jueves, 5 de diciembre de 2013

Adiós a Greenvalley Village

Me dio pena dejar este precioso lugar al que me prometí volver pero nunca lo hice. A partir de entonces la vida te envuelve en nuevos trabajos, proyectos y situaciones y tiene otras prioridades.

Nos despedimos de compañeras, personal y ancianas residentes que nos desearon todo lo mejor en la nueva viva que íbamos a comenzar. Yo, personalmente, siempre me quedé con la asignatura pendiente de conseguir terminar los estudios y prácticas y completar mi camino hacia la profesión de enfermera.

Nos instalamos Carmina y yo en la casa que habíamos alquilado y enseguida encontramos trabajo porque no podíamos quedarnos paradas hasta agosto que habíamos fijado la fecha de boda.

Yo lo encontré enseguida en una fábrica de calcetines que me quedaba cerca y Carmina volvió con la familia
Korman pero de externa. Se alegraron mucho de su vuelta los papás y los niños que la echaban de menos.

Los chicos también tenían nuevos y mejores trabajos. Elías que era mecánico especialista de aviones, consiguió entrar en la McDonald Douglas donde se fabricaban partes importantes para la aviación militar y Gerardo que era sastre pero no encontraba nada interesante en su profesión, le recomendó un amigo español que trabajaba de camarero en el mejor hotel de Melbourne, el Southern Cross, que hiciese una entrevista porque aparte del buen sueldo había una propinas excelentes.
 
Él no tenía experiencia en este campo pero había crecido en ese ambiente porque su padre tuvo muchos años un restaurante en Gibraltar, (La Giralda). Ellos eran de La Línea de la Concepción y allí vivían, pero pasaban de un lugar a otro constantemente por el negocio familiar.

La guerra civil que fue tan terrible en España, la pasaron en Gibraltar hasta que terminó, nunca tuvieron problemas y vivían muy bien económicamente.
     
                                                                                           
El caso es que consiguió el trabajo en el hotel de cinco estrellas, (dijo que tenía experiencia), pero él se imaginaba que era servir mesas y punto y se encontró con que le destinaron al principal comedor, el Mayfair Room, donde iban vestidos de frac y tenían que flambear postres y preparar ciertos platos delante de la mesa y los clientes, en fin, que cuando vio lo que había estuvo a punto de no salir, quitarse el traje de pingüino y salir corriendo, pero su amigo le animó y el Maitre también le apoyó mucho los primeros días y aunque en ocasiones las pasó canutas y no le llegaba la camisa al cuerpo, salió adelante y estuvo allí mucho tiempo. Además de ser un trabajo muy bien remunerado, era interesante y aprendió muchas cosas de la alta restauración.
                                                                         
                              continuara...
                                                   




    
                                                                                             

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