sábado, 7 de diciembre de 2013

Otro día para recordar.

Hace poco comentaba en una de mis páginas sobre la reunión familiar de cumpleaños en Rascafría y acababa diciendo que era un día para recordar, como también lo fueron mis 77 en City Garden, rodeada de siete tesoros.

Bueno, pues este final del 2013 parece que  los astros se han unido acumulando días para recordar y otro de ellos fue ayer después de una llamada invitándome a comer.
                                                         
Era Rosana, la mamá de "mis niños" David y Alejandro que cuidé y traté de conseguir la empresa imposible de practicar inglés con ellos. Tenían entonces 6 y 4 años y aunque a veces no se portaban bien y me enfadaba con ellos, les cogí mucho cariño, como no podía ser de otra manera.

La última vez que les había visto no pasaban de 10 y 12, eran unos críos y ahora de pronto, después de cinco años me encuentro con dos chicarrones a los que no llego ni al hombro, sobre todo el mayor al que no hubiera conocido si me lo cruzo en la calle, un hombretón tan guapo como siempre y altííísimo, con solo 17 años. Pero, ¿y el pequeñín Alejandro?. Siempre fue menudito y me viene por el pasillo un chavalón que me lleva la cabeza y tan guapo, con esos ojazos rasgados, esa mirada que no ha cambiado desde que le conocí con cuatro añitos. Ya no pude contener la emoción y se me saltaron las lágrimas.

Los papás estaban como siempre. Es curioso lo poco que se cambia a ciertas edades y lo mucho a otras.
Cuánto me alegro de esa llamada de Rosana porque tú piensas en ellos, sobre todo en los chicos y dices, "tengo que llamarles y quedar un día de estos", pero luego no lo haces y así van pasando los años.

Para David y Alejandro supongo que habrá sido agradable o curioso volver a ver a su nanny después de tanto tiempo, pero son adolescentes que viven en su propio mundo y lo de ayer no habrá pasado de ser una visita más, pero para mi ha sido un encuentro importante y entrañable que he perpetuado en mi móvil y cámara.

Fueron unas horas estupendas que se me hicieron cortas. Además como soy una charlatana no paré de rajar en toda la tarde. Después de la comida rica-rica, (Rosana sigue siendo una buena cocinera), nos fuimos al salón con la idea de ver una buena peli en la pantalla gigante, con la tecnología punta que siempre hay en esa casa, pero la charla seguía, sobre todo por parte de la que subscribe y con la abuela Tere que también estaba y me alegré mucho de volver a verla, ni veíamos la película, ni se la dejábamos ver a Jose Luis, en fin, como dije antes, un día para recordar.

Por cierto, con mi entusiasmo de hacerme fotos con los chicos, que debían estar ya hasta el gorro pero lo aceptaron muy bien, me he dado cuenta en casa que no me hice ninguna con Rosana, Bueno, next time.

Luego me trajo Jose Luis a casa en su precioso Audi.

Es bonito reunirte de vez en cuando con personas por las que sientes un aprecio grande y sincero.

Espero que la próxima vez no transcurran otros cinco años.

                                                            Que así sea...
                                                                               
                                                                                                                                                                                                           
                 
                                                                                                         

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