Continuamos por esas aguas tranquilas del Nilo y esta experiencia es tan gratificante y hermosa como la visita a los templos milenarios.
Disfruté tanto de esos días y noches...
Sentada en la cubierta, con un té dulce y caliente entre mis manos, mirando hacia las dos orillas veía pasar las palmeras y todo el bello paisaje, a veces cambiante, con pescadores junto a sus barcas, niños jugando a su alrededor, que nos decían adiós con las manos, casitas pequeñas, huertas, árboles frutales...
Y tumbada en mi camarote también veía pasar la parte alta de las palmeras a través de los grandes ventanales.
Por la noche se dormía muy bien porque la navegación era suave y sin ruidos. La luz del amanecer me despertaba entrando a raudales y de pronto notabas que el barco estaba atracando en un nuevo lugar, la tranquilidad se trocaba en sonidos de todo tipo y ya no querías dormir más, sólo levantarte, ducharte y disponerte a descubrir nuevos lugares maravillosos después de desayunar tan bien, que luego no tenías apetito en varias horas.
La segunda parada después de Luxor fue en Kom Ombo, donde la anchura del río permite reunirse a muchos barcos que se ponen a la cola por orden de llegada y es impresionante contemplar largas filas de a tres o cuatro, como se ve en la foto. Por eso cuando volvimos de la visita al templo fue curioso tener que atravesar dos barcos para llegar al nuestro, a través de pasarelas.
Por la noche tienen la costumbre de hacer sonar las sirenas saludándose unos a otros. Fue muy bonito y estuvimos paseando todo el grupo con Samir por la orilla del río donde se ponen los vendedores de souvenirs en sus tenderetes y como saben que hay muchos turistas españoles, nos llamaban diciendo: "Real Madrid, Barcelona, olé, olé, guapa!!
El templo de Kom Ombo, parecido pero diferente a los ya vistos. Ninguno es igual, todos te sorprenden cuando ya crees que has visto lo mejor.

La siguiente parada fue EDFU, donde está otro impresionante templo dedicado al dios "Horus", con cabeza de halcón.
Es el mejor conservado de Egipto y el segundo más grande, según nos dijo el guía.Todas sus salas están bajo techado y sin embargo en otros templos se han caído con el paso de los siglos y sólo conservan los enormes travesaños de piedra, columnas y parte de las estátuas.
Al fondo, en la última sala, pudimos contemplar "El Arca Sagrada" y parece increíble que siendo de madera, se pueda conservar después de más de 3.000 años.
Había mucha gente y hacía un calor terrible, pero todo merece la pena en Egipto.
Salimos al gran patio a respirar aire puro y a hacernos por turno una foto con el dios Horus, enorme y con su cabeza de halcón coronada.
Después embarcamos en unas barcazas muy rudimentarias, en plan aventura, para cruzar al otro lado del Nilo donde nos esperaba "El Valle de los Reyes".
Próximamente en esta pantalla.





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