miércoles, 23 de octubre de 2013

Coche,sustos y accidentes varios.

Lo del coche era divertido y nos permitía a los cuatro descubrir muchos lugares que de otra forma era más dificil, pero cuántos sustos y situaciones de peligro vivimos, sobre todo yo porque el conductor "suicida" y despistado era mi novio Gerardo. Elías era más precavido y nunca tuvimos un accidente cuando él conducía, de hecho jamás lo ha tenido, pero Gerardo, !ay, Gerardo!. Se sacó el carnet a la primera y presumía con Elías porque a él le suspendieron un par de veces, pero era más tranquilo conduciendo y lo hacía con mucho cuidado. Gerardo era el rey del mambo y de la carretera, (eso es lo que pensaba él y cualquiera le llevaba la contraria), y como se turnaban con el coche cuando no podíamos estar juntos por trabajo, me venía a buscar a Greenvalley y luego me llevaba de vuelta por la noche. Y allí comenzaron mis sustos y "traumas", que luego continuaron a lo largo de mi vida pero que por suerte y a veces auténticos milagros, nunca tuvieron desenlaces fatales. Las primeras experiencias no tienen desperdicio, (bueno ninguna, según iremos descubriendo en próximas entregas). En esas idas y venidas por aquellas carreteras oscuras del country, que yo recuerde se metió dos o tres veces en cunetas profundas y tuvo que dejar el coche allí toda la noche y volver al día siguiente con una grúa. Siempre conducía muy deprisa y yo, con la mano no agarrada, sino agarrotada para sujetarme, le decía: "chato, que no tenemos prisa", "sí, Afri, no te preocupes", pero al poco rato ya estaba con el pie en el acelerador y yo con el corazón en la garganta y me enfadaba, pero como el amor es ciego enseguida le perdonaba aunque me tocara en alguna ocasión ir con él caminando un par de Km. !o más!, de vuelta al hospital. El susto más grande de aquellos días ocurrió al coger una curva en plena noche, curva que estaba señalizada y que yo había visto, !!pero él no!!, y es que a Superman las señales de tráfico le traían al pairo. Total que veo que en vez de coger la curva !!!sigue recto!!! y yo aterrada, (y él también), fuimos dando trompicones por un terreno hasta que pudo frenar y tuvimos la gran suerte de que no era un terraplén de los muchos que había por allí, en cuyo caso no lo hubiéramos contado. continuará...

martes, 22 de octubre de 2013

Ennoviados


Los ennoviados Carmina-Elías y Àfrica-Gerardo, seguíamos nuestra relación y hasta hablábamos de doble boda para el año siguiente. Los chicos habían escrito a nuestras respectivas familias presentándose y comentando los "planes formales" de esta relación y recibieron contestación con el beneplácito sobre todo ello. En mi caso, como la familia de Gerardo vivía en Madrid, visitaron a mi madre y hermana para conocerse y en el caso de Elías su familia vivía en Sevilla y hablaron por teléfono quedando en verse lo antes posible. Íbamos juntos a todas partes siempre que los días libres de cada uno coincidiesen y también nos reuníamos con los ya casados Carmen y Pepe, mis futuros cuñados. Ellos seguían viviendo en la casa compartida y no parecían tener prisa por buscar una vivienda independiente, sobre todo ella porque su mente estaba en volver a España pasados los dos años reglamentarios, sin embargo a él le gustaba mucho Australia y no pensaba igual, según me contaba Gerardo. Pasábamos buenos ratos las tres parejas, tomando café en la pequeña pero acogedora cocina, charlando y contándonos las novedades en los trabajos, etc. También íbamos descubriendo la bonita ciudad de Melbourne y sus alrededores. Gerardo y Elías se compraron un coche de segunda


