viernes, 28 de noviembre de 2014
Conseguir lo imposible.
Esa era la meta.
Y con esto vuelvo a 1.990-91, los años de la crónica de un fracaso anunciado.
En mi última página sobre este tema, terminaba diciendo que picamos el anzuelo de aquel sueño irrealizable, que se convirtió en una obsesión.
Enseguida comenzamos a pensar en traspasar la tienda de ropa inglesa para que yo pudiera dedicarme "en cuerpo y alma" a la misión imposible de conseguir un importante crédito sin tener propiedades escrituradas que nos respaldasen.
Traspasé "The Londoner" con bastante facilidad, traspaso económicamente poco sustancioso por realizarlo con prisas. Anuncié las rebajas por cierre y vendí rápidamente todas las existencias. Mis extravagantes y estupendos clientes-amigos trataban de convencerme para que no cerrase y continuara trayendo esa ropa especial de Londres que tanto les gustaba. En aquellas fechas no había ninguna tienda parecida en todo Madrid.
Me dio pena dejarla, tan preciosa, alegre y colorida. Fueron tres años bonitos y divertidos. Los viajes a Londres, la gente que conocí y tantas y tantas experiencias nunca antes vividas..
Pero ahí estaba esperándonos el gran reto de "El Parador de Frascuelo" y eso borraba todas las nostalgias y dudas.
Las primeras gestiones que se me ocurrieron fue pensar en la Cámara de Comercio. Me había informado de las ayudas a nuevas empresas que considerasen viables.
Fueron muchas visitas a la calle Huertas, solicitudes, informes, memorias, en fin, papeles y más papeles, pero siempre tropezaba con el mismo obstáculo, la falta de solvencia, ya que el Popa`s era en traspaso y la vivienda familiar alquilada.
Aun así fueron muy amables y el director de la Cámara vio con mucho interés el proyecto y estuvo a punto de aceptarlo, pero después de la reunión con otros responsables, lo rechazaron por el riesgo que conllevaba.
Descartada la Cámara de Comercio, había que pensar en otras opciones y hablando con los hermanos propietarios "del gran sueño", me quedé con un detalle que me interesó. El entonces presidente de Banesto, Mario Conde, tenía una finca cerca de allí y conocía "Frascuelo".
Y ese fue mi próximo objetivo. Le escribí "La CARTA", aquella carta manuscrita "encantaserpientes" que le debió llegar al corazón. Le hablaba del bellísimo Parador que nos tenía enamorados, de nuestra experiencia en hostelería, del restaurante que regentábamos desde hacía diez años, de nuestro hijo, que estudiaba en EE.UU. Márketing y Empresariales y que nos apoyaría en el proyecto, en fin, "una demanda-oferta que no podía rechazar". Todo era verdad, pero con una redacción muy atractiva.
La llevé en mano al Paseo de la Castellana donde tenía su despacho y subrayado: "PERSONAL, ENTREGAR EN MANO".
No habían pasado ni dos semanas cuando recibo una carta de !!la directora entonces de la Central de Banesto en la calle Alcalá!!, citándome para que fuera a verla.
No podía creérmelo. Me puse mis mejores trapos y allá que me fui.
Un poco nerviosa, pero controlando, me condujeron hasta ese maravilloso despacho donde me esperaba aquella interesante y atractiva mujer. Distante pero amable y muy directa, me comenta que su Presidente le había dado instrucciones para que se ocupase de la resolución de ese asunto.
Me hizo mil preguntas y yo, sincera y también directa, le contestaba lo que había. Ella no podía creer que el Presidente presionase para allanar inconvenientes y aprobar un crédito por una cantidad muy importante, siendo insolventes a nivel propiedades. Pero él creía en el proyecto y en nosotros y !no había más que hablar!!
Me pidió una serie de documentos, datos y planos del Parador. Fueron muchas las visitas que hice a ese impresionante Banco y ya entraba allí "como Pedro por su casa".
La directora y yo llegamos a establecer una relación muy cordial, aunque siempre me dijo que ella nunca hubiera concedido ese crédito, pero su Presidente tenía la última palabra y no le quedaba más remedio que obedecer.
Pero había una condición final para que la concesión se llevara a efecto. Ya que no teníamos ninguna propiedad escriturada en esos momentos, nos exigían lo mínimo, que para ellos era el aval de dos firmas de personas que tuvieran un piso en propiedad.
Una de ellas era Carol, que se había metido en la compra de un piso antiguo pero grande y muy bonito en el centro de Madrid. Lo había arreglado de arriba a abajo y le había quedado precioso.
Ella no estaba de acuerdo porque nunca confió en que aquel inmenso negocio pudiera salir adelante y tuvimos que convencerla para que firmase, pero lo hizo en contra de su voluntad.
La otra persona era un amigo que además trabajaba en una sucursal de ese mismo banco y que había visitado "Frascuelo" con nosotros y estaba entusiasmado con el lugar pensando que iba a ser un éxito.
El caso es que con esos dos avales nos concedieron el importante crédito y a partir de ese momento comenzó la corta y osada aventura condenada al fracaso y en la que todos perdimos, no sólo Banesto sino todos nosotros.
Bueno, todos no. Los vendedores fueron los únicos listos que ganaron en aquel asunto. Se hicieron muchas y costosas obras, llevando electricidad donde no había, allanando terrenos para aparcamientos y jardines, habilitando servicios que estaban fatal, en fin, obras que allí se quedaron y revaloraron la propiedad. Y encima, para que los documentos de compra salieran adelante, recibieron una cantidad muy importante que se repartieron felices porque les había caído del cielo, vamos, de los santos inocentes que no supimos ver en lo que nos estábamos metiendo.
Pero no pasó demasiado tiempo sin que comenzásemos a verlo.
continuará...
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