domingo, 29 de marzo de 2015

Una semana de cinco días.


Eso es lo que me pasó por despistarme y no confirmar el billete de vuelta nada más llegar.

Este quinto día de mi viaje pensaba hacer muchas cosas, pero al final fueron muy pocas porque cuando recordé al levantarme que antes de nada tenía que ir a las oficinas de Qantas a confirmar el vuelo, resulta que sólo tenían una plaza para ese mismo día por la tarde o ya tendría que esperar hasta la semana siguiente y yo no podía quedarme tantos días.

Así que todos los planes que tenía para los próximos dos días tuve que olvidarme de ellos, coger ese billete y pensar qué era lo más importante para realizar en esas pocas horas que tenía de margen.

Una de ellas era trasladarme a Moorabbin para ver y fotografíar nuestra preciosa casa de Fiddes St. y también la de mi hermana y familia en Nowra St. y por supuesto el colegio de los niños, St. Catherine's School.

Me cogí el tren en la vieja estación y enseguida me planté en esa bonita zona donde vivimos los mejores años, en la mejor casa, la que todos recordamos con tanto cariño.

Fue un impacto emocional muy grande cuando llegué a 47 Fiddes St. Todo estaba casi igual que cuando la dejamos para volver a España. El jardín muy cuidado, con nuevos árboles, plantas y flores. También lo que pude ver del enorme jardín de la parte de atrás, Llamé para saludar y ver si eran las mismas personas a las que se la vendimos, pero no había nadie porque era horario de trabajo. Hice algunas fotos y con pena de dejarla atrás me fui hacia la casa de mi hermana. Hice un par de fotos para dárselas a la vuelta.
                                                   
Y bajando un poco la calle allí estaba el colegio de los niños. También casi igual que lo recordaba. Los espacios grandes para recreo y deportes y al fondo los edificios.

Este es el escudo que llevaban en los jerseys del uniforme. Lo he encontrado en Google.

Siguen llevando los mismos colores que hace cuarenta años.

Era como si el tiempo se hubiera detenido y Carol y Gery cogieran sus mochilas y bicicletas y se fuesen al cole.                                                                                            


He cogido también este "jeroglífico" por si queremos ver más detalles sobre St. Catherine's.



Después me fui hasta St. Kilda Beach porque quería llevarme arena de la playa.

Era una zona que frecuentábamos mucho con los niños porque aparte de la playa estaba Luna Park que les encantaba a Carol y Gery porque dentro de esa gran boca que es la entrada, está la feria y se subían a todos los cacharros.



Dí una vuelta por todo aquello con mucha nostalgia y después me fui paseando hasta la playa.

Qué maravilla tener una playa tan bonita y cuidada a dos pasos de la ciudad.

Cogí arena en una bolsa que llevaba preparada y fui caminando hasta el "pier" por el que tantas veces habíamos paseado.



Allí comí en el restaurante que había al fondo y ya no podía entretenerme mucho más porque tenía que volver al hotel, recoger la maleta y salir hacia el aeoropuerto.


Me quedaron tantas cosas pendientes...

Pero había que conformarse.

Tenía previsto al día siguiente llamar a una de las mejores amigas que tuvimos en Melbourne, (Paquita Maqueda), y darle la sorpresa y alegría de volver a vernos después de veinte años. Rafael, su marido y compañero de Gerardo en el trabajo, había muerto y sus tres hijos, Fali, Yolanda y Tony, habían formado ya sus propias familias. En fin, me dio mucha pena no verla, aunque la llamé y hablé con ella desde el aeropuerto.

Otra cosa que me hubiera encantado era cogerme el tren que va por toda la costa y bajarme en las distintas playas donde solíamos ir con los niños: Brighton, Sandrinham, Frankston, Sorrento, Rye...
.
Y lo que era un sueño que no pude cumplir, no sólo por falta de tiempo, sino porque salía muy caro, era visitar la famosa Ayer's Rock en Central Australia, pero el viaje en avión, alojamiento, etc., se salía del presupuesto, así que me conformé con verlo desde el aire. Nos avisaron a los pasajeros cuando pasábamos por esa zona y se veía muy bien. (El que no se consuela es porque no quiere).

"Una semana de cinco días", pero maravillosa, que siempre, siempre recordaré.

 El largo viaje de vuelta no fue tan cómodo como el de ida porque el avión iba completo y lo pasé mal con las piernas y la espalda aunque trataba de levantarme y caminar por el pasillo siempre que era posible.

