Era abril de 1.997.
Yo estaba pasando el fin de semana en Becerril de la Sierra y el domingo por la noche me llama Carol para comentarme algo muy especial.
La Embajada de Australia se había puesto en contacto con ella porque era la única academia de inglés en Madrid de una australiana y le propusieron un viaje a Melbourne, !gratis!, para establecer contacto allí y apoyar un proyecto de intercambio de estudiantes entre los dos países, contactando con familias de acogida, etc.
El caso es que me decía Carol lo imposible de aceptar esa estupenda oportunidad porque Dora tenía dos meses y no podía ser.
Total que colgamos, empecé a darle vueltas y no habían pasado ni cinco minutos cuando llamé yo y le dije lo que ya ella estaba también pensando, !!que podía ir su madre y realizar las mismas gestiones!!
Lo difícil era organizar el viaje en menos de 48 horas porque le dijeron en la Embajada que había que salir el martes por la mañana temprano en un vuelo de Singapur Airlines.
O sea que tenía sólo el lunes para arreglar todo.
Carol habló con el departamento de la Embajada y les comentó la situación, que su madre hablaba el idioma, "colaboraba" en The English Academy" y podía hacer el viaje y las gestiones en su lugar.
Lo aceptaron y en un tiempo record me hicieron el visado en el Consulado y recogí los billetes en las oficinas de la compañía aérea. Había una coordinadora, que recuerdo se llamaba Josephine, que es con la que Carol estaba en contacto y me allanó todas las gestiones en unas horas.
Fue un día que nunca olvidaré porque me moví como un gamo a lo largo de ese lunes, incluído equipaje y dejar todo arreglado en "English and More" para que uno de los profesores, que era español, amigo de Gerry y mío y de toda confianza, se quedase al cargo de atender lo más necesario y también dar sus clases.
En fin, una locura, pero salió todo bien y el martes a primera hora estaba yo en el aeropuerto feliz y emocionada por volver a mi querido Melbourne después de veinte años, sola, tranquila y sin marido ni niños. !!No me lo podía creer!!
Los gastos de estancia eran por mi cuenta, pero seguía siendo un regalo porque lo más caro era el viaje.
Además se ocuparon de reservarme un hotel en el centro de la ciudad, (Little Collins St.), al que poderme trasladar a mi llegada.
El largo viaje no lo fue tanto porque Singapur Airlines es lo más cómodo y lujoso de todas las compañías que conozco.
Amplios asientos con pantalla privada de tv en el respaldo frente a mí, sus comidas exquisitas y los refrescos o bebidas calientes que te ofrecían constantemente y esas toallas enrolladas y ardiendo que te facilitaban las preciosas azafatas con sus bonitos y elegantes vestidos típicos, en fin, lo más de lo más y encima tenía los tres asientos para mí porque no iba completo y pude echarme y estirar las piernas por la noche.
Y el aeropuerto, bueno eso merece capítulo aparte. Yo me quedé alucinada cuando empecé a caminar por allí. Eso no era un aeropuerto, era un jardín cuajado de orquídeas, plantas y árboles tropicales, pequeños lagos, fuentes iluminadas, sillones comodísimos para tumbarse y hasta un cuarteto de cuerda, vestidos de gala tocando música clásica. No creo que nada de esto exista en ningún otro aeropuerto del mundo.
Tenía unas diez horas de espera hasta la salida del otro avión de Qantas que me llevaría a Melbourne y en el aeropuerto te ofrecían gratis una excursión en barco por el río Singapur, así que me apunté enseguida y disfruté mucho de todo lo que vi, a pesar del cansancio que la diferencia de horario te producía.
continuará...



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