...En aquel convento de Avda. Pío XII,(le iba bien el nombre de la calle),por cierto qué mal me caía de pequeña este Papa, el Francisco de ahora me gusta más. Bueno, a lo que íbamos, en el convento conocimos a Carmen, la que fue después mi cuñada , nos hicimos buenas amigas y nos contó que iba a reunirse con su novio que estaba en Melbourne desde hacía unos meses y se casarían allí. Mi hermana y yo habíamos solicitado Sydney pero ella nos convenció para cambiarlo y poder estar juntas en Melbourne. Así lo hicimos y ella fue la que nos presentó a "nuestro futuros" al llegar allí pues los tres vivían juntos en una casa compartida con españoles. Pero esta parte de la historia la continuaré más adelante. A Carmen le obligaron a realizar los tres meses del curso de inglés y este hecho era absurdo porque ella era bilingüe y llevaba años dando clases en Berlitz y trabajando en las oficinas de la base americana de Torrejón, pero tuvo que aceptarlo para seguir las reglas del acuerdo entre los dos países y en las clases estaba de oyente porque no tenía nada que aprender excepto el acento australiano que nunca venía mal. Volviendo al convento y al menda-sacerdote, pasamos buenos ratos las tres observando a aquel cura alto, con perilla y bigote donjuanesco, vestido de corto,vamos, que de sotana nada, traje negro impecable y a quien sorprendíamos de vez en cuando charlando muy amigablemente y muy de cerca con una monja, muy guapa por cierto, y si podía "aconsejar o consolar" a alguna chica, porque estaba triste lejos de su casa, cogiéndola de la mano, lo hacía, en fin, todo un personaje este cura, que más adelante dio también que hablar en el mundillo español de Melbourne. Mientras, nosotras nos divertíamos comentándolo. Y llegó el día del gran viaje...

!!! qué emocionante ¡¡¡
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