martes, 9 de septiembre de 2014

Ocho horas en Copenhague



Llegué a Copenhague casi al mediodía y después de un largo recorrido por todo el aeropuerto decidí coger un taxi hasta el hotel, dejé la maleta y me fui a comer allí cerca un plato combinado muy rico.

Era el Hotel Excelsior y tuve la suerte de que estuviera en el mismo centro de la ciudad, porque me quedaban pocas horas antes de que se hiciera de noche y quería ver lo más posible, que no fue mucho, pero bonito e interesante, como la preciosa plaza del Ayuntamiento que parece un palacio y todas las calles y plazas de alrededor.




Me llamó la atención ver tantas bicicletas aparcadas por todas partes, como en Amsterdam y al igual que allí sin cadenas, solo apoyadas unas junto a otras.

Calles y edificios preciosos y como hacía buen tiempo, la gente sentada en las terrazas de los cafés, como en Viena.

He tenido mucha suerte en toda la semana porque solo he abierto el paraguas una vez, justo en esta ciudad cuando regresaba por la noche al hotel y empezaron a caer unas gotas.

También aquí te encuentras con casas de colores como
en Islandia.

El tiempo iba pasando y no podía dejar da hacer una visita a la Sirenita.

Pregunté y estaba bastante lejos, así que dejé el centro y me puse a caminar y como no llegaba nunca, al final me cogí un taxi que me llevó a esa preciosa bahía del puerto de Copenhague.

 Y allí estaba, linda y tranquila, como me la imaginaba, después de verla reproducida tantas y tantas veces.

Pero qué diferente es contemplarla, sentarte cerca de ella, tan dulce y sencilla...

Te transmite paz y sosiego. Además hacía el mismo sol de la tarde que se ve en la foto, igual que si fuera una de las muchas que hice desde varios ángulos. Pero éste es el más bonito.

Para llegar hasta ella hay unas piedras escalonadas un poco difíciles y peligrosas para mí, pero unos chavales muy majos me ayudaron y me senté un buen rato a disfrutar de las bonitas vistas que tenía ante mis ojos.

Justo en este mes de agosto, la "Mermaid" cumple 101 años. El escultor Edvard Eriksen la creó en 1.913 y desde entonces está en esa roca a la entrada del Mar Báltico. Es de bronce y a pesar de los diferentes atentados vandálicos que ha sufrido, siempre se ha podido arreglar y recuperar toda su belleza.

La modelo fue la esposa del escultor y la leyenda dice que tiene piernas en vez de cola de pescado porque estaba enamorada de un príncipe y quería ser mujer aunque perdiese la inmortalidad. Inspirada por el famoso cuento de Ándersen, "La Sirenita".

Es el símbolo más querido de la capital danesa.

Me despedí de ELLA con pena, porque sabía que no volvería a verla. Cuando se tiene mi edad ya no hay tiempo para repetir visitas a lugares y viajes especiales. Me ocurrió en Egipto con las Pirámides, Esfinge, Templos, la navegación por el Nilo y tantas otras maravillas que he visto y vivido en mis viajes. Pero bueno, hay que dar gracias a la vida por haberte permitido contemplarlas, aunque haya sido una sola vez.

Estaba anocheciendo, cené un poco y al hotel a descansar porque había que irse temprano hacia el aeropuerto por la mañana para regresar a Madrid.

Y aquí estoy, agotada de este corto pero intenso viaje y feliz por lo que he visto y vivido.

Ahora unos días de tranquilidad y descanso y como nueva.

                                                                                     


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