jueves, 7 de mayo de 2015

Whitsunday Islands.


Cuando Gerry dejó el trabajo con el ganado, se enroló como segundo cocinero en uno de los antiguos veleros que navegaban por las Whitsundays Islands.

Fue otra estupenda experiencia porque recorrió muchas de ellas y todas maravillosas.

Los pasajeros de ese gran velero, en su gran mayoría, iban a bucear en esas increíbles aguas y me contaba Gerry cosas muy curiosas.

Por toda esa zona abundan los tiburones y tenían que ir preparados con artilugios que disparan arpones y además en la cubierta siempre había un par de vigilantes armados por si acaso.

Incluso cuando ellos salían de las cocinas para tomar el fresco y darse un chapuzón lo hacían con los vigilantes preparados.

Hacía mucho calor en esas cocinas y se turnaban los cocineros y ayudantes para salir a cubierta y bañarse.

Lo opuesto a los peligrosos tiburones eran los delfines que seguían siempre al barco porque echaban restos de comida al mar y no se despegaban en toda la travesía.

Me contaba Gerry lo bonito que era contemplarles saltando fuera y dentro del agua, haciendo sus piruetas habituales acompañadas de los alegres sonidos con los que se comunican entre ellos.

Tengo algunas fotos de Gerry en cubierta con un grupo de buceadores ya preparados con todo el equipo antes de lanzarse al agua y otras de delfines y de las islas donde atracaban.

Estuvo varios meses trabajando en ese velero pero tenía el inconveniente de que los barcos no salían de Bowen sino de una isla cercana a la que tenía que trasladarse cuando le avisaban para el siguiente viaje y eso a veces era complicado tanto a la ida como la vuelta.

De todas formas fue algo muy especial que sólo podría haber vivido en aquel paraíso del norte de Queensland.

               continuará...



     continuará...




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