martes, 22 de octubre de 2013

Ennoviados


Los ennoviados Carmina-Elías y Àfrica-Gerardo, seguíamos nuestra relación y hasta hablábamos de doble boda para el año siguiente. Los chicos habían escrito a nuestras respectivas familias presentándose y comentando los "planes formales" de esta relación y recibieron contestación con el beneplácito sobre todo ello. En mi caso, como la familia de Gerardo vivía en Madrid, visitaron a mi madre y hermana para conocerse y en el caso de Elías su familia vivía en Sevilla y hablaron por teléfono quedando en verse lo antes posible. Íbamos juntos a todas partes siempre que los días libres de cada uno coincidiesen y también nos reuníamos con los ya casados Carmen y Pepe, mis futuros cuñados. Ellos seguían viviendo en la casa compartida y no parecían tener prisa por buscar una vivienda independiente, sobre todo ella porque su mente estaba en volver a España pasados los dos años reglamentarios, sin embargo a él le gustaba mucho Australia y no pensaba igual, según me contaba Gerardo. Pasábamos buenos ratos las tres parejas, tomando café en la pequeña pero acogedora cocina, charlando y contándonos las novedades en los trabajos, etc. También íbamos descubriendo la bonita ciudad de Melbourne y sus alrededores. Gerardo y Elías se compraron un coche de segunda


mano a medias y en él recorríamos las preciosas playas y los montes, ríos con cascadas y lugares bellísimos que nos rodeaban por todas partes con mesas y barbacoas, servicios, todo cuidadísimo y en algunos sitios, como las verdes praderas de Yin-Yan, hasta agua caliente para que la gente se preparase su té o café después de la comida, en fin, una forma de vida que en España no existía y nosotros disfrutábamos mucho de todo ello. En una ocasión que nos cogió a todos un puente, nos fuimos a Philip Island y fueron un par de días estupendos. Es un lugar mágico con unas playas y paisajes
increíbles. Allí ocurre algo todas las noches, que lleva turistas y gente de todas partes a verlo. Es la "pingüin parade" que aparece a la misma hora siempre. Son los pingüinos más pequeños del mundo que ponen sus huevos y tienen sus crías en madrigueras a lo largo de una zona de la playa. Se van lejísimos en la madrugada para "pescar" y traer comida por la noche. Los cuidadores ponen lugares acotados para el público y que no puedan molestarles cuando llegan a la orilla. Es alucinante observar el mar y las olas y de repente ver aparecer a cientos de familias, cada uno con su grupo y "el jefe" delante que de pronto se para, mira hacia atrás por si falta alguno de los miembros y si es así esperan y cuando los retrasados se reúnen siguen su camino hacia su madriguera que son muchas y todas iguales pero jamás se equivocan y ocupan la casa de otro. No se asustan con los focos que iluminan la parade porque están acostumbrados de muchos, muchos años, desde que se descubrió este asombroso hecho. Es un milagro más de la asombrosa y variada fauna de este bello e inmenso país.
Eso de ir en el coche y ver carteles que te avisan para que conduzcas con cuidado porque se te pueden cruzar canguros en la carretera y de vez en cuando nos ocurría y lo disfrutábamos muchísimo y luego están los Parques Nacionales y Santuaries en los que puedes caminar entre avestruces, canguros, koalas, etc., que están libres a tu alrededor. Allí vimos por primera vez a un platipous que aquí se llama onitorringo y que es ese bicho raro y único que tiene partes de diferentes animales en su formación física. Es muy curioso. En el próximo capítulo,
fauna humana...



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