El encuentro con este gran tenor fue en el Real.
Una noche muy, muy especial, no sólo por la maravillosa ópera "La Dama de Picas", sino por lo que vino después.
Es la única vez que fuimos juntos a la ópera, Carol, Gerry y yo y la única ópera en ruso, "Pikovaya Dama", que yo había escuchado nunca.
Además de la música de Tchaikovsky, la voz de Plácido Domingo y toda la compañía, la puesta en escena también era la más bella que contemplé jamás.
Carol y Gerry estaban tan impresionados como yo. Esta basada en un cuento de Alexander Pushkin y las escenas en parques con niños y otras en salones, etc., son tan dulces, que te parece estar dentro de ese cuento.
Luego, como broche a esas increíbles horas que acabábamos de disfrutar, cenamos en el precioso restaurante del Real y dio la casualidad que la mesa que teníamos reservada estaba junto a una alargada en el centro, donde cenaban los patrocinadores y mecenas principales del teatro, en homenaje a la última representación de Plácido Domingo.
Gerry estaba de espaldas, pero Carol y yo le teníamos justo enfrente y fue una sorpresa y un regalo añadido a esa bonita cena en un lugar tan especial como es ese restaurante ovalado, decorado con vitrinas en las que se exhiben los trajes originales de diferentes y famosas óperas y cuyo techo está cuajado de pequeñas luces que imitan a las estrellas.
Bueno, pues al final de la cena empezamos a pensar en acercarnos a saludar al Maestro y pedirle que nos firmara el espléndido programa de mano. Nos daba un poco de corte, pero vimos que ellos también estaban terminando y se iban a levantar pronto.
Gerry nos animó y nos acercamos Carol y yo. Se levantó a darnos la mano y firmar. Estuvo encantador y muy cariñoso recibiendo nuestros halagos y felicitaciones.
Una noche inolvidable.
Era la segunda vez que yo le veía en el Real porque el año anterior conseguí una entrada, después de aguardar una larga cola, para verle y escucharle en la zarzuela "Luisa Fernanda". Una zarzuela que me trajo recuerdos de muchos años antes, cuando era una adolescente y mi cuñado Bernar participaba en esa preciosa obra de Moreno Torroba.
Bernar era funcionario de los entonces llamados Sindicatos verticales y una vez al año organizaban diferentes zarzuelas, con estupendos montajes, casi siempre en el teatro Lope de Vega.
Mi cuñado, que cantaba muy bien, hizo personajes muy bonitos en esta zarzuela y también en "Bohemios".
El caso es que me emocioné mucho y se me saltaron las lágrimas en varias escenas y canciones que me sabía de memoria. Cuántas veces nos cantaba Bernar las más bonitas y populares,
Ay, mi morena, morena clara,
Ay, mi morena, qué gusto da mirarla,
Toda la vida, mi compañera,
Toda la vida, será la mi morena...



Tu eras una niña indómita y soñadora. Y él un hombre joven lleno de vida y fuerza.
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