Fue una boda preciosa, íntima y en familia.
No éramos más de cuarenta personas, la familia y los amigos más cercanos y eso es muy bonito y alejado de las clásicas parafernalias de bodas multitudinarias, que son también bonitas pero menos acogedoras y entrañables.
Conoces cada una de las caras que te rodean y se vive y recuerda hacia adentro, tranquilos, alegres y sin estrés.
Además hubo detalles muy especiales. Fue en la Iglesia de San Andrés, (s. XVI), de Becerril de la Sierra, donde vivían en su preciosa casa Maribel y Gerry.
Ellos fueron los padrinos y el sacerdote que los casó no fue el párroco de allí sino el sacerdote amigo de los novios, el padre José Aurelio de la iglesia de San Miguel en General Ricardos, junto a la academia. Carol le daba clases de inglés individuales y tenían una buena amistad.
José Aurelio también bautizó a sus tres hijos, Dora, Carlota y Diego, mis tres preciosos nietos.
Carol quería casarse con el traje de novia de su titi Loli, que antes también había llevado su hija Mari- Loli, así que fueron tres novias las que lo lucieron, con muchos años de separación, pero se conservaba en perfectas condiciones, al igual que la corona y velo.
El ramo lo preparé yo porque a Carol le gustaba muy sencillo y con sus flores y color preferido. "Siemprevivas" moradas en el centro y florecillas blancas alrededor.
La noche anterior dormimos en casa de Gerry y Maribel y de allí salió la novia por la mañana con el padrino en un precioso coche de caballos antiguo, con los caballos enjaezados y dos cocheros vestidos de corto. Charlie se quedó en el Hotel Las Gacelas, cerca de la iglesia.
Estaba tan guapa que brillaba.
La ceremonia fue sencilla y realmente bonita.
El sermón, más bien una charla con sentido del humor y alusiones a "su profesora de inglés" y a la amistad que le unía a los novios.
Se celebró en el Hotel "Las Gacelas". El aperitivo en la gran terraza desde donde se podían contemplar las montañas de la sierra de Guadarrama, tan cercanas que casi se podían tocar.
Me encantó cómo dispusieron la mesa, en cuadrado, con un precioso centro de flores de la zona, frutas, etc., en el hueco del centro.De esta forma estábamos todos juntos, mirándonos, charlando, en fin, nada que ver con las mesas redondas y separadas por grupos que es lo normal en bodas con muchos invitados.
El menú, !a la carta!, o sea que aparte de los exquisitos entrantes los invitados podían elegir entre diferentes carnes o pescados.
La increíble y preciosa tarjeta del menú era para enmarcar. Creación de la madrina, Maribel, que como directora de creativos en una de las mejores empresas de publicidad, la bordó, relatando los diferentes platos con una prosa y sentido del humor imposible de explicar. Hay que verlo y leerlo para valorarlo.
Las invitaciones también eran diferentes y preciosas, partiendo de un dibujo-pintura que hizo Charlie.
Supongo que para una madre la boda de su hija es la mejor del mundo mundial, pero esta lo fue por muchas razones, acogedora, sencilla, divertida y diferente de las normales al uso.
A los padres y hermanos de Charlie les hubiera encantado, pero viviendo en EE.UU. no era tan fácil y no pudieron asistir.
Vinieron al año siguiente para el bautizo de su nieta Dora y fueron los padrinos.
Otra preciosa y especial ceremonia que relataré cuando llegue el momento.




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