En Singapur sólo hicimos una corta escala así que no salí del aeropuerto y aproveché ese tiempo para andar y moverme y preparar mis huesos para las más de catorce horas de vuelo que tenía por delante.

Pero todo mereció la pena en este viaje sorpresa e inesperado.

                                                     !!BYE, BEAUTIFUL MELBOURNE!!




                                                             

viernes, 27 de marzo de 2015

!!Phillip Island!!


El cuarto día en Melbourne me apunté a una preciosa excursión para toda la jornada a Phillip Island.

En las páginas de nuestros primeros años en Australia ya he relatado este lugar cuando lo visitamos en los años 60.

Y quería volver a contemplar el asombroso espectáculo de los pequeños pingüinos, (los más pequeños del mundo), que salen del mar al anochecer, diariamente, a la misma hora y exactamente por el mismo lugar de la playa.

Es algo increíble y digno de ver aunque sea una sola vez en la vida.

Más adelante lo comentaré con detalle, pero antes de llegar paramos un par de horas a comer y visitar la famosa granja "Warrook Cattle Farm".

!Lo que pude disfrutar allí! Dí el biberón a pequeños corderitos, vi esquilar ovejas Merino grandes, dí de comer a canguritos, acaricié a koalas y wombats, en fin, una auténtica gozada. Hice un montón de preciosas fotos.

Continuamos hacía Phillip Island y una vez allí paramos en la Isla de las Focas hasta que se hiciera la hora de la "Pingüin Parade".

Es una zona preciosa con enormes acantilados y al borde hay un largo entablado por el que puedes pasear viendo cómo abajo rompen las olas y al fondo un islote donde están las focas y que sólo se ven si miras por los catalejos que están allí instalados, pero lo mejor es el paseo con el mar a tus pies.

Antes de anochecer nos trasladamos con el autobús a la zona de los pingüinos.

Estaba todo muy cambiado y mejor organizado que hace años. El lugar se había hecho muy famoso y llegaban a verlo de todos los Estados de Australia, por eso había una parte amplia y acotada para los turistas de forma que nadie pudiera molestar a los pingüinos cuando salen del agua, pero lo curioso es que como no aparecen hasta que oscurece, hay unos grandes focos iluminando el lugar justo por donde salen y a ellos no les molesta.

Tienen otra zona grande acotada con los nidos familiares para cada uno de los grupos y nunca se equivocan aunque todos los agujeros son exactamente iguales.

Cada familia de 20-25 pingüinos tiene un líder que es el primero que sale del mar y se para mirando hacia atrás hasta que todos sus miembros están reunidos, entonces echa a andar hacia sus nidos. !Es absolutamente increíble!

Llegan nadando desde muy lejos donde han acumulado alimento en sus tripitas para llevar a sus crías que esperan ansiosas en los nidos y se les oye píar sin parar.

Cuando miras el bello anochecer en el mar, te parece imposible que de repente empiecen a salir cientos de pingüinos en diferentes grupos, tranquilos, organizados, disciplinados y muy dignos, caminando hacia sus nidos y pasando olímpicamente de la gente que les miramos alucinados.

        !!Es absolutamente maravilloso y digno de ver!!



       !!Un gran día!!

                                   
                                     continuará...

miércoles, 25 de marzo de 2015

Melbourne 3


Mi tercer día fue movidito.

Comencé cogiendo el tranvía en Elizabeth St. hasta el Queen Victoria Market, el mercado donde Gerardo y yo comprábamos todos los sábados.

Fue el primer y único mercado de la ciudad, sólo para carnes inaugurado en 1.868. A través de los años fue creciendo y se incorporaron todo tipo de alimentos, pero pasados veinte años se había convertido en un inmenso mercado donde se vende absolutamente de todo, incluída ropa, calzado, souvenirs, etc.

Menos mal que me fui temprano porque aquello te atrapa y es para estarse todo el día yendo de una parte a otra, pero tenía en mi lista otros lugares que también me importaban mucho.

De todas formas se me fue allí más tiempo del que pensaba, y es que no me cansaba de recorrerlo. !Qué carnes, qué pescados, ostras y langostas gigantes! !Qué frutas y verduras!Y cuánto disfrutábamos de todo ello porque además los precios eran muy razonables.

Allí compré un precioso gorro australiano de ala ancha en cuero para Carol y un digeridoo y boomerang para Gery y otras cosas para los demás que no recuerdo.


Pondría tantas imágenes de este fantástico mercado...

