lunes, 29 de junio de 2015

TÚNEZ


Siempre es terrible enterarse de salvajes ataques terroristas en cualquier parte del mundo, pero cuando has estado en el lugar donde ha ocurrido, con muchas víctimas mortales. y recuerdas que pocos años atrás, 2003-2004, era un país seguro y tranquilo, te da mucha pena y te preguntas qué está ocurriendo en ese mundo yihadista que en una misma mañana ha provocado el terror en Francia, Kuwait y sobre todo Túnez, donde un solo terrorista ha matado a casi cuarenta turistas que estaban en la playa tomando el sol tranquilamente.

Ese viaje de una semana a Túnez, que yo recuerdo de una manera especial porque fue la primera vez que pisé las arenas del desierto del Sáhara, algo con lo que había soñado toda mi vida, comenzó precisamente en Monastir y Sousa, el lugar de la matanza.

Qué belleza de playas y hoteles. Conocí varios y también diferentes ciudades históricas porque el viaje incluía un
circuito muy completo.

Túnez es un país bellísimo, no me extraña que tuviera millones de visitantes todos los años. Es su principal fuente de ingresos y ahora, con lo ocurrido hace unos meses en el Museo del Bardo y lo de la playa de Sousa, va a pasar mucho tiempo antes de que nadie se atreva a realizar viajes a ese país y en general a toda esa parte de maravillosos lugares, como Egipto, Turkía, etc.

Yo tuve la suerte de conocerlos cuando no había atentados ni existían las hordas salvajes que están creciendo como hongos y captando seguidores del mundo occidental. Es algo inexplicable y parece que los todopoderosos países de Occidente no pueden pararlo. Bueno, en gran parte de lo que está pasando, tiene la culpa Occidente.

Hoy he estado mirando el precioso álbum de Túnez y recordando esa semana mágica que tuve la ocasión de disfrutar.

Comenzamos el circuito visitando el impresionante anfiteatro romano de El Jena.

Camino de Matmata, donde están las viviendas trogloditas hechas en el interior de las montañas y en las que aún habitan bereberes, pasamos por el inmenso lago salado de Chott Jerid.

Al final del día llegamos a Douz, campamento de camellos donde descansan y también dan paseos a los turistas.

Nos quedamos en el hotel "Rosa del Desierto" que era una preciosidad y con unos jardines increíbles.

Llaman rosa del desierto a unas rocas que crecen en el desierto de esa parte de Túnez y son fascinantes porque todas tienen la forma de pétalos de rosa.

Como son grandes piedras, parten porciones de diferente tamaño para vender a los turistas, Yo me traje varias para la familia y tengo una en un cofre con arena    del desierto.                                                        LAGO SALADO DE CHOTT JERID

Al día siguiente llegamos a Tozeur donde me esperaba una sorpresa en la excursión a la que me apunté.

Bueno, fueron varias sorpresas, una de ellas es que la excursión era a pleno desierto en grandes Toyotas 4x4, que te llevaban por las dunas a toda mecha, !arriba y luego abajo casi en vertical!.

Yo pensé que echaba la papilla, pero luego me acostumbré y lo disfruté mucho con la adrenalina a tope.

Pero no me podía ni imaginar la segunda sorpresa. Cuando se pararon los Toyota en lo alto de una duna vi a lo lejos algo como un poblado en medio del desierto. Pregunté al conductor y me dice que íbamos hacia allí porque es el lugar donde se construyó la ciudad galáctica para rodar muchas de las escenas de "La Guerra de las Galaxias" y que allí estuvieron artistas, figurantes y George Lucas, claro, durante varias semanas.

No me lo podía creer. Disfruté como una cría recorriendo todo, que está bastante deteriorado por el tiempo y el clima donde está enclavado, pero aguanta razonablemente bien y reconoces perfectamente las casas y espacios que salen en la peli. (Busqué a Hans Solo, pero no lo encontré)

Hice fotos por todas partes y tuvieron que llamarme para subir al coche porque se me fue el tiempo sin sentir. El recuerdo de ese lugar lo tengo grabado para siempre.

Otro día visitamos los oasis de Nefta y Chebika. Este último está entre montañas rojas y es de película, bueno, la realidad en este y otros muchos lugares del viaje, supera la ficción.

