viernes, 6 de septiembre de 2013

Los miedos de los niños.

Ayer lo dejé con los Gigantes y Cabezudos de las fiestas de los barrios y que a mi me aterraban. Si había desfiles por las calles, yo siempre me colocaba detrás de todo el gentío pero en una ocasión me sorprendieron yendo sola cerca de la Plaza de Olavide y aquellas cosas raras de cartón piedra iban a reunirse con el resto de la parafernalia y bajaban por la calle justo detrás de mi. Tendría unos 10-11 años y estaba tan asustada que me puse a correr, tropecé, me caí y volví a levantarme mirando hacia atrás porque yo tenía la sensación de que venían a por mí. Cuando llegué a casa me eché a llorar contándoselo a mamá.

Mis miedos de la infancia fueron esos y sobre todo Frankenstein. Sólo ví una película, la de Boris Karlof y se me quedó grabada para toda la vida porque esa cara no puedo mirarla en ninguna foto de revistas, etc., a estas alturas de mi vida y a mis nietos les hace gracia porque a ellos no les impresiona
en absoluto.

Mis hermanas me gastaban bromas cuando era pequeña y la mediana, cuando menos lo esperaba, me decía:
"mira Afri", y cuando me volvía se ponía un dedo en la frente, donde el monstruo tenía los tornillos y cicatrices y entonces yo se la armaba y ella se moría de risa.

Quizá una de mis travesuras de la infancia que no he olvidado ni mis hermanas tampoco, fue una "venganza"
y un día, estando sola en casa con mamá, entré en el dormitorio y saqué de debajo de la cama una caja de zapatos donde mis hermanas tenían sus tesoros y agarré todas las muñecas recortables y con las tijeras las hice cachitos bien pequeñitos y entonces ellas me la armaron a mí, en fin, como dice el refrán:"la risa va por barrios".                                                                                                                            

Nunca me han gustado las pelis de terror y cuando había alguna en los programas dobles, yo tenía que aguantarme y verlas con una mano sobre los ojos y los dedos medio abiertos para cuando llegaba la escena de Drácula, Fumanchú, Hombre Lobo, etc., cerrar la cortina manual hasta que me avisaba mamá, (de la cual me fiaba).

Más de una vez me recuerdo despertándome con alguna pesadilla y pidiendo a mamá que me dejase subir a la cama y dormir con ella y papá, en el rinconcito junto a la pared.


                                   
                              Continuará....                                                            

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