lunes, 3 de noviembre de 2014

El sueño que se convirtió en pesadilla...



...se llamaba "Parador de Frascuelo". Por lo visto perteneció al torero Salvador Sánchez "Frascuelo", el rival de "Lagartijo" en aquella época, s.XIX.

Lo descubrimos Gerardo y yo un día que fuimos a comer y ver torear en la plaza de Chinchón al entonces joven novillero Manuel Díaz, El Cordobés.

Al bajar por una carretera empinada, vimos una finca antigua que tenía el portón abierto y dejaba ver un precioso patio.

No paramos el coche pero comentamos que a la vuelta lo haríamos.

Caminando por Chinchón observamos varias referencias a ese torero. Un mesón llamado "El rincón de Frascuelo", una placa en la casa que vivió durante algunos años, etc.

Pasamos allí el día, comimos corderito asado en uno de los antiguos balcones de la bonita plaza de esa localidad. Casi todos los balcones que la rodean, son restaurantes. Desde allí vimos la corrida y al volver paramos en aquella finca que nos impresionó, pero ya estaba cerrado el portón y no pudimos entrar.

Subimos la cuesta y paramos el coche para verlo desde
arriba.


!Y en qué hora paramos!. Fue un absoluto flechazo que nos dejó a los dos enamorados desde el primer momento.

En las postales antiguas que hay al final de la página se ve parte de cómo era este lugar antes de que la familia propietaria lo rehabilitara, pero se aprecia la plaza-tentadero, el portón y patio de entrada y la colina de olivos.

Desde donde nosotros mirábamos toda la extensión de la finca, diferentes patios, casas, bar y restaurante de abajo y otro de nueva construcción en la parte de arriba, rodeado de olivos y que utilizaban cuando organizaban capeas, en fin, nos quedamos alucinados y decidimos volver otro día y comer allí para visitarlo todo por dentro.

 Así lo hicimos la semana siguiente y cuando lo recorrimos fue como un sueño, sobre todo después de hablar con uno de los hermanos propietarios que nos lo enseñó detalladamente cuando se habían marchado los demás clientes.

El patio de entrada, todo encalado y con una preciosa caseta donde ponía "Casa del Mayoral", el bonito bar con chimenea de leños que siempre encendían en invierno, rodeada de pequeñas mesas y bancos.

Luego se pasaba a otro precioso patio con grandes árboles y hiedra abrazando sus troncos, con mesas para comer al aire libre y un alzado-escenario, para cuando se contrataban espectáculos de flamenco los fines de semana en verano.

Por ese patio se entraba al restaurante, todo muy rústico y auténtico, con las puertas, ventanas enrejadas y mobiliario. También aquí había escenario, decorado con artilugios de toreo y cocina al fondo. En el centro del comedor una chimenea alta, de obra y una gran campana de hierro que bajaba desde el techo.

Pero lo más bello de todo era la cueva-bodega que tenía entrada por ese restaurante y que cubrían con una especie de biombo para que los clientes o niños no se metieran por allí.

Era la cueva más bonita que jamás habíamos visto, con una pequeña barra de bar y unos grandes huecos en la parte derecha donde antiguamente estaban las enormes tinajas de barro para el vino y haciendo la forma del hueco, asientos para dos personas y mesas pequeñas.

Era larguísima y eso que sólo tenían habilitada una parte. La otra estaba cerrada hace muchísimos años. Tenía la misma temperatura fresca todo el año, pero no la utilizaban porque abrían solamente los fines de semana y con el comedor del restaurante les sobraba.

Nosotros preguntábamos por qué no explotaban el negocio a diario y resulta que aquel enorme y bonito lugar sólo era algo que conservaban más que nada por nostalgia ya que lo habían comprado los padres cuando ellos eran muy pequeños. Además uno de los hermanos tenía junto a la finca un pequeño terreno y restaurante que manejaba él solo, que le daba poco trabajo y abría todos los días para los vecinos de alrededor que se reunían para comer, cenar o tomar una copa.

En fin, que eran muy listos y sabían de sobra que aquel inmenso "Parador de Frascuelo" era más para una compañía de restauradores que para una familia y cada uno tenía sus propias profesiones y ocupaciones y lo conservaban porque lo habían heredado y punto. Pero al ver nuestro entusiasmo nos echaron el anzuelo diciendo que con nuestra experiencia en hostelería lo podríamos sacar adelante con éxito y que si nos poníamos de acuerdo nos lo vendían.

Y picamos el anzuelo...

                                                 continuará...




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