Llevaba varios meses en Melbourne pero esta etapa que duró un año, fue como empezar una nueva vida en este país. Todo era diferente, el lugar bellísimo que me rodeaba, un trabajo interesante y distinto de todo lo que yo nunca había hecho hasta entonces,el cuidado de los ancianos enfermos, como ayudante de una enfermera titulada, las clases por la tarde como "training nurse" en las que sudé tinta china al principio pero que cada día llevaba con más soltura y lo feliz que me hacía mejorar mi inglés porque era como un curso intensivo a tope, en fin, todo, hasta el bonito uniforme y cofia blanca en la cabeza y el tag con mi nombre "NURSE TORRES". Allí las enfermeras y ayudantes se denominan "nurses". También me encantaba vivir en los apartamentos "NURSES HOME" que eran una monada y no les
faltaba de nada con un baño amplio y ventana que daba a ese verde valle rodeado de enormes white gums. No todo era de color rosa. Al principio fue impactante para mí la experiencia y la pena de ver las condiciones mentales y físicas de algunos ancianos, las heridas y escaras que les producía la inmovilidad en la cama o en silla de ruedas, heridas que aprendí a curar, vendar y cambiarles de posición, siempre con cariño y paciencia porque les dolía todo y las primeras semanas, cuando llegaba la hora de comer apenas tenía ganas, pero es curioso cómo te llegas a acostumbrar a vivirlo con normalidad. Había diferentes comedores y a mí me encantaba comer en el de médicos y enfermeras. El otro era para todo tipo de trabajadores del hospital: jardineros, mantenimiento, limpieza, etc. La comida era muy buena y variada cada día y podías elegir entre primeros fríos o calientes, carne o pescado, fruta o dulces, en fin, muy bien organizado y los desayunos eran tipo buffet con toda clase de platos calientes, como acostumbran los ingleses y también zumos, café, té y bollería a tuti plen. Otra cosa que me encantaba era que teníamos un pantry o cocina en la Nurses Home y como allí se cenaba muy
temprano, antes de irte a la cama o cuando nos reuníamos en el tv room, podíamos prepararnos sandwiches, colacao o lo que sea porque allí había de todo. Las compañeras eran casi todas muy majas aunque había de todo. Las australianas senior a veces eran pesadas con las novatas internacionales que éramos unas cuantas y se metían con nuestros acentos y pronunciación, pero en general el ambiente era de buen rollo. Había polacas, italianas, francesas, etc., pero yo era la única española y todas nos preguntábamos unas a otras sobre nuestros respectivos países, el por qué de haber tomado la decisión de la aventura australiana, en fin, tengo tantos y tantos recuerdos de aquella etapa, que no terminaría nunca de relatar detalles, tanto de compañeras como de ancianos-as a los que se coge mucho cariño porque los tratabas todos los días y te contaban cosas de su vida y sus familias. Algunos se quejaban de que no iban a visitarles los hijos y nietos todo lo que ellos desearían y yo les abrazaba y daba muchos besos que ellos me ´devolvían y agradecían. Hay tantas anécdotas que podría contar... Una curiosa es la de una compañera polaca que era muy mona de cara pero tenía un cuerpo extraño y las piernas muy cortas y la pobre me relató su gran decepción amorosa que no había podido superar aún. Resulta que se escribía con un compatriota y como ella llevaba varios años en Australia pensaron en casarse por poderes para que él no tuviera problemas en emigrar allí y reunirse con ella. Se habían mandado fotos mutuamente y hablaban por teléfono siempre que podían, el caso es que se casaron y él pudo arreglar los papeles y cuando llegó a Melbourne, ella le fue a esperar al aeropuerto y al verla le gustó tan poco al natural que sin pensárselo la dijo que le había engañado con las fotos y que se quería divorciar. Fue un drama pero el caso es que no convivieron ni un sólo día y cada uno por un lado. Otra anécdota, de la que yo fui la "víctima" de una compañera australiana, la contaré en el próximo capítulo.




Bueno, bueno, está emocionantísimo !!!
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