mano a medias y en él recorríamos las preciosas playas y los montes, ríos con cascadas y lugares bellísimos que nos rodeaban por todas partes con mesas y barbacoas, servicios, todo cuidadísimo y en algunos sitios, como las verdes praderas de Yin-Yan, hasta agua caliente para que la gente se preparase su té o café después de la comida, en fin, una forma de vida que en España no existía y nosotros disfrutábamos mucho de todo ello. En una ocasión que nos cogió a todos un puente, nos fuimos a Philip Island y fueron un par de días estupendos. Es un lugar mágico con unas playas y paisajes
increíbles. Allí ocurre algo todas las noches, que lleva turistas y gente de todas partes a verlo. Es la "pingüin parade" que aparece a la misma hora siempre. Son los pingüinos más pequeños del mundo que ponen sus huevos y tienen sus crías en madrigueras a lo largo de una zona de la playa. Se van lejísimos en la madrugada para "pescar" y traer comida por la noche. Los cuidadores ponen lugares acotados para el público y que no puedan molestarles cuando llegan a la orilla. Es alucinante observar el mar y las olas y de repente ver aparecer a cientos de familias, cada uno con su grupo y "el jefe" delante que de pronto se para, mira hacia atrás por si falta alguno de los miembros y si es así esperan y cuando los retrasados se reúnen siguen su camino hacia su madriguera que son muchas y todas iguales pero jamás se equivocan y ocupan la casa de otro. No se asustan con los focos que iluminan la parade porque están acostumbrados de muchos, muchos años, desde que se descubrió este asombroso hecho. Es un milagro más de la asombrosa y variada fauna de este bello e inmenso país.
Eso de ir en el coche y ver carteles que te avisan para que conduzcas con cuidado porque se te pueden cruzar canguros en la carretera y de vez en cuando nos ocurría y lo disfrutábamos muchísimo y luego están los Parques Nacionales y Santuaries en los que puedes caminar entre avestruces, canguros, koalas, etc., que están libres a tu alrededor. Allí vimos por primera vez a un platipous que aquí se llama onitorringo y que es ese bicho raro y único que tiene partes de diferentes animales en su formación física. Es muy curioso. En el próximo capítulo,
fauna humana...



domingo, 20 de octubre de 2013

More Greenvalley

Seguimos en las verdes praderas de Greenvalley y mi nuevo trabajo y estudios que me tenían
enganchada y entusiasmada a pesar de los momentos difíciles y duros que vivía cada día, pero también cada día aprendía y aprendía cosas tan intensas e interesantes que todo se me hacía corto, tanto el trabajo en el hospital como las clases. Lo más pesado eran las guardias nocturnas, (dos semanas cada tres meses), porque las noches se te hacían eternas sobre todo cuanto más tranquilas eran y aunque cogieras un libro, te entraba sueño. Nos preparábamos un té y unas galletas la enfermera y yo y así nos espabilábamos. Sin embargo las noches toledanas en que los enfermos nos llamaban continuamente por uno u otro motivo, requería más esfuerzo pero el reloj corría más deprisa. Luego al amanecer comenzábamos a escribir los informes para la Matron y médicos antes de que llegase el reemplazo del turno de día. Me encantaba esto del informe que yo, diccionario en la mano, realizaba con mucho
cuidado para que el spelling fuera correcto. También la enfermera me echaba un cable de vez en cuando pero el caso es que yo iba dominando el idioma con estas tareas y las clases de la tarde, aparte de hablar y comunicarme constantemente en inglés porque no había otra. El hospital tenía dos plantas, la primera de mujeres y la de arriba de hombres. Los primeros meses estuve en la primera pero luego hacíamos turno rotativo y la experiencia con los ancianitos fue también muy bonita y a veces dura porque había casos de algunos hombres más jóvenes que habían sufrido accidente de coche y estaban como vegetales o paraplégicos. sin embargo en la planta de mujeres eran todas de edad muy avanzada. Hubo varias con una mente muy lúcida pero con patologías graves, con las que hice una buena amistad y charlábamos siempre que el trabajo me lo permitiese. También había mucha demencia senil y recuerdo con ternura a una señora muy alta y delgada, (Mrs. Anderson), que teníamos que estar en vigilando porque en camisón o ropa interior se colgaba el bolso del brazo y se nos escapaba en cuanto nos
descuidábamos y había que ir a por ella y con mucho tacto y cariño llevarla de nuevo hacia su habitación, vestirle y dejarla en el salón, pero era difícil convencerla y nos decía que la dejásemos tranquila, que ella se iba a las carreras. Los hijos nos contaban que siempre había ido a las carreras de caballos con su padre y les daba mucha pena verla así porque había tocado el piano de maravilla, tenía dos carreras universitarias, en fin, una persona muy inteligente y una madre muy buena. Había también en aquel bello entorno unas preciosas casitas adosadas, con jardín, donde vivían matrimonios o parejas mayores, personas solas y viudas amigas que tenían buen poder adquisitivo y se retiraban allí donde tenían todo solucionado, atención médica, independencia, limpieza, comidas, etc., y se les veía por allí paseando o cogían el tren y se iban a la ciudad y luego volvían por la tarde o noche. !Ah!, se me
olvidaba comentar el engaño del que fui víctima y que en ese momento me disgustó mucho pero luego se arregló y era hasta divertido. Además de todo se aprende en esta vida y yo aprendí. Resulta que la novata Nurse Torres llevaba allí un par de meses cuando se incorporó otra ayudante de enfermera nueva, una australiana muy simpática y educada que desde el primer momento se hizo muy amiga mía y se me pegó como una lapa y yo pensaba: "qué maja es esta chica". Bueno, pues no había pasado un mes de su llegada cuando, justo el día de cobro, llama a la puerta de mi habitación y como era día libre para las dos me dice que nos podemos ir juntas en el tren a la ciudad. Yo iba a ducharme y arreglarme y le dije que nos veíamos junto al autobús en media hora pero me contestó que ella me esperaba hasta que saliera de la ducha y yo, sin la más ligera idea o sospecha de nada y menos desconfiar de una persona tan "encantadora", me meto en la ducha y cuando salgo me sorprendió ver que se había marchado pero pensé que había salido a fumar y esperarme fuera, así que seguí arreglándome y cuando fui a coger el bolso para dejar el dinero del sueldo del mes guardado y llevarme sólo algo, veo que el sobre enterito había desaparecido. Me quedé alucinada y helada. No me lo podía creer. Enseguida fui a comunicárselo a la Matron que inmediatamente llamó a seguridad para que la buscasen. Había desaparecido y no la encontraron por ninguna parte y en su dormitorio no había ropa ni maleta.

