miércoles, 28 de octubre de 2015

ABU SIMBEL


Llegamos a las siete de la mañana después de un largo y pesado viaje en autobús, pero mereció la pena eso y mucho más.

Es un lugar obligado si vas a Egipto, no sólo por la belleza del gran templo que mandó hacer Ramsés II y el otro más pequeño de Nefertari, sino por los hechos históricos que acaecieron en los años 50 cuando se formó el gran lago Nasser, a partir de la construcción de la presa de Aswan y que estuvo a punto de quedar bajo las aguas del lago, como se puede ver en esta imagen.

Como ya comenté anteriormente Egipto pidió ayuda a la UNESCO para salvarlo y colaboraron muchos países, entre ellos España que recibió el regalo del Templo de Debod de Madrid, traído piedra a piedra desde allí.

Esa gigantesca obra que duró varios años, se realizó para moverlo sólo 70 metros más arriba, también pieza a pieza, pero de unas dimensiones y valor histórico increíble.

Fue un esfuerzo técnico y físico que sólo lo comprendes estando allí y viéndolo con tus propios ojos.

El guía nos lo explicó con todo detalle, pero además hay un centro donde te ponen grandes fotografías iluminadas, con textos en inglés, desde el comienzo hasta el final del proceso. También vídeos con voz en off, que te van narrando absolutamente todo.

Los templos en sí no son muy grandes pero maravillosos. Impresionantes las enormes figuras de Ramsés en posición sentado y majestuoso a la entrada y los Colosos que te reciben al llegar a la primera sala. Los altos y bajos relieves en color de las paredes son de una belleza extraordinaria y se conservan muy bien. Yo lo tengo todo en el álbum gracias a las postales que te venden del exterior e interior.

Es templo de Nefertari también muy bonito, pero comparado con el de Ramsés no te hace el mismo efecto.

A la vuelta al barco celebramos que era la última noche con una exquisita cena-buffet en la cubierta y una fiesta en el salón a la que fuimos todos vestidos de árabes.

En las tiendas que hay en el barco vendían vestidos, turbantes y todo tipo de accesorios para el evento y con el buen detalle de ser muy económicos para que todo el mundo se animara a comprarlos.

Yo encontré un bonito vestido-túnica en azul oscuro con estampados de Nefertari en dorado. Me quedaba a la medida y tengo fotos estupendas de aquella fiesta. Todavía lo conservo y me encanta mirarlo de vez en cuando y recordar aquella divertida noche.

Hubo baile, juegos en los que participé y fue una preciosa despedida del crucero por el Nilo.

A la mañana siguiente salíamos hacia el aeropuerto para dirigirnos a El Cairo.

                                                         
Al principio de la página vemos los templos al borde de las aguas de lago Nasser y en esta otra imagen los dos ya a salvo.

Mereció la pena todo el esfuerzo para conseguirlo.

                         

Próxima página El Cairo...

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