Cascadas, palmeras de diversas especies, ríos y una subida por caminos bordeando las montañas y cuando llegamos arriba vi el anochecer más bello que se pueda imaginar.

Siguiendo el circuito, cada día en un lugar distinto, llegamos a la ciudad de Kairuán , famosa por sus alfombras y La Gran Mezquita que es impresionante.

También lo es la ciudad milenaria Ksar Ezzahra,

Pero me esperaba !!CARTAGO!!, que es el principal lugar por el que me apunté a este viaje-circuito en vez de reservar sólo Túnez y playas.

Las ruinas de esa ciudad histórica, patrimonio de la humanidad, las termas, villas romanas, anfiteatro y museo arqueológico, es imposible describirlo, hay que estar allí, es caminar por la historia y te sobrecoge y emociona.

Por la tarde fuimos al bellísimo y famoso pueblo medieval, Sidi Bou Said, encaramado sobre el acantilado que domina Cartago y el Golfo de Túnez.

Todo blanquísimo y azulísimo, parece irreal. Caminando hacia arriba por sus pequeñas calles, los ojos se asombran de tanta belleza. En la parte más alta hay un típico y antiguo café árabe, donde nos volvimos a encontrar todo el grupo. Yo me senté en la terraza y desde allí disfruté de las vistas un buen rato.

El último día lo dedicamos al Museo del Bardo, el más importante del mundo en el arte del mosaico, y de triste y reciente recuerdo hace sólo unos meses.

También fuimos a la Medina de la ciudad, donde quieres comprar todo lo que ves, que es mucho.

En fin, maravilloso Túnez y de recuerdo imborrable para mí, en épocas en que se podía viajar a esos países exóticos, cuando eran seguros y tranquilos.

             Qué pena!!
                                                                           

     

     Museo del Bardo

martes, 23 de junio de 2015

Último día en París.


Mi vuelo no salía hasta la tarde-noche, así que tenía unas diez horas por delante, pocas horas porque en el Louvre y el D'Orsay se me pasaron volando.

Primero fui al Louvre que es inmenso y cuando me dieron el plano con la entrada me di cuenta que tendría que ser muy selectiva y elegir las zonas donde están dos obras que me interesaban mucho: la Venus de Milo y la Gioconda o Monalisa.

Por cierto que la entrada a través de la preciosa pirámide transparente es muy especial, como lo es todo el gran espacio central, rodeado de lo que fue el Palacio Real en su época.

Llegué al museo caminando por toda esa bellísima zona de los Jardines de Tullerías. Qué esculturas, fuentes, plantas y flores. Hice preciosas fotos.

También cuando iba bajando, ya dentro de la pirámide, las fotos a través de los cristales salen muy originales y creativas.

Elegí primero la zona de escultura y lo bueno es que, buscando la Venus, vas viendo todas las maravillas que te encuentras por el camino.

Y allí estaba!! La había visto toda mi vida reproducida en imágenes y estar junto al original es un regalo y lo mejor de todo es que dejaban hacer fotos sin flash y pude hacer varias tomas diferentes y hasta tengo una foto junto a ella que me hizo otro turista.

Después de un largo caminar por salas y pasillos, llegué a la zona donde estaba Monalisa y un grupo numeroso de personas rodeándola.

Poco a poco fui acercándome para contemplarla bien. Está muy protegida con un parapeto de metacrilato, pero también dejaban hacer fotos sin flash. Hice sólo una porque había tanta gente a mi alrededor que apenas me podía mover.


Me encantó. Es tan bonita y enigmática...

En mi búsqueda de la Gioconda vi también pinturas impresionantes de grandes maestros.

Cuando salí me fui al Musée d'Orsay. !!Qué belleza de museo!! Era la antigua estación d'Orsay que unía París con Lyón y en 1.986, siendo presidente Francois Mitterrand, lo inauguró como museo.

Todavía conserva el gran reloj dorado de la estación de tren y toda su antigua estructura de arcos, sin embargo esos parapetos blancos, a ambos lados, no los recuerdo. En su lugar, estaban a la vista maravillosas piezas de arte en escultura, pintura, etc. Debe estar remodelado por secciones, pero la impresión desde la entrada ha perdido mucho.

