En l.962 llegó a nuestros oídos la noticia de que los gobiernos de España y Australia estaban haciendo acuerdos para facilitar la entrada en ese lejano y bello país a personas jóvenes, matrimonios o solteros-as.
Ese enorme continente estaba muy poco poblado y necesitaban gente joven, aunque eran muy exigentes y selectivos en muchos aspectos. Mi hermana y yo nos empezamos a interesar en el tema. Éramos jóvenes y estábamos un poco hartas del trabajo tedioso en la oficina y de nuestra vida un tanto monótona y cuando estrenaron la película "Cita en Melbourne", sobre las Olimpiadas de 1956, fuimos a verla y nos quedamos alucinadas y enamoradas de la ciudad, del país, sus gentes y paisajes, su fauna, historia, aborígenes, costumbres, la lengua inglesa que podríamos aprender en poco tiempo, en fin, tantas cosas que el canto de las sirenas de Down Under nos animó a informarnos y a pensar seriamente en dar un giro total a nuestras vidas.
Teníamos 25 y 28 años y éramos solteras y libres como los pájaros, aunque nos preocupaba lo que mamá y mi hermana mayor opinarían sobre el tema y estábamos seguras de que se llevarían un disgusto enorme si al final conseguíamos pasar todos los requisitos que exigía el Consulado Australiano.
Realizamos las primeras gestiones de información sin comentar nada en casa ni en el trabajo.
Los requisitos eran muchos y variados. Lo primero tener una salud de hierro, vamos estar como una rosa, (o clavel para los hombres), no permitían ni una mínima carie en la dentadura, reconocimiento médico total tanto adultos como niños y era obligtorio hacer un curso de inglés de tres meses para llevar una pequeña base de lo más importante del idioma.
En nuestro caso tuvimos suerte porque se impartía en un convento de monjas de la calle Pío XII que nos quedaba muy cerca de casa, pero otras personas de distintas localidades tenían que trasladarse a las ciudades de su provincia y si eran de pequeños lugares fuera de Madrid, tenían que quedarse esos tres meses en aquel convento al menos de lunes a viernes. La profesora australiana era magísima y yo aprendí muchísimo en esos meses. (A mi hermana le costaba un poco más).
Las condiciones eran bastante buenas en muchos aspectos, (no todos), porque nos comprometíamos a permanecer en el país un mínimo de dos años y el viaje era gratis, pero si alguien quería volver antes, tenía que devolver el importe de ese viaje.
continuará...


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