...no me quiero saltar algunas cosas más o menos importantes que pasaron por mi vida adolescente y de juventud años antes y hasta el momento de que surgiera la cuestión australiana.
Mi adolescencia y juventud transcurrió bastante tranquila y a veces hasta un poco anodina porque mi carácter un tanto contradictorio, en parte extrovertida y sociable y sin embargo independiente en extremo, hacía que lo de grupos de amigos no fuera mucho conmigo y nunca tuve esas amigas para toda la vida como la mayoría de las chicas de aquella época, con las que había que quedar sí o sí aunque no te apeteciera.
El plan, para mí, no era muy atrayente, pasear, sentarnos en una terraza o café a tomar un refresco y charlar de tonterías que a veces me aburrían, ir al cine, en fin, que en ocasiones yo ponía un pretexto y me pasaba ese domingo en casa con mamá, escuchando la radio, leyendo o poniendo algún vinilo en mi tocadiscos y no echaba de menos a nadie ni a nada. Es curioso lo que he disfrutado siempre de la soledad o estar a mi aire, siendo por otra parte muy sociable y nunca tímida cuando me reunía con alguien.
De chicos o novietes nada extraordinario, yo gustaba al que no me interesaba y me encantaba el que no me hacía ni caso. Por ejemplo el que yo recuerdo como "mi príncipe azul". Hermano de una amiga de mi hermana, me lo presentaron en un "Guateque" y me dejó alucinada con sus ojos azulísimos y guapo como un San Luis. Fuimos buenos amigos y salimos algunas veces pero nada de nada más y para más inri, me contaba sus tristezas por la novia que le había dejado después de una relación larga.
Luego llegó "el novio formal" de casi tres años al que presentas a tu familia, habláis de casaros, etc., etc., y que todo el mundo me alababa porque era atractivo, muy educado y buen chico, pero teníamos muy pocas cosas en común y mi error fue querer cambiarle y que tuviera mis inquietudes y aficiones en vez de quererle y aceptarle tal como era.
El pobre lo intentaba pero no era justo por mi parte. Si a mí me gustaba la música clásica a él le aburría, de libros no podíamos hablar


porque no le gustaba leer más que el periódico y hasta quería influenciarle en su manera de vestir, lo que debía comprarse y lo que no, y no sé como lo aguantaba.
Yo pienso que, de alguna manera, yo le quería, me gustaba físicamente, pero nunca estuve enamorada de él. Era bueno y cariñoso como un ángel no sólo conmigo sino con mis adorados sobrinitos y le encantaba llevarlos con nosotros al Retiro o a pasear por ahí, no porque yo se lo impusiera, era él quien me lo sugería casi siempre, en fin, al final todo terminó como el rosario de la aurora, como tenía que terminar. Se enrolló con una compañera de trabajo seguramente más cariñosa y generosa con él de lo que yo nunca fui y me dejó plantada. Como diría García Márquez era el final de una relación anunciada, pero como también dice el refrán, no hay mal que por bien no venga, porque a partir de estar libre de novio y enterarme de lo de Australia, ya nada ni nadie pudo parar el proyecto de esa gran aventura.
Por cierto, leí una preciosa novela por aquellos tiempos llamada así, "La gran aventura" de Pearl S. Buck, sobre una familia irlandesa que emigra a EE.UU. Para mi hermana y para mí hubo momentos difíciles en aquel nuevo y lejano mundo, pero afortunadamente nada comparable al tema de la novela. Qué gran escritora americana. No se me han olvidado
ésta y otra gran novela suya: "La buena tierra".
Bueno ésto es a grandes rasgos parte de mi juventud que tuvo buenos y malos momentos como la de todo el mundo, por cierto, qué buenos fueron las escapadas, una o dos veces al mes porque el presupuesto de los sueldos bajos no permitía más, a Navacerrada con amigos del barrio y la oficina, donde medio aprendí a esquiar, pero más que el esquí lo que me llenaba era contemplar esos preciosos paisajes de pinos y montañas nevadas, la subida en telesilla a la llamada Bola del Mundo, el aire puro de la sierra a veces con mucho frío y otras con un sol espléndido que nos obligaba a huntarnos bien la cara de crema Nivea.
Estos momentos de nieve y otros de agua fueron estupendos. Los de agua me refiero a la piscina climatizada Canoe de la que nos hicimos socias mi hermana y yo con algunas compañeras y amigas porque nos quedaba cerca de la oficina
y podíamos nadar durante todo el año.
continuará...
Ya casi estamos volando con vosotras...
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