Después me fui caminando hasta el Royal Women's Hospital, en la zona de Carlton, que es donde nacieron Carol, Gerry y mis sobrinos Nacho y Eva.

Sólo hice unas fotos y volví a coger el tranvía al centro para visitar Saint Paul`s Cathedral, (anglicana), y también Saint Patrick's, la catedral católica donde nos casamos las dos parejas.

Son impresionantes y en las dos me senté un ratito para descansar y admirar todos los detalles.

SAINT PATRICK'S

Me paré a comer en un italiano unos spaguetti riquísimos y continué hacia los bellísimos Fitzroy Gardens que están cerca de Saint Patrick's.

!Qué parques! Tan preciosos como los recordaba.


Bueno, y llegó lo que me esperaba a última hora de la tarde. !!Un partido de Austrlian Rules!! en el Cricket Ground Stadium..

Resulta que desayunando en el hotel por la mañana, me puse a charlar con una pareja de australianos que eran del Northern Territory y estaban de turistas en Melbourne. Esa tarde había un gran partido entre Carlton y Collingood y ellos tenían ya las entradas.

Les dije que yo no había presenciado ninguno en todos los años que viví allí y me animaron a que viviera esa gran experiencia y que no había problema para encontrar entrada porque era inmenso y pocas veces se llenaba del todo.

Además quedaba cerca de los jardines, así que me encaminé hacia el estadio y no hacía falta preguntar, sólo había que seguir a los cientos de personas que con bufandas, camisetas, etc., de sus respectivos equipos,se dirigían hacia allí. Saqué una entrada en taquilla y una vez dentro me fueron informando hasta que llegué a mi asiento en la grada.

Y sí que fue una gran experiencia. Cada equipo sale rompiendo una gran pancarta con sus colores y el himno a todo trapo por megafonía y allí estaban aquellos gigantones australianos, con su pelota apepinada, como la del rugby y fue divertido y curioso porque es un juego entre fútbol y rugby y sólo se juega en el Estado de Victoria. !!Y ganó Carlton!!

Unos chavales detrás de mí me hicieron una foto y así tengo el recuerdo.

A la salida le compré a mi nieta Dora un baloncito rojo. Era un bebé, pero unos meses después jugaba con él y le encantaba.

Cuando salí ya estaba anocheciendo y me fui paseando hasta el hotel entre las antiguas y bonitas Victorian Houses que abundan por esa zona.



Un tercer día bien aprovechado.


                                                   continuará

domingo, 22 de marzo de 2015

Melbourne 2.



Mi segundo día en Melbourne fue "profesional" pero muy agradable.

Me encontré en el hall de hotel con Ellen, la coordinadora del Cambridge College, una chica joven y majísima.

Nos sentamos en el salón a tomar un café y hablar sobre el proyecto que me había llevado a realizar ese estupendo e inesperado viaje.

Me dio varios folletos e información para entregar a Carol a mi regreso a Madrid.

Después me dijo que había quedado con varias familias australianas que en su caso acogerían a futuros estudiantes de intercambiO, visitar las casas para conocerlos y ver las condiciones de convivencia, etc.

Creo recordar que fueron tres las casas y familias, en diferentes zonas pero todas muy buenas.

Australianos muy educados y amables, nos enseñaron las habitaciones donde dormirían los estudiantes y el resto de la casa y jardín.

Fue una experiencia bonita y curiosa. Charlas tomándonos un té y aparte de hablar del posible intercambio, se interesaban mucho por conocer cosas de España en general.

Y allí estaba yo de "embajadora de buena voluntad", respondiendo a sus preguntas sobre costumbres, cultura y hasta política, aunque fui muy discreta sobre las opciones que yo podía tener o pensar al respecto.

Un día diferente e interesante.

Al final el proyecto no se llevó adelante. Quizá la distancia entre las dos ciudades y países era demasiado grande.

El caso es que ese fue el único día que me tuvo "pillada" este asunto y después estaba libre para el resto de la semana.

Ellen me invitó a comer en un bonito restaurante y al final de la tarde me dejó en el hotel y nos despedimos con un fuerte abrazo, deseando volvernos a ver en un próximo futuro.

Por cierto, unos días después me dejó en recepción una nota de despedida muy cariñosa que tengo en el álbum de aquellos días en Melbourne.

                                                                      continuara...


sábado, 21 de marzo de 2015

De nuevo en Melbourne.



El vuelo hasta Melbourne es de unas seis horas y fue cómodo y agradable aunque con mucho cansancio acumulado.

