Escuché esta frase en una película de la tele en V.O. y me llamó la atención porque yo estoy en esa etapa, la de tener más ayeres que mañanas, pero la cuestión no es la cantidad de lo que te queda sino la calidad, hacer que tus días, tu tiempo, merezca la pena, lo valores y te haga sentir razonablemente feliz, no proyectando o haciendo grandes cosas sino todo lo contrario, porque yo he comprobado a lo largo de toda mi larga vida que las pequeñas cosas son las que más satisfacciones te dan.
El otro día escuchando la radio dos cómicos parodiaban sobre este tema, uno el que disfrutaba con el soplo del aire sobre su cara, el rumor del agua, el olor y belleza de las flores, etc., y el otro despotricaba de todo eso y que lo que él quería era tener un buen coche en vez de un cacharro, un casoplón en vez de un pisito caja de cerillas y que le tocarán un montón de millones a la lotería y que pasaba de aires, rumores y olores.
En fin, yo respeto los deseos y ambiciones de todo hijo de vecino, pero creo que las pequeñas cosas en la mente y el corazón pueden ser mucho más gratificantes y hacer que tu vida sea más sencilla y menos complicada.
Hablaré sobre las distintas etapas de esa vida en los mañanas que me queden y que espero sean muchas todavía.
continuará...
Espero que sean muchos, QK, por puro y sano egoísmo mío, casi infantil. Así podré seguir leyendo tus referencias para no salirme de la highroad de la vida que, tienes razón, es mejor verla y vivirla como un pequeño sendero. Un beso.
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