jueves, 5 de septiembre de 2013

Las verbenas de mi barrio.

Volviendo a los años 40 del siglo pasado recuerdo muchas cosas curiosas como la verbena del Carmen que ponían en el mes de julio en la calle Àlvarez de Castro.

Qué diferencia con las de ahora, enormes y con aparatos mastodónticos y peligrosos, músicas ensordecedoras y a unos precios que si vas con la gente pequeña es una ruina.

Aquello era otra cosa, unos cuantos tiro al blanco, la clásica tómbola donde se rifaban juguetes baratos, el algodón de azúcar y el puesto de chufas y trozos de coco. Los aparatos se reducían al tío vivo, la noria y unas barcas para dos barqueros que teníamos que empujar nosotros si queríamos que se movieran, por cierto que subimos un día a la noria las tres hermanas y mamá. Como no era muy alta pensamos que no habría problema, pero cuando comenzó a girar más rápido mamá se empezó a marear y a gritar a todo pulmón: "!!!qué paren ésto, que lo paren o me tiro!!! Nosotras tratábamos de calmarla y decírselo al encargado cuando pasábamos por abajo, pero nada, aquello no aflojaba y la pobre mamá con un ataque de nervios y cuando se paró en la parte de arriba según iban bajando por turno, le daba mucho vértigo y decía que la vagoneta se iba a caer, en fin, una odisea que jamás olvidó y no volvió a subir a ningún cacharro en toda su vida. Cuántas veces nos reímos con ella recordándolo.

En una ocasión me encontré !una peseta de papel! sucia y pisoteada pero para mí era una pequeña fortuna y fue una gran alegría. la pasé un poco el polvo y me permitió tirar al blanco que me encantaba y me sigue gustando. Tengo buena puntería y siempre me llevo todos los blancos que reparto entre los nietos cuando llega la de San Isidro, junto a nuestra casa y también la de la Paloma.

Por cierto, en esa calle de Àlvarez de Castro, vivió durante muchos años el actor, escritor y director, Fernando Fernán Gómez al que mamá llamaba siempre el pelirrojo y que pasaba siempre por nuestra calle de Feijóo camino de la suya. Yo me lo quedaba mirando porque le veía en muchas pelis españolas de la época y le sonreía, pero él era muy serio hasta en aquellos tiempos de su juventud, pero a mi no me importaba y llegaba a casa diciendo: ! mamá, he visto al pelirrojo!.

Cuántos recuerdos hay de aquellos años 40: la peseta que me daba papá todos los domingos para alquilar una bici, el pequeño local donde yo cambiaba primero TBO´s y cuando fui creciendo, las novelas de amor.
Parece que tengo en mis manos al Guerrero del Antifaz, Roberto Alcazar y Pedrín, Pulgarcito con el personaje Carpanta que me hacía reír mucho, Zip y Zape, Lorenzo Parachoques, etc.,
las novelas cursis de Corín Tellado me encantaban hasta que descubrí más mayor la buena poesía y buenos autores. Pero esos libros ya no se alquilaban y cambiaban, había que comprarlos.

También recuerdo los Gigantes y Cabezudos que me daban terror.
                                         Pero esa es otra historia...
                         

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