sábado, 28 de septiembre de 2013

Up, up and away!!

Llegó el 23 de febrero de 1.963. Nos despedimos de mamá, Loli y los niños en casa. No queríamos que vinieran al aeropuerto. Era un momento dificil y triste y ellas pensaban lo mismo, pero nos animábamos pensando en que dos años pasarían pronto y les prometimos que escribiríamos una carta todas las semanas y lo cumplimos durante todos los años que estuvimos en Australia. Nos turnábamos y cada semana escribía una de nosotras en los llamados "aerogramas", aquellas carta-sobre cuyo envío era más económico y llevaba el sello incorporado. En Barajas nos encontramos con nuestra amiga Carmen y todas las chicas del cursillo de inglés que habíamos conocido en el convento y también chicos y familias con sus niños. Era un avión fletado por el Gobierno australiano para los emigrantes aventureros de España, como lo hicieron con otros muchos países de Europa. Allí estábamos con nuestras enormes y pesadas maletas no sólo con ropa, sino libros, un par de álbumes de fotos y otro más con todos los vinilos, en fin, no queríamos dejar atrás cosas que eran muy importantes para nosotras. Las tres inseparables nos sentamos juntas y a pesar del interminable y
cansado viaje, nos sentíamos tan emocionadas e ilusionadas que charlando unas veces y dormitando otras, iban pasando las horas !!y los países!! Era alucinante mirar abajo y ver cómo cruzábamos el Atlántico, cordilleras, paisajes que iban cambiando y oír por megafonía que estábamos volando sobre !!China!! y otros países asiáticos y que aún quedaban miles de Km. para alcanzar el Pacífico y Oceanía. Aunque sabíamos que Australia estaba "al final del mundo mundial", era impresionante escucharlo y vivirlo. Hicimos escala en Singapur para cambiar de avión a la compañía australiana Quantas. Nosotras que habíamos salido de Madrid con un frío enorme, nos encontramos con un calor húmedo y asfixiante, pero nada hacía mella en nuestro ánimo porque todo a nuestro alrededor era diferente y emocionante a pesar del cansancio. Habíamos volado catorce horas y aún nos quedaban seis más para llegar a Melbourne. Como allí tienen nueve horas por delante de nuestro horario, salimos el 23 y llegamos por la mañana del 25. Estos aussies son tan precavidos el las cuestiones de la salud que nos sorprendieron al aterrizar y prepararnos para bajar del avión, encontrándonos cerca de la puerta una especie de cajas con pequeños bordes y un polvo blanco en el interior, por donde teníamos que pisar
antes de bajar la escalerilla y así anular "los microbios" que pudieran venir de Europa en la suela de los zapatos, en fin, nos lo tomamos con sentido del humor y pisamos el suelo !aséptico! de ese gran país por primera vez. Después de recoger el equipaje salimos y allí estaba esperándole a Carmen su novio Pepe y a las chicas sin novio el cura menda que ya he mencionado anteriormente y que era el que organizaba los desplazamientos a diferentes lugares según fueran familias o chicos y chicas solteras. Carmen lo tenía todo encauzado previamente porque iría con el novio a la casa compartida con otros españoles. Las familias con o sin niños y los chicos solteros tenían como destino lo que llamaban "Hosteles" donde tenían alojamiento, comidas, etc., hasta que les buscasen o encontrasen ellos mismos algún trabajo y otro alojamiento. Pero las chicas, !!Ay las chicas!! Teníamos el destino sí o sí, de trabajar y convivir con familias acomodadas y con niños, para cuidarlos y "ayudar en la casa". Nosotras ya lo sabíamos y teníamos asumido, pero cuando llega el momento y ves que has dejado un trabajo bonito en una oficina para aguantar a niños impertinentes a los que no entiendes, te planteas a lo que te enfrentas. Yo tenía la suerte de haber aprendido bastante inglés en los tres meses del cursillo, pero la mayoría de las chicas, por no decir todas y entre ellas mi hermana, apenas hablaban cuatro palabras y entender, lo que se dice entender, cero patatero, así que allí estaban las familias australianas recibiéndonos con una sonrisa de oreja a oreja y muy amables, de momento. Cada una de nosotras tenía adjudicada una fmilia específica y en nuestro caso, como éramos dos hermanas, nos habían buscado familias amigas que vivían cerca una de la otra. Nos despedimos de Carmen y de las otras chicas, quedando para vernos el domingo por la tarde en la Catedral de St Patrick en la misa para españoles que decía el cura donjuanesco desde hacía muchos años. Bueno, y a partir de salir del aeropuerto en los coches de nuestras respectivas familias-jefes, comenzó la vida real de la gran aventura y a veces odisea.
                                                                                                           continuará...

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