domingo, 9 de marzo de 2014

Continúa el gafe en Sydney


Solo unos días después del accidente de Carol y cuando ya estábamos tranquilos porque la niña se había recuperado muy bien, me dice Gery: "mami, el pis me sale marrón". Lo miro y veo un poco asustada que es así y enseguida nos fuimos al Children Hospital aunque no pensamos que fuera nada serio.

Lo era y mucho. Le hacen distintas pruebas y al terminar nos dice el doctor que se tiene que quedar ingresado y nos pregunta si el niño había sufrido un susto recientemente. Le contamos lo de Carol y confirmó lo que pensaba, algo de lo que nosotros no teníamos ni idea.

Resulta que cuando un niño tiene un shock por algo que le haya asustado mucho, se puede producir una infección renal que en algunos casos puede ser grave, sobre todo en un niño pequeño porque si no se controla a tiempo con tratamiento y medicación, es posible que afecte a los riñones de por vida y al crecimiento normal.

Nos dijo que era un niño muy fuerte y eso era positivo porque estos casos se agravan si el niño es débil, o con poco peso y defensas, pero no nos podía decir cuántos días estaría ingresado y como era un hospital muy bueno pero público, yo no me podía quedar con él.

Se me partía el alma de pensar en cómo iba a reaccionar. Nunca se había separado de mí un solo día desde que nació y dejarle allí era terrible. Podía visitarle por las tardes y estar con él hasta la cena y hora de dormir. Esto era una felicidad al llegar, pero un suplicio a la hora de marcharme.

Cuando le dije que estaba malito y tenía que quedarse "un día o dos" para que le curasen, se puso a llorar y no había quien lo calmase. Eran habitaciones con varias camas-cuna y yo le animaba diciéndole que estaba con otros niños y unas enfermeras muy buenas para cuidarles, que había muchos juguetes...
pero nada, se agarraba a mi cuello y no quería soltarme: "mami no te vayas, no te vayas!!".

Así todos los días durante dos semanas. Las enfermeras me decían que no me preocupase y que se le pasaba al poco de irme, pero yo me quedaba mirando desde el jardín por los ventanales que había en la habitación, sin que él me viese y seguía llorando y llamándome durante un buen rato. Nunca se me olvidarán aquellos momentos. Era muy pequeñito y se sufre mucho. Si hubiera podido quedarme con él, sería diferente. Pero a todas las madres les pasaba lo mismo que a mí.

Al final tuvimos mucha suerte porque había niños más pequeños aún y muy graves y Gery superó en dos semanas algo que, según nos detalló el médico, podía haber tenido muchas complicaciones y él había vencido la infección en poco tiempo.

El día que le dieron el alta fue un día muy feliz para todos. Verle de nuevo en casa y completamente bien, era una alegría tan grande...

Volvió al colegio y todo a la normalidad, aunque cada día estábamos menos cómodos en esa ciudad y pensando más en volver a Melbourne cerca de la familia y amigos.

Y eso es lo que hicimos. Fueron seis meses en Sydney bastante negativos.

                                                                                  continuará...

                                 
         

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