El caso es que lo que hay en su interior no es para contarlo, hay que verlo, y como no es muy grande puedes ir contemplando cada pieza, escultura o pintura, despacio y tranquila y en pocas horas lo has visto y disfrutado todo.

También tuve la suerte de  poder hacer fotos sin flash, (al  menos en 1.999 estaba permitido), y las tengo prrreciosas.                                                         ANTIGUA ESTACIÓN DÓRSAY

En el exterior hay esculturas de gran tamaño, todas muy bonitas, impresionantes.

Antes de recoger la maleta en el hotel me dio tiempo a acercarme a los Campos Elíseos, pasear un poco por allí, cruzar el Sena por el maravilloso Puente de Alejandro III y visitar el Arco de Triunfo y hasta subir a la gran terraza arriba del todo.

Desde allí se puede observar el perfecto diseño urbanístico de las calles que convergen en el Arco.

Una visita interesante, por cierto que en una de las esquinas se pueden leer los nombres de muchas ciudades españolas donde tuvieron lugar batallas para su conquista y ocupación en 1.808.

Volví a París tres años después, que ya comentaré en otra página porque fue otro París diferente y también Versalles, Rueil Malmaison , Argelés y Montpellier.

Pero esa es otra historia y circunstancias...

   



Exterior del museo D'Orsay y puente de Alejandro III.



       je t'aime, París.

domingo, 21 de junio de 2015

PARÍS 2


El segundo día en París fue maravilloso y completísimo.

Me levanté temprano y me cundió mucho el día. Hacía una mañana espléndida y después de hacerme una lista de "imprescindibles", cogí el metro y me fui a Montmartre para ver toda esa zona y subir hasta el Sagrado Corazón.

Enfilé esa calle llena de tiendas para los turistas y de pronto apareció allá en lo alto la blanca y bellisima silueta de la Basílica del Sacre-Coeur.

Desembocas en una gran plaza donde destaca un precioso y antiguo tiovivo. Cuánto me han gustado siempre, desde la infancia, los tiovivos, especialmente los antiguos con muchos espejos, pinturas y artersonados. Me gusta mirarlos y escuchar su música tradicional, siempre parecida estés en el país que estés y esos bonitos caballos que suben y bajan. Estuve a punto de subir a cabalgar en uno de ellos, pero resistí la tentación porque había mucho que ver y el tiempo pasa rápido.

Empecé a subir las escaleras despacio para poder disfrutar de aquel lugar. Es impresionante esta Basílica y di toda la vuelta al exterior para fijarme en todos los detalles.

A la derecha la imponente estátua a caballo de Juana de Arco. El interior es también una maravilla.

Y luego está el bonito ambiente de la escalinata central donde se sienta la gente a descansar y escuchar música que por lo visto nunca falta.

Así que me senté y pasé un buen rato disfrutando de la vista que desde allí se divisa y escuchando al hombrecillo que casi quedaba escondido detrás de su gran acordeón. Tocaba viejas y populares canciones francesas que espontáneamente tarareábamos todos.

Después caminé hasta la Place du Tetre con todos sus pintores y retratistas pillando turistas por doquier y cuadros y dibujos expuestos de todos los temas y tamaños. Una zona muy explotada para "guiris", pero bonita y colorida, antes bohemia, donde se reunían artistas y vividores, (ahora también, de alguna forma), con sus pequeñas casas de floridos balcones.

Me costó moverme de allí, pero había que seguir. Bajé de nuevo hasta el metro y mi siguiente meta estaba en Notre Dame.

En esa zona hay Ministerios y edificios oficiales con una arquitectura tan especial que algunos parecen palacios o mansiones. Allí estaban los gendarmes haciendo guardia en las verjas de entrada.

Como no me corto un pelo y estaban tan guapos estos jóvenes franceses, me acerqué a preguntarles algo y se enrollaron muy bien en un medio-inglés, así que, ya puestos, les dije si les importaba hacerse una foto con la vieja señora y ellos: "yes, yes, madame", así que me coloqué en el centro, les agarré del brazo y un compañero nos la hizo. Bonita foto y recuerdo en mi hermoso álbum.

También está en esa zona el mercado de las flores y daba gloria pasear por entre los puestos.

