y temprano, entré y no había nadie, como me ocurrió poco antes en el museo. La joven que me recibió me dijo que no era problema y me guiaría por todas las instalaciones.

Resulta que era española, de Barcelona. Se llamaba Gema, un nombre muy apropiado para aquel lugar.

Fue todo realmente interesante, mucho más de lo que yo podía imaginar, sobre todo el taller donde trabajan los diamantes en bruto y van haciendo y puliendo las diferentes caras y tamaños, con una minuciosidad, maestría y paciencia increíble.

Me explicaba Gema que el pequeño instrumento que va dando forma a esas maravillosas piedras preciosas, lo impregnan constantemente con aceite de oliva.

Luego me llevó a un despacho para enseñarme algunos diamantes por si estaba interesada !!en comprar alguno!!

Le aclaré que yo no me podía permitir ni siquiera el más pequeño de todos los pequeños, pero me dijo que eso no importaba y me insistió en que los viera.

Desde luego si hubiera tenido la más mínima posibilidad habría comprado alguno minúsculo porque el precio allí salía bastante más económico que en una joyería.

Dentro de aquel mismo espacio pero en diferente edificio, me encontré con la fábrica y talleres de la preciosa cerámica "Royal Delft", (1.653). Entré y pude contemplar todo el proceso de fabricación aparte de la sala de exposición que tiene maravillas. Hice fotos muy buenas tanto de Gessan como de Royal Delft.

Bueno, y llegó el momento de la visita a uno de los lugares más importantes que me habían llevado a
Amsterdam, la Casa de Ana Frank.

Cogí el tranvía que me dejó en la puerta. Había un poco de cola, pero enseguida se empezó a mover y no tardé mucho en entrar.

Recordaba con todo detalle la película y el libro que leí hace muchos años"El Diario de Ana Frank", que tanto me impresionó.

Y estar allí mismo, donde sucedió todo aquel triste episodio de la historia de aquella familia en la segunda guerra mundial, me tenía sobrecogida y emocionada.

Ver su diario en la vitrina, su escritura en las páginas, su imagen y frases por todas partes...



Y esa estantería con archivos en la oficina, que era la puerta secreta que daba paso a la escalera para subir al ático donde estuvieron escondidos tanto tiempo...

Todo lo viví, paso a paso, con mucha emoción. Nunca olvidaré esos momentos.


No me fui de allí sin antes escribir en el libro de visitas unas líneas dirigidas a ella en las que le decía que si levantase la cabeza su tristeza sería infinita al ver lo que sus compatriotas están haciendo en Israel con los palestinos.

Después me fui al hotel a recoger la maleta y tomar el tren hacia el aeropuerto.

Adiós, preciosa Amsterdam, todo es bonito en esta ciudad, sus casas con esa arquitectura y colores, sus canales con casas flotantes anclados por todas partes, donde ves a sus habitantes sentados en la cubierta cuando hace buen tiempo, sus carriles para bicicletas de doble dirección y hasta con semáforos específicos que cruzan de una punta a otra de la ciudad y esas mamás y papás con las sillitas bien instaladas detrás o delante para llevar a los niños...


Una ciudad muy, muy especial que se te mete en el corazón.                    

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