Los canales estaban congelados y desde el autobús veíamos a gente patinando. El conductor nos explicaba que sólo se debe hacer en lugares seguros y con el grosor adecuado de hielo porque todos los años hay accidentes con chavales que se ponen a patinar en cualquier canal que rompe el hielo y se los tienen que llevar al hospital con hipotermias graves.
Yo tengo una foto sobre uno de ellos, pero después de asegurarme que no había peligro.La primera parada fue en uno de esos lugares mágicos llamado Marken.
Hasta hace algunos años era una isla de pescadores separada de Amsterdam, pero cuando las aguas del mar comenzaron a mezclarse con otras dulces, la unieron y se convirtió en un pequeño pueblo para artesanos y visitas turísticas. Es una preciosidad.
He puesto esta imagen en día soleado para que se vea bien, pero el Marken que yo vi estaba nevado y los canales congelados.
Seguimos por la zona de Zaanse Schans y paramos en una fábrica de zuecos donde siguen haciéndolos de forma artesanal y con las mismas viejas y antiguas máquinas que utilizaban sus antepasados.
Fue muy curioso porque nos enseñaron un trozo de madera y pasando manualmente de una pequeña máquina a otra, terminan el zueco en diez minutos y queda listo para barnizar y pintar. Tengo fotos de todo el proceso.
En la puerta hay un zueco gigante para que los turistas nos metamos dentro y hagamos fotos y, !por supuesto!, allí me metí y la foto es muy divertida.Y por fin llegamos a tierra de molinos. Yo, armada con cámara en astillero que empezó a echar humo porque aquello es otro lugar increíble. Las imágenes no le hacen justicia.
!!Cómo me lo pasé en aquel lugar!! Iba de un molino a otro, cruzando canales por donde caminaban tranquilamente los patos, (también un par de gatos), y pudimos ver el interior de uno de los molinos.

En fin, que estaba tan entusiasmada que no me di cuenta que el tiempo corría y el autobús no esperaba. Sólo me retrasé diez minutos, pero al llegar ya no estaba. En todos mis viajes es la única vez que me ha ocurrido porque los conductores-guías siempre miran y cuentan los pasajeros antes de ponerse en marcha.
El caso es que allí estaba yo, compuesta y sin autobús. Menos mal que no me agobio y enseguida me dirigí al conductor de otro que acababa de llegar y le conté lo que había. Resulta que llevaba un grupo de judíos llegados de Israel y EE.UU. que se reunían con familiares y amigos de Holanda y llevaban una ruta y planes específicos, pero uno de los lugares que iban a visitar era Volendam. Esta era la parada siguiente nuestra. Llamó al compañero y le dijo que me esperase allí, así que me fui con ellos y me enrollé a charlar con el grupo y me contaban algunos que conocían España y lo mucho que les gustaba.
Llegamos a Volendam pero ya estaban todos subidos en el autobús y no pude visitar esa ciudad. Sí pude contemplar un rato el inmenso lago Ijseelmeer que estaba helado y era espectacular.
Hubo algo que me indignó. Faltaban dos turistas japoneses y estuvimos esperándoles casi media hora y como yo no me callo ni una le pregunté al conductor por qué a ellos sí y a mí no. El holandés se disculpó y me dijo que no se dio cuenta que yo faltaba y por eso se marchó creyendo que estábamos todos los pasajeros.
En fin, un día estupendo con aventura incluída que se solucionó bien.
Antes de llegar a Amsterdam visitamos una granja de quesos donde había una cata exquisita que me vino muy bien de merienda.
Las chicas, muy rubias y con el traje y gorro típico de Holanda, nos ofrecieron distintas marcas y sabores.
!!Todos riquísimos!!
Al llegar a la ciudad por la tarde aún quedaban un par de horas de luz y me fui paseando hacia el puerto y al llegar me quedé impresionada por un gran velero antiguo que estaba atracado !!y se podía visitar!!.
Era el "Amsterdam Ship", una réplica exacta del que se hundió en 1.749 en la bahía de Bulverhythe, (Inglaterra). Está frente al Museo Marítimo Nacional.Estuve recorriéndolo de arriba a abajo y haciendo muchas fotos. No había casi visitantes y pude meterme por todos sus rincones bajando la estrecha escalera hasta llegar a la base del palo mayor.
Allí hacía mucho calor, al igual que en los dormitorios comunes de los pobres marineros y la parte de la carga, porque están en la quilla por debajo del agua, así que le eché un vistazo y subí enseguida hacía la cubierta, pasando por las cañoneras y lo más bonito de todo, el puente de mando y aposentos del capitán con sus grandes ventanales.Lo pasé como una cría de pocos años.
Ya había anochecido cuando bajé del barco y me fui paseando hasta el hotel.
Un día movidito y fantástico.
continuará...



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