                 continuará...





jueves, 17 de octubre de 2013

GREENVALLEY VILLAGE



Llevaba varios meses en Melbourne pero esta etapa que duró un año, fue como empezar una nueva vida en este país. Todo era diferente, el lugar bellísimo que me rodeaba, un trabajo interesante y distinto de todo lo que yo nunca había hecho hasta entonces,el cuidado de los ancianos enfermos, como ayudante de una enfermera titulada, las clases por la tarde como "training nurse" en las que sudé tinta china al principio pero que cada día llevaba con más soltura y lo feliz que me hacía mejorar mi inglés porque era como un curso intensivo a tope, en fin, todo, hasta el bonito uniforme y cofia blanca en la cabeza y el tag con mi nombre "NURSE TORRES". Allí las enfermeras y ayudantes se denominan "nurses". También me encantaba vivir en los apartamentos "NURSES HOME" que eran una monada y no les
faltaba de nada con un baño amplio y ventana que daba a ese verde valle rodeado de enormes white gums. No todo era de color rosa. Al principio fue impactante para mí la experiencia y la pena de ver las condiciones mentales y físicas de algunos ancianos, las heridas y escaras que les producía la inmovilidad en la cama o en silla de ruedas, heridas que aprendí a curar, vendar y cambiarles de posición, siempre con cariño y paciencia porque les dolía todo y las primeras semanas, cuando llegaba la hora de comer apenas tenía ganas, pero es curioso cómo te llegas a acostumbrar a vivirlo con normalidad. Había diferentes comedores y a mí me encantaba comer en el de médicos y enfermeras. El otro era para todo tipo de trabajadores del hospital: jardineros, mantenimiento, limpieza, etc. La comida era muy buena y variada cada día y podías elegir entre primeros fríos o calientes, carne o pescado, fruta o dulces, en fin, muy bien organizado y los desayunos eran tipo buffet con toda clase de platos calientes, como acostumbran los ingleses y también zumos, café, té y bollería a tuti plen. Otra cosa que me encantaba era que teníamos un pantry o cocina en la Nurses Home y como allí se cenaba muy
temprano, antes de irte a la cama o cuando nos reuníamos en el tv room, podíamos prepararnos sandwiches, colacao o lo que sea porque allí había de todo. Las compañeras eran casi todas muy majas aunque había de todo. Las australianas senior a veces eran pesadas con las novatas internacionales que éramos unas cuantas y se metían con nuestros acentos y pronunciación, pero en general el ambiente era de buen rollo. Había polacas, italianas, francesas, etc., pero yo era la única española y todas nos preguntábamos unas a otras sobre nuestros respectivos países, el por qué de haber tomado la decisión de la aventura australiana, en fin, tengo tantos y tantos recuerdos de aquella etapa, que no terminaría nunca de relatar detalles, tanto de compañeras como de ancianos-as a los que se coge mucho cariño porque los tratabas todos los días y te contaban cosas de su vida y sus familias. Algunos se quejaban de que no iban a visitarles los hijos y nietos todo lo que ellos desearían y yo les abrazaba y daba muchos besos que ellos me ´devolvían y agradecían. Hay tantas anécdotas que podría contar... Una curiosa es la de una compañera polaca que era muy mona de cara pero tenía un cuerpo extraño y las piernas muy cortas y la pobre me relató su gran decepción amorosa que no había podido superar aún. Resulta que se escribía con un compatriota y como ella llevaba varios años en Australia pensaron en casarse por poderes para que él no tuviera problemas en emigrar allí y reunirse con ella. Se habían mandado fotos mutuamente y hablaban por teléfono siempre que podían, el caso es que se casaron y él pudo arreglar los papeles y cuando llegó a Melbourne, ella le fue a esperar al aeropuerto y al verla le gustó tan poco al natural que sin pensárselo la dijo que le había engañado con las fotos y que se quería divorciar. Fue un drama pero el caso es que no convivieron ni un sólo día y cada uno por un lado. Otra anécdota, de la que yo fui la "víctima" de una compañera australiana, la contaré en el próximo capítulo.