Y al volver la esquina hacia la gran plaza, !!Notre Dame!!. No sé por qué me impresionó mucho, más aún que el Sacre-Coeur. Sus casi milenarias y ennegrecidas piedras, esas dos torres con sus famosas gárgolas demoníacas, en fin, estaba tan impaciente por subir a las torres que dejé para después visitar el interior.

Me esperaban 402 escalones desgastados por los siglos, pero ese segundo día estaba descansada y me puse a la cola sin problemas.

La subida, despacio y en fila india, la disfruté mucho porque vas rodeada, encajada entre esos siglos y era realmente emocionante y por los ventanucos vas viendo cómo París se va quedando pequeño a tus pies.

Cuando llegas arriba ves las misteriosas gárgolas guardianas del Templo, tan cerca que las puedes tocar, sus caras y gestos, terroríficos y bellos al mismo tiempo, me quedé fascinada.

Los turistas las miraban pero pasando de largo o haciendo alguna foto rápida. Yo me detenía y escudriñaba cada una de ellas y por supuesto las fotografié todas. La más famosa es "Stryga", que viene del griego y significa "pájaro de la noche". En los folletos se lee que está como extasiado, mirando y vigilando su hermosa ciudad.

De verdad, son fascinantes y hay leyendas sobre ellas muy interesantes que no me puedo detener a contar porque no acabaría nunca.

Me encantaría subir las imágenes de muchas gárgolas, pero me conformaré con algunas.

El caso es que el grupo con el que subí se fue alejando según se va cruzando de una torre a otra y cuando iba a seguirles veo un pequeño cartel justo en el centro entre las dos torres, que indicaba con una flecha a la izquierda: "Al campanario".

Yo recordé la antigua película, "El Jorobado de Notre Dame", que se estrenó en España como, "Esmeralda la zíngara", (gran trabajo y caracterización de Charles Laughton), encarnando a Quasimodo que vivía en el campanario de la Catedral, así que seguí la flecha y vi una pequeña y estrecha puerta abierta por donde había que pasar de perfil.

Dentro había algunos visitantes que sin prisa, como yo, estaban mirando las campanas por encima de nuestras cabezas y leyendo datos en un atril con la historia del campanario.

Era un espacio que impresionaba, pero me esperaba lo mejor.

Había una escalera de madera casi vertical que subía arriba del todo, donde estaba la gigantesca y famosa campana "Emmanuel", colocada en el suelo y rodeada por un cordón para que nadie la toque, pero en internet aparece colgada. Han debido de hacerlo en los últimos años.

En una escena de la película, Quasimodo, se columpia en la gran campana. Pregunté si se rodaron escenas en ese campanario y me dijeron que no, que lo habían recreado en los estudios, pero todo copiado al detalle.

En fin, no olvidaré jamás la experiencia que viví en aquel campanario de Notre Dame, la subida y caminar de una a otra torre rodeada de gárgolas y las vistas de todo París y el Sena que lame con sus aguas la Catedral. La bajada es por la otra torre, también cansa, pero menos que la subida.

Luego visité el interior que es increíble. Una del las catedrales góticas más antiguas del mundo, (1.163-1.245), Sus columnas, cristaleras, techos ojivales bellísimos, en fin, algo que hay que ver por lo menos una vez en la vida.

Por la tarde, casi noche, la vi de nuevo iluminada cuando pasé con el barco. Me había prometido subir a uno de esos barcos que van por el Sena y pasan por los puentes más famosos y bellos.

Lo cogí en el Pont du Neuf y pasa por el Trocadero, Torre Eiffel y tantos puntos bonitos de ambas orillas. Por cierto que cuando bajé junto al Trocadero, hice desde allí una foto magnífica, en vertical y panorámica, de la Torre, con algo que no había visto antes, Era el año 1.999 y en esa cara de la Torre Eiffel se leía "An 2.000", que por la noche estaba iluminado. El cercano cambio al nuevo siglo, los franceses lo recordaban así y allí se celebró a lo grande la Nochevieja que luego vimos en TV.

Antes del barco me cogí el metro al Centro Georges Pompidou, el museo de arte moderno. Me gustó, pero después de lo vivido en Notre Dame, ya estaba curada de emociones fuertes.

Tiene obras permanentes y también itinerantes, de artistas muy buenos y otros desconocidos para mí. Llama la atención el exterior del museo con su larga escalera mecánica y protegida por un techado curvo de metacrilato. En la plaza hay muchos artistas y músicos de todas clases y etnias, pero está bastante retirado del centro y no me entretuve mucho por allí.