Para hacernos una idea hay que saber que salí de Madrid un martes por la mañana temprano. Catorce horas de vuelo hasta Singapur. Allí escala de diez-once horas y después seis más para llegar a Melbourne.

Y como en Australia van nueve horas por delante de nosotros, resulta que salí un martes muy temprano y llegué a Tullamarine Airport !!el jueves por la mañana!!

En fin, estaba como un zombie, pero la emoción y alegría que sentía cuando iba en el taxi, entrando ya en la ciudad, era tan grande que se me olvidaba todo.

Cuando llegué al hotel me entregaron en recepción un precioso ramo de flores y una nota muy cariñosa de la coordinadora para el intercambio, quedando para el día siguiente.

Sin deshacer la maleta me di una ducha, me metí en la cama y me quedé frita unas horas.

Después me levanté impaciente por salir a la calle y empezar a patearme esa preciosa ciudad que recordaba con tanto cariño.

Había cambiado mucho en esos veinte años. Nuevos rascacielos y edificios modernos, pero lo esencial se conservaba exactamente igual.

Allí estaba el Princess Bridge, el Yarra River y al fondo de esta foto se ve la Catedral de St. Patrick.

También la cafetería donde siempre me tomaba un capuchino antes de entrar a trabajar en correos. Ahora era McCafé y entré a comer algo y por supuesto el capuchino con canela sobre el top blanco, más un hermoso scone.  Allí mismo me hice una foto con dos guapos y enormes polis "aussies".

En las páginas de nuestra llegada a Melbourne en los 60's ya comento sobre la ciudad, fotos y todo lo que aconteció entonces, pero esta visita veinte años después, sola y a mi aire, fue diferente, aunque repito algunas imágenes de lugares muy especiales para mí, como la vieja estación de Flinders St., a la que no me resistí a entrar.

Y sus verdes tranvías allí seguían en las rutas de siempre: Bourke St., Swanston St., Flinders Lane, Collins y Elizabeth Streets, en los que me subí varios días.

También era nuevo para mí el Teatro de la Ópera y Arts Centre. Tuve la suerte de que estaba abierto para visitar el Hall y algunos otros espacios del interior.

La arquitectura exterior es impresionante, aunque no tanto como la de Sydney.


Estuve paseando por todas esas calles del centro que menciono anteriormente y entré en los bonitos y grandes almacenes Mayer's que también estaban muy cambiados y remodelados y sus enormes escaparates, impresionantes, decorados para "Mother's Day". Me recorrí todos los pisos y compré algunas cosillas para llevármelas a Madrid.

Y el colofón a ese primer día fue que conseguí entrada en el Princess Theatre para ver el musical, "The Phantom of the Opera".

En el avión estuve ojeando el periódico "The Age" y mirando la página de espectáculos. Vi que ponían ese maravilloso musical que nunca conseguí ver en Londres, pero no pensé que habría entradas y menos para ese mismo día. Por si acaso me pasé por el teatro, pregunté en taquilla y como era una suelta me dijeron que sí y además en principal, casi delantera, tan delantera que cuando cae la lámpara de cristal y queda suspendida, me asustó un poco, (y a los demás también), porque se quedó colgando a dos o tres metros de la baranda delantera.

Es un musical increíble. La música, los actores-cantantes, los decorados y movimiento de escena, todo espectacular.

Salí feliz y con hambre. De camino al Victoria Vista Hotel, entré en Big Teddy's a comer una hermosa hamburguesa.

Después a la camita porque había quedado por la mañana con la coordinadora de Cambridge College para hablar del proyecto de intercambio y visitar a algunas familias de acogida para estudiantes.

Un primer día completísimo.

                                                             continuará...


                                                                 




viernes, 20 de marzo de 2015

Singapur



Una preciosa ciudad de contrastes.

Había cambiado mucho desde la última vez que la visité junto a mi hermana y los niños, cuando hicimos escala durante una horas en un viaje de vacaciones a España, que ya comenté en otro capítulo, creo recordar que en 1.975.

 Entonces no existía el increíble aeropuerto que describo en la página anterior, ni los impresionantes rascacielos de la zona financiera, el enorme y moderno puerto, etc.

En aquella época hacía pocos años que Singapur se había independizado y aún no se había realizado el gran cambio, Aparte de su belleza, es una ciudad limpia, muy cuidada y segura.

