Una preciosa ciudad de contrastes.
Había cambiado mucho desde la última vez que la visité junto a mi hermana y los niños, cuando hicimos escala durante una horas en un viaje de vacaciones a España, que ya comenté en otro capítulo, creo recordar que en 1.975.
Entonces no existía el increíble aeropuerto que describo en la página anterior, ni los impresionantes rascacielos de la zona financiera, el enorme y moderno puerto, etc.
En aquella época hacía pocos años que Singapur se había independizado y aún no se había realizado el gran cambio, Aparte de su belleza, es una ciudad limpia, muy cuidada y segura.
Todo esto lo fui viendo en el largo paseo en barco por el río Singapur y cuando terminó caminé por sus calles buscando la parte antigua que es lo que más me gustó. Comí en un restaurante típico un plato combinado muy oriental que llevaba de todo y me supo a gloria.También me di el capricho de dar una vuelta en uno de esos "triciclos", como yo les llamo y lo disfruté mucho.
Luego regresé al aeropuerto, cansada, pero muy contenta de esas horas que había pasado en la ciudad.
Todavía faltaban tres horas para la salida del avión de Qantas hacia Melbourne y merendé sentada en unos cómodos sillones mientras escuchaba las notas mágicas de un chelo.
Después estuve un par de horas descansando echada en las cómodas tumbonas.
Llamada para embarcar y...!Melbourne, here I come!
continuará...



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