sábado, 12 de octubre de 2013

Comentarios de otoño.

Qué otoño más bonito tenemos siempre en Madrid. Sol espléndido pero sin calor. Nunca he disfrutado antes de tantos paseos todos los días, mañana y tarde-noche, pero desde que he vuelto a mi barrio no hay día que no lo haga. Este enorme y precioso parque, Madrid Río, es una delicia, sobre todo por las mañanas en día de diario que está casi desierto. Ya he hablado de él anteriormente, pero cada día se viven y descubren nuevas cosas, esa cosas pequeñas que tanto me gustan, esos magnolios que están a punto de que sus piñas se conviertan en esas grandes y bellísimas magnolias blancas, las mimosas que siempre te acompañan porque hay muchos árboles a lo largo de todo el parque con sus flores como pequeñas plumitas rosas, el olor de la hierba recién cortada que para mí es uno de los olores más agradables que axisten. También te acom
paña constantemente el sonido del agua por la cantidad de fuentes con surtidores, pero una de ellas es lo más. Ovalada, muy grande y el arte creativo de los chorros de diferentes alturas haciendo juegos arriba y abajo y cuando menos te lo esperas van cayendo por grupos chocando contra el agua con un !!FLOP!! que me encanta y me hace sonreir. Y sigo caminando por la alfombra de cesped con ese divertido sonido hasta que se pierde cuando me voy alejando. Luego te cruzas de vez en cuando con bebés que van en sus cochecitos y te das cuenta de que te están mirando y te sonríen,(les recordaré a sus abuelas), y cuando yo les devuelvo la sonrisa entonces la de ellos es de oreja a oreja y me vuelvo y veo que se están asomando por el respaldo del cochecito para seguir mirándome. Les digo adiós con la mano y muchas veces me contestan. Ayer fue gracioso observar a un grupo de adolescentes que iban recorriendo el parque con sus profes y al llegar a las fuentes de chorros con el suelo a nivel del csped donde se bañan los niños en verano, soltaron sus mochilas y se metieron a refrescarse con ropa y todo y decían: "ya se nos secará después caminando". Y los fines de semana se reúnen grupos de jóvenes debajo del puente nuevo para bailar, unas veces con radiocassete y otras con instrumentos en directo. La semana pasada era "rock and roll" y tres chavales tocaban el saxo, clarinete y contrabajo y daba gloria ver lo bien que bailaban las parejas. Hoy le ha tocado el turno al "swing" con cd`s, un ritmo vintage precioso y lo bailaban de maravilla. Vuelvo a repetir lo bonito que es el otoño. Yo me apuntaría a esta temperatura de 18 a 22 grados para todo el año. Pronto iré al Retiro cuando esté alfombrado el césped de hojas secas entre los árboles para pisarlas. !!Me encanta!! También he disfrutado este septiembre y octubre de cuestiones teatrales muy interesantes. Ha comenzado la temporada y pienso ver lo mejor que venga por los madriles que suele ser mucho y bueno. Pero esa es otra historia...