 Antes de coger el barco me dio tiempo a ver la Sainte- Chapelle, una joya del gótico edificada por San Luis de Francia en el s.XII. Una de las iglesias más antiguas de Francia.

Es pequeña y una auténtica joya. Estaba en obras pero abierta al público gran parte de ella. Qué colores más bellos y fuertes en paredes, techos y columnas. Nunca he visto nada similar. Es diferente a todas las iglesias y capillas que he visto en mi vida.

Al mirar en internet para subir imágenes, no la reconozco porque ahora está terminada y se ve toda la parte que yo no pude visitar. Era una joyita y actualmente una joya en todo su esplendor.

Aviso a navegantes!! Si pasas por París, no dejes de visitarla.


 Vaya segundo día en París! Esta vez volví sin novedad al hotel y maravillada de esta ciudad y sus tesoros.

                                                            continuará...                                  




viernes, 19 de junio de 2015

Primer día en París.

                                                 
Llegué cansada por la noche que pasé en blanco y el madrugón, pero entusiasmada de estar en esa bellísima ciudad que había contemplado unos minutos desde el avión antes de aterrizar.

El hotel que había reservado, el "Des Flandres", estaba bastante céntrico y no lejos de la preciosa plaza de la Ópera Garnier.

Me refresqué un poco y salí impaciente por empezar a patear París y ver todo lo que me diera tiempo, que era bastante porque tenía casi todo el día por delante, por cierto fueron tres días soleados de primavera y tuve la suerte de que no lloviese, lo cual no es tan normal en esa ciudad.

En recepción me dijeron que bajando casi recto llegaría enseguida a la plaza de la Ópera.

Qué zona más increíble. Allí estaba esa fachada impresionante de Le Palais Garnier y había visita guiada, así que no me lo pensé y entré con un pequeño grupo.

El interior, más impresionante aún. Qué esculturas, murales, arañas cuyos cristales se tornaban multicolor con los reflejos de las pinturas en techos y paredes, las escaleras de mármol y el terciopelo rojo de palcos y butacas, en esa herradura de lámparas soberbias, especialmente la central, que me recordó la película "El Fantasma de la Ópera", en fin una primera parada estupenda.

Al salir comí un plato combinado en un café cercano, (qué caro es todo en París), sentada en un velador, al solito.

Me saqué una tarjeta de transporte para los tres días y unas veces iba caminando y otras en metro cuando la cosa quedaba lejos, pero es que París es para verlo y disfrutarlo andando, siempre que sea posible, porque cada calle, cada esquina que vuelves no te cansas de mirar y admirar lo bella y bien diseñada que está esa ciudad.

A mí me llama mucho la atención su arquitectura, esas casas tan parisinas, con esas fachadas inconfundibles y tejados de pizarra negra por donde asoman los áticos, todas con una misma estética, tonos y diseño. Los que urbanizaron esta ciudad debían amarla mucho.

Allí cerca está la plaza Vendome, con todas las famosas casas de alta costura y el Hotel Ritz. Preciosa plaza y edificios en forma circular.

Luego llegué en metro hasta Place de la Concorde, con su gran obelisco en el centro, regalo de Egipto por la ayuda y colaboración, junto a otros países europeos incluída España, en la grandiosa obra de desplazamiento del Templo de Abu Simbel, antes de que las aguas del Lago Náser lo inundasen. (Esto me lo explicaron en mi viaje a Egipto). El regalo al gobierno español, en la época de Franco, fue el Templo de Debod que tenemos en Madrid.

Cuando vi la gran noria no me resistí a subir y desde allí contemplé todo París. Hice fotos preciosas y cuando estábamos arriba del todo miré abajo y vi el palacio hermosísimo que alberga el famoso museo de Louvre y la sorprendente pirámide de cristal en el centro, por donde se accede al interior.

Me prometí dedicar muchas horas a visitarlo y ver lo más importante, porque luego comprobé que sería necesaria una semana en París para recorrer y disfrutar ese inmenso museo.

Cuando bajé de la noria me hacía mucha ilusión ir hacia la Torre Eiffel y como engaña a la vista y parece que no está muy lejos, me dirigí hacia allá, pero no llegaba nunca.

