jueves, 3 de octubre de 2013

Primeros días Down Under.

Esos primeros días son inolvidables, un choque absoluto con todo lo que te rodea, entorno, idioma, costumbres, cultura, forma de vida, clima, personas... Mi hermana y yo nos despedimos quedando en llamarnos todos los días, como nos habían ofrecido las familias y nos veríamos el domingo para ir juntas a la catedral. Yo, personalmente, estaba encantada con todo lo que me rodeaba y la familia más aún al comprobar lo razonablemente bien que me entandía con ellos. La casa preciosa con un jardín increíble y mi dormitorio con mi propio baño, monísimo y sin faltarle de nada porque tenía una mesa-escritorio con estantería donde pude colocar mis libros y cosas, armario y cama grande comodísima, una TV pequeña, en fin, después de cenar, por cierto estos judeo-australianos hacen una comidas
riquísimas, hablamos despacito para que yo me enterase de todo, sobre los horarios y reglas de la casa y me fui a la cama pronto porque por la mañana había que madrugar para después de ducharme y arreglarme, preparar la mesa para el desayuno, siguiendo las instrucciones que la "jefa" me había dado la noche anterior y allí estábamos ella y yo mano a mano porque el marido salía pronto a trabajar y los niños mayores al cole y sólo se quedaba el chiquitín. Después de irse todos, nos quedamos ella y yo desayunando tranquilmente y luego !a currar!. La jefa se marchó a sus cosas con el pequeño y yo a recoger todo, pasar la aspiradora, polvo, etc., pero a mi aire porque estaba sola y escuchando la radio que, aparte de la música, hablaban y yo pegaba el oído para aprender !english! Luego volvió y se puso a cocinar como una loca para tener la cena preparada. Allí se comen unos sandwiches sobre las doce del mediodía y se cena muy pronto, 6-7 de la tarde. A pesar de tener un nivel de vida muy alto, en general son sencillos y nada clasistas y una vez que estaba servida la cena yo me sentaba con ellos a la mesa. Al terminar cada uno llevaba lo suyo a la encimera y yo lo metía en el lavavajillas y dejaba todo preparado para el desayuno del día siguiente. También bañaba al pequeñín, con la supervisión de la mamá y
después de haberle dado la cenita entre ella y yo. Èsto era más o menos mi labor diaria y yo lo llevaba muy bien pero cuando empecé a hablar con mi hermana, lo que me contaba era todo lo contrario. Su jefa era un manojo de nervios y se ponía a cien porque Carmina no la entendía casi nada y en vez de tener paciencia la gritaba a todas horas y ella me llamaba llorando cuando se quedaba sola. Yo se lo comenté a la mía cuando me preguntó por mi hermana y dijo que hablaría con su amiga, el caso es que fueron unos días muy tristes y difíciles. Yo la animaba diciéndole que encontraríamos algo mejor y se marcharía de allí. Cuando llegó el domingo y nos encontramos con las compañeras de viaje y de



cursillo, eso era de libro. Unas a otras contándose sus vivencias, más de una llorando y diciendo que no podía aguantarlo, otras que se conformaban con lo que les había tocado y todas desesperadas porque no entendían ni papa y se tenían que comunicar por señas, en fin, un drama y el cura tratando de animarlas diciendo que era normal en los primeros meses, que tuvieran paciencia, pero ellas hablaban con otras que llevaban más tiempo allí y que trabajaban en fábricas donde se entendían bien en medio español-italiano y se intercambiaban teléfonos pensando en dejar las familias australianas cuanto antes, lo cual era un error porque te las encontrabas más adelante y seguían sin hablar inglés. Pero ese
intercambio de penas y contacto con las chicas, dio un buen resultado sobre todo para Carmina y en muchos aspectos también para mí porque en la siguiente semana me llamó una española que había oído lo bien que se me daba el inglés y como ella dejaba una familia con la que trabajaba en muy buenas condiciones y sabía lo mal que lo estaba pasando mi hermana, me dijo que esa familia conocía a otra que hablaban muy bien español y podíamos tener una entrevista para cambiarnos las dos. Mi jefa que estaba escuchando mi conversación y que era muy lista aunque no entendía español, se lo imaginó y en cuanto que colgué me dijo que si estaba pensando en dejarles y yo no pude más que explicarle lo que había, que yo estaba muy contenta allí pero que seguramente nos cambiaríamos mi hermana y yo a otro trabajo en otra zona de Melbourne porque las condiciones eran mucho mejores y estaríamos muy cerca una de la otra. Hasta aquí nuestra primera experiencia sobre trabajo, pero no he hablado de esa tarde en la misa de la Catedral en la que después del encuentro con las chicas, bajamos la escalera y nos encontramos a nuestra amiga Carmen con su novio, el hermano de éste y un buen amigo que compartía casa con ellos. No sabíamos lo que ese encuentro iba a significar en nuestras vidas a partir de entonces. Pero esa es otra historia....

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