jueves, 10 de octubre de 2013

continúo...


Mi hermana estuvo en su nuevo trabajo durante casi año y medio y encantada con este matrimonio norteamericano que tenían dos niños. Hablaban bastante bien castellano porque habían estado en España algún tiempo por trabajo del marido. Esto no era bueno para su práctica del inglés pero lo importante para ella era lo tranquila que estaba y lo majos que eran en el trato, sobre todo la mamá, que era más amiga que jefa y los niños estupendos también. Mi nuevo trabajo SUPER llegó a través de una alemana, Ùrsula, que había estado con esta familia bastante tiempo y que era enfermera de profesión pero al llegar a Australia tuvo que dedicarse a lo de cuidar niños hasta que consiguió revalidar su título y trabajaba en un hospital para personas mayores y enfermas. Cuando la conocí y vio lo bien que se me daba el inglés me propuso tener una entrevista para solicitar una plaza de ayudante de enfermera que consistía en media jornada de trabajo en el hospital y la otra media en la escuela de preparación durante un año, para acceder a los exámenes de enfermera en prácticas en el Victorian Hospital de Melbourne. A mí me entusiasmó el plan y la posibilidad de llegar a tener una nueva y bonita profesión en dos-tres años y esa fue la razón por la que dejé el trabajo con los niños. Ella me acompañó a la entrevista y el lugar me encantó aunque estaba a una hora en tren desde Melbourne. La localidad se llamaba Broadmeadows y una vez que llegabas a la estación había siempre un minibús esperando para trasladar al personal hasta "Greenvalley Village,
Hospital for the age". El paisaje donde estaba enclavado era paradisíaco, en un valle verde rodeado de enormes white gums, (árboles blancos de eucalipto), una fauna y flora que me dejó con la boca abierta, olor a plantas y hierba recién cortada, unas aves que yo no había visto en la ciudad ni en la playa. Recuerdo la "cucabarra" con su graznido que parece se está riendo a carcajadas, los magpies, esos enormes pájaros negros y blancos y los buhos que aparecían en los árboles por la noche con sus ojos
brillantes y su sonido peculiar, los miles de grillos que si tenías la ventana abierta no te dejaban dormir, por cierto que todas las ventanas tenían fuertes mosquiteras porque allí los mosquitos en verano son como elefantes y en vez de pequeñas picaduras te hacían ronchones del tamaño de un euro y el botecito de
"Aeroguard" era imprescindible llevarlo siempre en la mochila o bolso para rociarte por brazos y piernas si las llevabas al aire. Bueno, me he puesto a hablar, sin darme cuenta, de cosas que no tocaba aún. Estábamos en la entrevista. Ùrsula me presentó a la Matron, (jefa de enfermeras), que quería saber cómo me expresaba en inglés y me preguntó si yo me creía capaz de asistir a clases y no solamente entender, sino leer y escribir, Le dije que al principio me costaría un poco pero que aprendía deprisa y que estaba segura que saldría adelante porque era un trabajo y futura profesión que me interesaba mucho. Me llevó a una aula donde se impartían las clases y me hizo un pequeño exámen de lectura y escritura y me dijo que podía comenzar a principio del mes siguiente para que pudiera avisar con tiempo a la familia con la que trabajaba. Fue una de las épocas más bonitas y gratificantes que viví en Australia y la fuente principal del inglés que hablo, leo y escribo, que no es perfecto pero sí aceptable. Mi historia de amor con Greenvalley Village, próximamente en esta pantalla...

