martes, 6 de octubre de 2015

Mis viajes: Marruecos con Gerardo.


Este es uno de los viajes con Gerardo, más bonitos que recuerdo.

Fueron dos semanas recorriendo las grandes ciudades y también pueblos del interior.

Nada como un viaje con el coche, diseñando mapa en mano los lugares que más nos interesaban, parando cada noche en un hotel diferente y aventurándonos por carreteras que nos adentraban en pequeños poblados rurales donde se puede ver y vivir lo auténtico de aquel país.

Eran las vacaciones de verano en las que cerrábamos la pizzería casi un mes, siempre en agosto.

Salimos de Madrid con nuestro coche ranchera. Gerardo lo había llevado al garage para la puesta a punto.

Queríamos salir desde Algeciras y de paso ver a la familia de La Línea. Pasamos un par de días estupendos con todos, tías, primos, amigos...

Luego embarcamos en el ferry que nos dejó en Tánger. Allí vivía nuestra sobrina Mari-Loli y sus niñas Farah y Saída.

Ellas fueron nuestras guías en esa ciudad y nos ayudaron mucho a quitarnos de encima la presión constante que allí se ejerce sobre el turista.
                                                                           
Hablan árabe perfectamente y cuando se te pegaban como moscas para venderte algo o pedirte dirhams, les decían con voz firme cuatro cosas y se alejaban enseguida. Sobre todo en el zoco era un agobio, que tuvimos que pasar Gerardo y yo en otras ciudades donde no teníamos "intermediarios".

Tánger tiene una preciosa playa y allí estuvimos con las tres, bañándonos y tomando el sol. Luego comimos en un restaurante típico y nos quedamos esa noche en su casa.

Por la mañana salimos hacia Rabat, creo. No recuerdo exactamente el orden del largo itinerario y tendría que buscar el álbum de aquel viaje para seguirlo, pero creo que esta fue la siguiente parada.

Es la capital del reino y quizá por eso muy cuidada y limpia, pero lo más interesante es el fastuoso palacio y tumba de Mohamed V y en la misma zona el monumento a su hijo, Hassan II.

En la extensa zona cuadrada desde donde ves la tumba, con guardías lujosamente ataviados, nos ocurrió algo curioso. Cuando ya salíamos, uno de esos guardias, alto y grande como un armario antiguo, nos para y nosotros, un poco sorprendidos, esperamos a ver que nos dice.

Empieza a largarnos una retahíla en árabe y tratábamos de hacerle comprender que no entendíamos nada. Luego seguimos con el inglés, pero entonces era él quién no entendía. Parece ser que sus palabras se referían a la historia del tal Mohamed V y como nos la había contado sin nosotros pedírselo, claro, empezó a hacer gestos de dinero y mencionó la palabra mágica, !dirhams!.

No nos lo podíamos creer. Un "guardia real" haciendo una mordida a los turistas. Como fuimos de los últimos en salir, nos pilló a nosotros. En fin, allí estábamos aceptando el timo y entregándole un billetito, que echando la cuenta en pesetas era poco, aunque Gerardo estuvo a punto de negarse o de comunicarlo a las autoridades, pero yo le convencí de que no merecía la pena.

Ese jeta y otros como él, se lo harían todos los días a los turistas.

Luego nos reíamos de ese cara dura y de la anécdota del día, porque casi todos había alguna, nada de extraño en aquel país.

Al día siguiente llegamos a Casablanca. Siempre nos quedábamos en hoteles de cuatro estrellas porque ya nos habían advertido que por debajo de eso nunca sabías con lo que te podías encontrar, bueno nosotros tuvimos esa experiencia, no recuerdo en qué lugar, donde nos quedamos en el único hotel que había. Era muy típico, con decorados y artesonados árabes, un enorme salón para tomar el té y la habitación parecía maja y limpia. Pero llegó la noche y cuando me levanté al baño, !!vi que no estábamos solos!! Había bichitos, vamos cucas campando por sus respetos. Llamamos a recepción pero allí no contestaba nadie, el caso es que yo no pude dormir el resto de la noche.
                                                                         
Al día siguiente echamos la bronca en recepción, pero ellos tan tranquilos, "sorry, sorry" y de ahí no salían. En fin, a partir de entonces nos aseguramos bien de que la noche no nos pillara en ningún lugar pequeño donde no pudiéramos elegir hotel.

Casablanca, muy bonito. Estuvimos en la Casbah para sentirnos un poco dentro de la maravillosa película. Buscamos el "Rick's Caffé", que habíamos oído estaba allí como anzuelo de turistas, no lo encontramos, pero comimos estupendamente en un restaurante de esa zona.

Qué corderito asado y qué dulces árabes más exquisitos, que íbamos degustando en casi todos los lugares que parábamos.

Estuvimos en la playa. Gerardo se había llevado su caña de pescar y estaba tan tranquilo cuando se le pegó un chaval que resulta que !!hablaba un poco de inglés" y quería practicar con nosotros. No había forma de quitárselo de encima. "Que si quería irse a España a trabajar, que si podíamos ayudarle", al final tuvimos que darle unas monedas para que se marchase.

Estos agobios de las ciudades grandes no existían en los poblados del interior. Nadie te molesta allí. Los niños te miran o te sonríen pero no te piden nada. El ambiente es tranquilo y acogedor. Ves cómo
hacen el pan, los dulces. La gente trabaja a la puerta de sus casas: el artesano del barro o la piel, el sastre cortando o cosiendo sus telas. Daba gloria pasear por esos lugares.

Paramos en Larache y allí también hubo pesca en el espigón, pero sin acompañantes no invitados.

Recuerdo también Asilah, precioso lugar y muy tranquilo.      continuara...

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