domingo, 30 de noviembre de 2014
Un pozo sin fondo.
Comenzamos a planificar y contratar mano de obra. Había tanto que hacer y mejorar para poner en marcha aquel inmenso complejo, que las horas y los días se nos pasaban sin sentir.
Gerardo se iba muy temprano por la mañana con el coche y yo un poco después a base de metro y luego el autobús de Morata de Tajuña que me dejaba en la parte alta de la carretera que se bifurcaba hacia Chinchón y que tenía que bajar a patita.
La pizzería tuvimos que dejarla en manos de un encargado y resto del personal. Este fue uno de los primeros errores, porque un estupendo negocio que había marchado bien durante diez años, cuidado y mimado por nosotros, supuso el principio de un final penoso al dejarlo de atender personalmente.
Pero la venda que "Frascuelo" había puesto sobre nuestros ojos, nos tenía cegados para todo lo que no fuera aquel engañoso sueño.
Nos metimos en obras faraónicas que podían haber esperado para más adelante, si hubiéramos sido más realistas y prudentes.
Había una gran nave-restaurante de obra nueva en la parte alta de la finca, que los hermanos utilizaban cuando organizaban capeas y fiestas camperas en verano, siempre con luz de día, así que nos empeñamos en llevar la electricidad hasta allí para dar a ese espacio un uso más amplio, como bodas, comuniones, etc., y allí llegaron aquellas enormes ruedas de madera con gruesos cables que tenían que ir enterrados hasta arriba junto a tuberías para el agua corriente, en fin, el dinero se iba a raudales día por día, obra por obra.
Farolas a ambos lados del camino, acondicionamiento y embellecimiento del terreno con plantas y hasta un bar y pista para bailar que había antes de llegar, pero que estaba en malas condiciones y también hubo que arreglar.
Era como una pequeña discoteca al aire libre para el verano, luces y focos de colores, mesas y sillas alrededor, altavoces y buena música que se ponía desde el bar. Tuvo sus momentos y punto bonito algunas noches con gente joven que venía de los pueblos cercanos. Pero tampoco duró mucho porque un día de tormenta y vendaval, se llevó todo por delante y ahí se acabó su corta historia.
Recuerdo la bonita publicidad de mano que Gery y algunos amigos repartieron por los pueblos. Era en color rojo con la silueta de un torero en negro y el slogan: "Ven a "Toreador", sus paredes los olivos, su techo las estrellas".
También era preciosa la publicidad en color sepia con la figura de Frascuelo en la carpetilla que contenía diferentes hojas con las ofertas de productos y opciones para bodas especialmente. Una de esas opciones era el coche de caballos que al llegar los novios les llevaría hasta el salón de celebraciones en la parte de arriba.
Ese coche de caballos lo tenía un señor que se dedicaba a alquilarlo y ya lo habíamos apalabrado con él, pero cuando llegó el día de una gran boda !!con 300 invitados!!, ni coche, ni caballos, ni nada.
Aquella boda fue uno de los episodios más desastrosos y tristes que nos ocurrió en aquel gafado Parador de Frascuelo, pero ocurrieron tantas cosas aquel día, que dedicaré una página entera a contarlo porque merece la pena. Es como si "el fantasma" hubiera merodeado por allí para que todo, absolutamente todo, saliera mal.
continuará...
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)


No hay comentarios:
Publicar un comentario