miércoles, 9 de octubre de 2013

Brighton

En esta preciosa playa de Melbourne estaba plantada en primera fila la increíble casa de la nueva familia para la que trabajé. Si la anterior era bonita, ésta era de película. Levantada sobre patas, (por si las olas), era de dos plantas y la enorme sala de la entrada estaba rodeada de paredes acristaladas y el mar allí, todo alrededor, casi tocándolo. Por la noche las luces de la ciudad a lo lejos brillaban como un sucedáneo de las que podía contemplar allá arriba y me recuerdo junto a esas cristaleras,
disfrutando de tanta belleza. Siempre lo hacía durante un buen rato antes de acostarme. Además de todo ésto, las condiciones no tenían nada que ver con el anterior trabajo. Aquí era real lo de cuidar niños y lo que tuviera que ver con ellos exclusivamente. Tenían otra interna, (Margaret), que era la que se ocupaba de la limpieza, cocina, etc. Era una chica del country, sencilla y majísima y siempre nos llevamos muy bien. Nuestra habitaciones estaban en esa parte baja de la sala de entrada con un baño en el centro que compartíamos. En mi dormitorio había dos camas porque las familias del nuevo trabajo de Carmina y el mío eran amigas y para que estuviésemos contentas nos ofrecieron que los fines de semana nos pudiéramos quedar las hermanas en una u otra casa. Los niños eran dos mayores, Brandon y Dion, (8 y 10 años), hijos de un primer matrimonio de él y un precioso bebé de un añito, (Johnny), de su segunda mujer, muy guapa y bastante más joven. También judeo-australianos como la mayoría de la clase alta y millonetis de Australia. Los niños y yo encajamos muy bien desde el primer momento. Nunca supe si su madre había muerto o estaba divorciada de su padre y por lo que sea tenía él la custodia porque siempre estaban allí, pero se les veía como faltos de cariño porque la "madrastra" no parecía prestarles demasiada atención. Su principito era el bebé y era en el que estaba volcada. Siempre que el bebé no me necesitaba para el biberón o cambiarle, pasaba buenos ratos con los chicos cuando volvían de colegio y habían terminado los deberes. Les cogí cariño y ellos a mí y practicaba mucho el inglés en juegos de mesa o respondiendo a sus preguntas sobre España y a su vez me contaban cosas de Australia. Lo curioso es que años después, cuando yo tenía ya a Carol y Gerry que eran entonces de esas misma edad, conseguí otro buen trabajo para cuidar niños con una familia norteamericana y mi sorpresa fue que cuando llegué para hacer la entrevista me di cuenta que la casa estaba justamente enfrente de aquella en la que viví durante unos meses en el primer año de mi llegada a Melbourne. A veces vi llegar en los coches a gente joven o los padres, pero había pasado mucho tiempo y no estaba segura de si era la misma familia. En ocasiones pensé en cruzar y averiguarlo pero quizá no hubiera sido un momento oportuno y al final no lo hice pero siempre me quedé con las ganas de saber si aquellos muchachos eran Brandon y Dion y haber vuelto a ver al precioso bebé que tendría unos diez años. Sin embargo no me apetecía nada volver a ver a la "madrastra" que era un poco bruja, como la del cuento.¨Èl, sin embargo, era muy majo y amable conmigo, eso y ver lo cariñosos que eran los chicos con su nanny, la tenía un poco mosca y en guardia. Recuerdo un par de detalles cuando estaba yo un día comiendo con Margaret se acercó ella para decirme que el bebé se había hecho popó y que le cambiase enseguida. El marido la interrumpió y me dijo que terminase tranquilamente de comer y después lo haría. Ella nos fulminó con la mirada a él y a mí pero se marchó sin decir ni pío. En otra ocasión cuando acababa de ducharme me avisaron que subiera al salón porque me llamaba mi hermana por teléfono. Me puse un precioso albornoz blanco que me llevé de España y como ellos tenían una importante fábrica de batas, albornoces, camisones, etc., al marido le llamó la atención y se acercó a preguntarme de dónde era la prenda y el fabricante o lugar donde lo había comprado. Le sorprendió el grosor y la calidad y la "bruja" no nos quitaba ojo, en fin, que le encantaba tener una niñera con la que poder entenderse en inglés pero no me tragaba ni yo a ella tampoco. Cuando les dejé porque me había salido el mejor trabajo que nunca tuve en Australia, del que ya hablaré más adelante, los chicos se llevaron un disgusto y se les saltaban las lágrimas diciéndome: ¿por qué te vas?, yo trataba de hacerles comprender que era bueno para mí, pero eran niños y no querían comprenderlo. Nunca olvidaré las tarjetas que me prepararon con flores y pétalos del jardín pegados a la cartulina y sus frases de cariño escritas en colores.      
                                              Continuara...                                                                                  

