domingo, 20 de octubre de 2013

More Greenvalley

Seguimos en las verdes praderas de Greenvalley y mi nuevo trabajo y estudios que me tenían
enganchada y entusiasmada a pesar de los momentos difíciles y duros que vivía cada día, pero también cada día aprendía y aprendía cosas tan intensas e interesantes que todo se me hacía corto, tanto el trabajo en el hospital como las clases. Lo más pesado eran las guardias nocturnas, (dos semanas cada tres meses), porque las noches se te hacían eternas sobre todo cuanto más tranquilas eran y aunque cogieras un libro, te entraba sueño. Nos preparábamos un té y unas galletas la enfermera y yo y así nos espabilábamos. Sin embargo las noches toledanas en que los enfermos nos llamaban continuamente por uno u otro motivo, requería más esfuerzo pero el reloj corría más deprisa. Luego al amanecer comenzábamos a escribir los informes para la Matron y médicos antes de que llegase el reemplazo del turno de día. Me encantaba esto del informe que yo, diccionario en la mano, realizaba con mucho
cuidado para que el spelling fuera correcto. También la enfermera me echaba un cable de vez en cuando pero el caso es que yo iba dominando el idioma con estas tareas y las clases de la tarde, aparte de hablar y comunicarme constantemente en inglés porque no había otra. El hospital tenía dos plantas, la primera de mujeres y la de arriba de hombres. Los primeros meses estuve en la primera pero luego hacíamos turno rotativo y la experiencia con los ancianitos fue también muy bonita y a veces dura porque había casos de algunos hombres más jóvenes que habían sufrido accidente de coche y estaban como vegetales o paraplégicos. sin embargo en la planta de mujeres eran todas de edad muy avanzada. Hubo varias con una mente muy lúcida pero con patologías graves, con las que hice una buena amistad y charlábamos siempre que el trabajo me lo permitiese. También había mucha demencia senil y recuerdo con ternura a una señora muy alta y delgada, (Mrs. Anderson), que teníamos que estar en vigilando porque en camisón o ropa interior se colgaba el bolso del brazo y se nos escapaba en cuanto nos
descuidábamos y había que ir a por ella y con mucho tacto y cariño llevarla de nuevo hacia su habitación, vestirle y dejarla en el salón, pero era difícil convencerla y nos decía que la dejásemos tranquila, que ella se iba a las carreras. Los hijos nos contaban que siempre había ido a las carreras de caballos con su padre y les daba mucha pena verla así porque había tocado el piano de maravilla, tenía dos carreras universitarias, en fin, una persona muy inteligente y una madre muy buena. Había también en aquel bello entorno unas preciosas casitas adosadas, con jardín, donde vivían matrimonios o parejas mayores, personas solas y viudas amigas que tenían buen poder adquisitivo y se retiraban allí donde tenían todo solucionado, atención médica, independencia, limpieza, comidas, etc., y se les veía por allí paseando o cogían el tren y se iban a la ciudad y luego volvían por la tarde o noche. !Ah!, se me
olvidaba comentar el engaño del que fui víctima y que en ese momento me disgustó mucho pero luego se arregló y era hasta divertido. Además de todo se aprende en esta vida y yo aprendí. Resulta que la novata Nurse Torres llevaba allí un par de meses cuando se incorporó otra ayudante de enfermera nueva, una australiana muy simpática y educada que desde el primer momento se hizo muy amiga mía y se me pegó como una lapa y yo pensaba: "qué maja es esta chica". Bueno, pues no había pasado un mes de su llegada cuando, justo el día de cobro, llama a la puerta de mi habitación y como era día libre para las dos me dice que nos podemos ir juntas en el tren a la ciudad. Yo iba a ducharme y arreglarme y le dije que nos veíamos junto al autobús en media hora pero me contestó que ella me esperaba hasta que saliera de la ducha y yo, sin la más ligera idea o sospecha de nada y menos desconfiar de una persona tan "encantadora", me meto en la ducha y cuando salgo me sorprendió ver que se había marchado pero pensé que había salido a fumar y esperarme fuera, así que seguí arreglándome y cuando fui a coger el bolso para dejar el dinero del sueldo del mes guardado y llevarme sólo algo, veo que el sobre enterito había desaparecido. Me quedé alucinada y helada. No me lo podía creer. Enseguida fui a comunicárselo a la Matron que inmediatamente llamó a seguridad para que la buscasen. Había desaparecido y no la encontraron por ninguna parte y en su dormitorio no había ropa ni maleta.

                 continuará...





No hay comentarios:

Publicar un comentario