Todo esto lo fui viendo en el largo paseo en barco por el río Singapur y cuando terminó caminé por sus calles buscando la parte antigua que es lo que más me gustó. Comí en un restaurante típico un plato combinado muy oriental que llevaba de todo y me supo a gloria.

También me di el capricho de dar una vuelta en uno de esos "triciclos", como yo les llamo y lo disfruté mucho.

Luego regresé al aeropuerto, cansada, pero muy contenta de esas horas que había pasado en la ciudad.

Todavía faltaban tres horas para la salida del avión de Qantas hacia Melbourne y merendé sentada en unos cómodos sillones mientras escuchaba las notas mágicas de un chelo.

Después estuve un par de horas descansando echada en las cómodas tumbonas.


Llamada para embarcar y...!Melbourne, here I come!


                                      continuará...                                                                        

jueves, 19 de marzo de 2015

Inesperado viaje a Melbourne.


Era abril de 1.997.

Yo estaba pasando el fin de semana en Becerril de la Sierra y el domingo por la noche me llama Carol para comentarme algo muy especial.

La Embajada de Australia se había puesto en contacto con ella porque era la única academia de inglés en Madrid de una australiana y le propusieron un viaje a Melbourne, !gratis!, para establecer contacto allí y apoyar un proyecto de intercambio de estudiantes entre los dos países, contactando con familias de acogida, etc.

El caso es que me decía Carol lo imposible de aceptar esa estupenda oportunidad porque Dora tenía dos meses y no podía ser.

Total que colgamos, empecé a darle vueltas y no habían pasado ni cinco minutos cuando llamé yo y le dije lo que ya ella estaba también pensando, !!que podía ir su madre y realizar las mismas gestiones!!

Lo difícil era organizar el viaje en menos de 48 horas porque le dijeron en la Embajada que había que salir el martes por la mañana temprano en un vuelo de Singapur Airlines.

O sea que tenía sólo el lunes para arreglar todo.

Carol habló con el departamento de la Embajada y les comentó la situación, que su madre hablaba el idioma, "colaboraba" en The English Academy" y podía hacer el viaje y las gestiones en su lugar.

Lo aceptaron y en un tiempo record me hicieron el visado en el Consulado y recogí los billetes en las oficinas de la compañía aérea. Había una coordinadora, que recuerdo se llamaba Josephine, que es con la que Carol estaba en contacto y me allanó todas las gestiones en unas horas.

Fue un día que nunca olvidaré porque me moví como un gamo a lo largo de ese lunes, incluído equipaje y dejar todo arreglado en "English and More" para que uno de los profesores, que era español, amigo de Gerry y mío y de toda confianza, se quedase al cargo de atender lo más necesario y también dar sus clases.

En fin, una locura, pero salió todo bien y el martes a primera hora estaba yo en el aeropuerto feliz y emocionada por volver a mi querido Melbourne después de veinte años, sola, tranquila y sin marido ni niños. !!No me lo podía creer!!

Los gastos de estancia eran por mi cuenta, pero seguía siendo un regalo porque lo más caro era el viaje.

Además se ocuparon de reservarme un hotel en el centro de la ciudad, (Little Collins St.), al que poderme trasladar a mi llegada.

El largo viaje no lo fue tanto porque Singapur Airlines es lo más cómodo y lujoso de todas las compañías que conozco.

 Amplios asientos con pantalla privada de tv en el respaldo frente a mí, sus comidas exquisitas y los refrescos o bebidas calientes que te ofrecían constantemente y esas toallas enrolladas y ardiendo que te facilitaban las preciosas azafatas con sus bonitos y elegantes vestidos típicos, en fin, lo más de lo más y encima tenía los tres asientos para mí porque no iba completo y pude echarme y estirar las piernas por la noche.
                                                               
 Y el aeropuerto, bueno eso merece capítulo aparte. Yo me quedé alucinada cuando empecé a caminar por allí. Eso no era un aeropuerto, era un jardín cuajado de orquídeas, plantas y árboles tropicales, pequeños lagos, fuentes iluminadas, sillones comodísimos para tumbarse y hasta un cuarteto de cuerda, vestidos de gala tocando música clásica. No creo que nada de esto exista en ningún otro aeropuerto del mundo.

Tenía unas diez horas de espera hasta la salida del otro avión de Qantas que me llevaría a Melbourne y en el aeropuerto te ofrecían gratis una excursión en barco por el río Singapur, así que me apunté enseguida y disfruté mucho de todo lo que vi, a pesar del cansancio que la diferencia de horario te producía.

                                   
                                               continuará...