viernes, 4 de octubre de 2013

Bajando la escalera...

...de la Catedral, monísimas mi hermana y yo, con nuestros vestidos vaporosos en el verano austral, nos presentó Carmen a su novio Pepe, muy atractivo, con cierto aire intelectual, a su hermano Gerardo, menos aire intelectual pero muy guapo y el amigo de los dos, Elías, también muy mono y el más joven de los tres. Fue un gustarnos a primera vista y en cuanto comenzamos a caminar, el tal Gerardo se puso a mi lado y ya no se separó de mí en toda la tarde, dándome carrete sobre temas varios y en plan conquistador que te pasas. A mí me alagaba, me hizo reír y lo pasé muy bien, pero pensaba en sus "antecedentes" que ya conocía por lo que nos había contado Carmen en nuestras charlas de Madrid. Por lo visto era "el garbanzo negro de la familia" y el que llevaba problemas a casa desde que era pequeño. Siempre metiéndose en líos de todo tipo, en fin, un regalito de pretendiente el que me había salido, todo lo contrario de su hermano que era el sensato y buen hijo de toda la vida, pero a mí me gustaba su desparpajo y un carisma especial que tenía. Empezamos a salir juntos las tres parejas los fines de semana. A Carmina le gustaba Elías pero le parecía demasiado joven aunque él nunca hablaba de edades, hasta más adelante que no tuvo más remedio que descubrir el pastel. Carmen y Pepe comenzaron a preparar lo de su boda y se casaron tres meses después. Los padrinos fuimos Gerardo y yo y a partir de ese momento nuestro noviazgo fue oficial a pesar de que ellos, al ver que lo nuestro iba en plan formal, me dijeron que me lo pensara porque les preocupaba que el hermano no fuese precisamente la persona que yo merecía y se sentían un poco responsables de cómo podía resultar mi relación con él. Pero yo venía de otra relación con alguien que de puro bueno y paciente a veces me aburría y este "menda" era todo lo contrario y me tenía conquistada desde el primer momento, así que seguimos adelante y mi hermana y Elías también. Carmen se había colocado muy bien en la Cía. aérea de vuelos domésticos TNT y Pepe creo recordar que en IBM. Dominaban el inglés a la perfección y consiguieron buenos trabajos. Nuestros chicos trabajaban juntos en una fábrica de automóviles y no estaban mal. Elías era mecánico de aviones y más adelante pudo trabajar en lo suyo y Gerardo que era sastre, no encontró nada que le interesara dentro de su profesión y de momento lo de la fábrica le iba bien aunque después también cambió para mejor. Y hablando de trabajos, en el próximo capítulo seguiré
contando cómo nos fue a las hermanas con las nuevas familias que resultó ser un salto cualitativo y mucho mejor en todos los aspectos. continuará...

jueves, 3 de octubre de 2013

Primeros días Down Under.