Menos mal que me encontré con la gran explanada de Los Inválidos y me senté un buen rato sobre el césped a descansar y tomar un refresco y ya que estaba allí caminé hacia la cúpula dorada, que con el sol brillaba como si fuera de oro.

También estaba más alejada de lo que parecía. Entré a contemplar la suntuosa tumba de mármol de Napoleón y parte de su familia. Hice un par de fotos y me marché, porque ese personaje de la historia nunca me ha caído bien.

Y de nuevo a caminar por la explanada hacia la Torre, que está en esa zona y la vas viendo cada vez más grande y cerca, y tú cada vez más cansada, pero aguantas como una jabata y cuando llegas te quedas alucinada mirando desde su base hacia arriba.

Después de sacar el billete, me puse a la cola para el ascensor y aquello iba tan lento que las piernas me dolían un montón. Pero pensé que una vez en el ascensor las eternas esperas se habían acabado.

Desafortunadamente no era así porque tiene varias plataformas a diferentes alturas y en cada una de ellas tienes que bajarte para que los turistas hagamos fotos y luego te espera otra cola para el siguiente ascensor.

La verdad es que merece la pena las vistas que puedes contemplar en las tres plataformas y las fotos que tengo son de las mejores que hice en mi vida. Además era la cámara que podía cambiar a "panorámica" y algunas son alucinantes.

Cuando llegas arriba del todo aún tienes una pequeña escalera de caracol por la que subes hasta la misma corona de la Torre y es impresionante, porque ahí no hay cristales y el viento penetra entre los hierros. Tienes todo París a tus pies y lo disfruté muchísimo a pesar del cansancio.

Y con ese enorme cansancio llegué de nuevo abajo y me puse a buscar un taxi como una loca. Consigo uno y en ese mismo momento, cuando tengo que dar la dirección al conductor me doy cuenta que sabía el nombre del hotel pero no la calle dónde estaba. (Desde entonces nunca me he movido de un hotel sin llevarme tarjeta con todos los datos)

Para que todo fuera más fácil, el franchute no hablaba ni una palabra de español o inglés, ni yo francés. Me entendió el nombre del hotel, pero cuando le explicaba en espanglis que no sabía la calle, me contestaba de mal humor, "je ne comprend pas", entonces recordé que estaba cerca del Palais Garnier y se lo repetí dos o tres veces. Él, "se bon, se bon", y para allá que nos fuimos.

Ya estaba tranquila porque pensé que una vez en la plaza de la Ópera, subiría andando por la calle que bajé y encontraría el hotel.

!!Craso error!! Me bajé del taxi y me encaminé hacia la calle que me pareció correcta, pero subía, subía y el hotel no aparecía por ninguna parte. Pregunté aquí y allá, indicando el nombre del hotel, pero la respuesta era siempre la misma: "je ne se pas".

También miraba si había algún hotel por allí y sería más fácil que lo conocieran, pero no veía ninguno.

Estaba agotada y en qué hora le pregunté a una señora francesa que, mira por donde, sabía un poco de español y me dice que estaba dando un paseo y que me acompañaba para ayudarme y practicaría el idioma conmigo.

Se la veía muy descansadita y quizá un poco aburrida y no paraba de hablar de España, vamos, lo que más me apetecía en esos momentos de agotamiento y preocupación era aguantar la charla de la señora, que no se me despegaba

Por suerte pasamos por delante de un pequeño hotel, entré, (y la otra detrás, claro), y enseguida me dijeron en recepción dónde estaba. Era la calle paralela a esa.

Con la francesa pegadita a mí, llegamos a mi hotel y me dice que nos podíamos sentar un rato en el salón y seguir charlando.

Con la educación limitada por las pocas fuerzas que me quedaban, le "agradecí su ayuda" y le dije que necesitaba una ducha y meterme en la cama.

No puso muy buena cara y se despidió a la francesa.

Creo que jamás en mi vida he llegado a ese punto de cansancio y agotamiento. Eran las 7-8 de la tarde y después de la ducha me tomé una infusión y galletas que había en la mesa de la habitación y dormí casi doce horas seguidas.

Y este fue mi otro tropiezo en mi viaje a París al final del día, pero había disfrutado mucho de todo lo que vi.

                                                                               continuará