En los diferentes viajes que hice a Sevilla cuando mi hermana Carmina y familia vivían allí, al pasar por Carmona siempre me llamaba la atención el impresionante Alcázar y la llamada Puerta de Sevilla que están junto a la carretera, pero nunca llegamos a parar y cuando comencé a visitar Paradores éste fue uno de los que apunté en mi lista.
En aquella época no podías consultar Google ni mirar en el ordenador la situación del lugar. El caso es que reservé por teléfono una noche y cuando llegué con mi maletita pregunto en la oficina de turismo y me dicen que está arriba del todo en un cerro, no muy lejos pero por una calle empinadísima.Pensé en coger un taxi y no había ninguno. El número de teléfono que me facilitaron no contestaba y al final me decidí a subir despacito los 2 km. más o menos que había hasta el parador.
Es un pueblo muy bonito y caminar por sus calles estrechas y cuidadas me gustaba, aunque a mitad del camino ya estaba deseando llegar.

Cuando dejas las calles y alcanzas la carretera que utilizan los coches, ya ves el parador que es impresionante. Había muchos coches en el aparcamiento, lo cual me aclaró que a ese lugar los clientes van todos en coche o la mayoría.
Una vez que estás allí te olvidas de los inconvenientes y camino recorrido. Era un Alcázar árabe del s. XIV desde donde tienes unas vistas espléndidas sobre la vega del río Corbones.Precioso exterior y el interior igual, con un patio central que es una maravilla. La habitación comodísima y en todo el lugar se respira una tranquilidad absoluta. El desayuno y la comida exquisita, como en todos los paradores.
El problema es que allí no tenía medios para desplazarme al no tener coche y en recepción trataron varias veces de llamar un taxi pero nunca no consiguieron, así que hice una sola bajada y subida en "el coche de San Fernando", uno de pie y el otro andando, para visitar el Alcázar de abajo, la Necrópolis romana y la antigua iglesia de San Pedro.
Disfruté mucho en el Alcázar que es inmenso y con espacios muy interesantes que ver. También la Necrópolis por la que me llevó la guía a mi sola porque era un día nublado, amenazando lluvia, y no había turistas. Impresionaba aquel lugar, pero me lo pasé muy bien oyendo sus explicaciones y charlando con ella de todo. Una andaluza majísima.
Muchas fotos y un día estupendo y bien aprovechado. Al siguiente lo disfruté descubriendo todos los rincones del parador y por la tarde me bajé para coger el autobús a Sevilla que está a sólo media hora de allí.
Pasé otra noche en la preciosa capital, que aunque ya conocía, al ir sola y a mi aire fue estupendo pasear por la orilla del Guadalquivir, cruzar el Puente de Triana, dar una vuelta por la preciosa Plaza de España, recorrer el barrio de Santa Cruz, visitar la Catedral y los maravillosos jardines del Alcázar y tomando tapita por aquí, tapita por allá se fue haciendo la hora de coger el tren a Madrid.
Se acabaron los Paradores, aunque espero visitar alguno más.




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