Esos primeros días son inolvidables, un choque absoluto con todo lo que te rodea, entorno, idioma, costumbres, cultura, forma de vida, clima, personas... Mi hermana y yo nos despedimos quedando en llamarnos todos los días, como nos habían ofrecido las familias y nos veríamos el domingo para ir juntas a la catedral. Yo, personalmente, estaba encantada con todo lo que me rodeaba y la familia más aún al comprobar lo razonablemente bien que me entandía con ellos. La casa preciosa con un jardín increíble y mi dormitorio con mi propio baño, monísimo y sin faltarle de nada porque tenía una mesa-escritorio con estantería donde pude colocar mis libros y cosas, armario y cama grande comodísima, una TV pequeña, en fin, después de cenar, por cierto estos judeo-australianos hacen una comidas
riquísimas, hablamos despacito para que yo me enterase de todo, sobre los horarios y reglas de la casa y me fui a la cama pronto porque por la mañana había que madrugar para después de ducharme y arreglarme, preparar la mesa para el desayuno, siguiendo las instrucciones que la "jefa" me había dado la noche anterior y allí estábamos ella y yo mano a mano porque el marido salía pronto a trabajar y los niños mayores al cole y sólo se quedaba el chiquitín. Después de irse todos, nos quedamos ella y yo desayunando tranquilmente y luego !a currar!. La jefa se marchó a sus cosas con el pequeño y yo a recoger todo, pasar la aspiradora, polvo, etc., pero a mi aire porque estaba sola y escuchando la radio que, aparte de la música, hablaban y yo pegaba el oído para aprender !english! Luego volvió y se puso a cocinar como una loca para tener la cena preparada. Allí se comen unos sandwiches sobre las doce del mediodía y se cena muy pronto, 6-7 de la tarde. A pesar de tener un nivel de vida muy alto, en general son sencillos y nada clasistas y una vez que estaba servida la cena yo me sentaba con ellos a la mesa. Al terminar cada uno llevaba lo suyo a la encimera y yo lo metía en el lavavajillas y dejaba todo preparado para el desayuno del día siguiente. También bañaba al pequeñín, con la supervisión de la mamá y
después de haberle dado la cenita entre ella y yo. Èsto era más o menos mi labor diaria y yo lo llevaba muy bien pero cuando empecé a hablar con mi hermana, lo que me contaba era todo lo contrario. Su jefa era un manojo de nervios y se ponía a cien porque Carmina no la entendía casi nada y en vez de tener paciencia la gritaba a todas horas y ella me llamaba llorando cuando se quedaba sola. Yo se lo comenté a la mía cuando me preguntó por mi hermana y dijo que hablaría con su amiga, el caso es que fueron unos días muy tristes y difíciles. Yo la animaba diciéndole que encontraríamos algo mejor y se marcharía de allí. Cuando llegó el domingo y nos encontramos con las compañeras de viaje y de



cursillo, eso era de libro. Unas a otras contándose sus vivencias, más de una llorando y diciendo que no podía aguantarlo, otras que se conformaban con lo que les había tocado y todas desesperadas porque no entendían ni papa y se tenían que comunicar por señas, en fin, un drama y el cura tratando de animarlas diciendo que era normal en los primeros meses, que tuvieran paciencia, pero ellas hablaban con otras que llevaban más tiempo allí y que trabajaban en fábricas donde se entendían bien en medio español-italiano y se intercambiaban teléfonos pensando en dejar las familias australianas cuanto antes, lo cual era un error porque te las encontrabas más adelante y seguían sin hablar inglés. Pero ese
intercambio de penas y contacto con las chicas, dio un buen resultado sobre todo para Carmina y en muchos aspectos también para mí porque en la siguiente semana me llamó una española que había oído lo bien que se me daba el inglés y como ella dejaba una familia con la que trabajaba en muy buenas condiciones y sabía lo mal que lo estaba pasando mi hermana, me dijo que esa familia conocía a otra que hablaban muy bien español y podíamos tener una entrevista para cambiarnos las dos. Mi jefa que estaba escuchando mi conversación y que era muy lista aunque no entendía español, se lo imaginó y en cuanto que colgué me dijo que si estaba pensando en dejarles y yo no pude más que explicarle lo que había, que yo estaba muy contenta allí pero que seguramente nos cambiaríamos mi hermana y yo a otro trabajo en otra zona de Melbourne porque las condiciones eran mucho mejores y estaríamos muy cerca una de la otra. Hasta aquí nuestra primera experiencia sobre trabajo, pero no he hablado de esa tarde en la misa de la Catedral en la que después del encuentro con las chicas, bajamos la escalera y nos encontramos a nuestra amiga Carmen con su novio, el hermano de éste y un buen amigo que compartía casa con ellos. No sabíamos lo que ese encuentro iba a significar en nuestras vidas a partir de entonces. Pero esa es otra historia....