Y llegó el día de la doble boda en la preciosa Catedral de Saint Patrick, inmensa y de estilo gótico.
Llegamos en los coches con los padrinos, mis ya casi cuñados Carmen y Pepe, subimos la escalera y allí estaban Elías y Gerardo, de impecable smoking, mirando a las novias con nuestros preciosos vestidos gemelos, !!divinas de la muerte!!
Hubo varias anécdotas ese día y la primera fue que el organista no apareció y nos encontramos los novios y padrinos, con un grupo pequeño de invitados caminando por el impresionante pasillo, en un silencio absoluto
y cuando llegamos al altar, donde nos esperaba el padre Eduardo, nos dice que el músico estaba enfermo y menos mal que uno de los amigos, que publicaba un pequeño periódico para españoles, grabó las voces de la ceremonia y puso música religiosa que animó un poco la cosa, aunque en la grandiosidad del lugar, al estar casi vacío, la voz y las pisadas producían eco y nosotros nos mirábamos y sonreíamos por lo atípico de la situación.
Pero era el día de nuestra boda y nada ni nadie nos lo iba a estropear. La ceremonia fue sencilla pero muy bonita y llegó la segunda sorpresa del evento. En Australia el mes de agosto es pleno invierno pero el día había amanecido claro y llegamos con un cielo azul que no vaticinaba lo que nos esperaba a la salida. !!!El diluvio universal!!! y en el pequeño espacio de tiempo bajando las escaleras y llegando a los coches nos mojamos un poco, pero la pobre cola de los vestidos, por más que quisimos protegerla, se empapó y manchó mucho y fue el motivo de no poder recuperar esa parte porque no era cosa de ponerse ese día o al siguiente a lavarlo o limpiarlo, pensamos que al secarse lo llevaríamos al tinte y como era fin de semana y salíamos a un pequeño viaje por las Montañas Azules, al final cuando los llevamos ya era demasiado tarde
y nos dijeron que no se podía hacer nada y que tendríamos que cortarlo y hacernos un vestido de fiesta y acortarlo pero al final salieron del tinte con sus enormes manchas amarillentas, lo guardamos y ya está.
Menos mal que en las preciosas fotos en blanco y negro de la Catedral, se lucen en todo su esplendor y en las de estudio no estaba muy marcado y no se nota nada.
A Carmina y a mí nos hubiera gustado conservarlos impecables, como hizo mi hermana Loli que muchos años después lo llevó su hija cuando se casó y hubo una tercera novia, mi Carol, que también lo llevó el día de su boda.
Lo celebramos en los salones de St. Anthony, en Hawthorn, cerca de la casa que habíamos alquilado en Liddiard St. Lo pasamos muy bien y el buffet que habían preparado fue estupendo pero nos esperaba otra sorpresa cuando los cuatro fuimos a cortar el pastel. Resulta que era helado y alguien se había olvidado de sacarlo una hora antes y aquello estaba como una piedra. Tenemos una foto muy bonita, cada pareja con su cuchillo y muertos de risa al ver que de cortar, nada de nada, así que la fiesta siguió, picando un poco, bailando otro poco y al final y con paciencia, todos pudimos comer pastel.
!!!!VIVA LOS NOVIOS!!!!




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