...en uno de los muchos locales de Atenas donde hay cena-degustación de platos típicos y música con bailes de la tierra.
Nos encontramos con María, la guía con la que concertamos en el hotel el crucero de un día completo a tres islas y la cena-espectáculo, el resto lo hicimos por nuestra cuenta.
El restaurante está cerca de la Plaza Syntagma, caminando por pequeñas calles del casco antiguo.
Al entrar no había mucha gente pero pronto empezaron a llegar guiris de todo tipo y colores. Junto a nuestra mesa había otra muy larga con un grupo de americanos de Tennessy y en el otro lado un nutrido grupo de japoneses.
La comida en pequeños platos muy rica, la típica musaka y una serie de quesos batidos con diferentes especias y hierbas. Sabores distintos que untados en pan están exquisitos.
En el escenario había dos músicos con la clásica guitarra triangular griega de cuatro cuerdas, con ese sonido reconocible y alegre. Al principio salió una cantante muy guapa que enseguida invitó a que saliera alguien para enseñarle unos pasos sencillos del baile griego.
Carlota me animó y allá que me fui al escenario donde me lo pasé muy bien, sobre todo cuando pillé el ritmo y agarradas de la mano dábamos vueltas al compás de la bonita música. Yo pensaba que Carlota haría alguna foto, pero debía estar muy distraída con la abuela "groña que groña" y no tengo el recuerdo gráfico, pero sí en la mente y el corazón.
Los americanos me felicitaron al volver a la mesa y nos enrollamos un rato a charlar.
Después salieron un grupo de cuatro chicas y cuatro chicos que bailaban de maravilla todo el diferente folklore del país y, cómo no, al final el "Zorba the Greek" de Teodorakis que te pone la piel de gallina. (Danza Sirtaky)
Además de todo esto ocurrió algo muy divertido. Nuestra guía, María, se quedó un buen rato con nosotras. Ella siempre que llevaba turistas estaba invitada por la casa y hablando de que había cumplido 80 años hace unos meses, nos comenta que va a decirle al encargado que los cumplía ese día, que era divertido porque te cantaban el "Happy Birthday" por megafonía y te traían una pequeña tartita con una vela para soplar. Nosotras, alucinadas, le dijimos que no hacía falta, pero ella insistió porque ya lo había hecho con otros turistas alguna vez. En fin, que al rato llega la canción y la tartita con la vela encendida. Todos los guiris aplaudiendo y nosotras tres soplamos la vela y nos la comimos de postre.
Cuando ya estaba a punto de terminar el espectáculo era muy tarde y estábamos cansadas, así que nos levantamos y nos fuimos sin darnos cuenta de que al final del todo llegaba el momento de romper los platos, artistas y clientes, esa antigua costumbre que hemos visto en tantas películas. Nos acordamos cuando llegamos al hotel.
Una bonita y divertida noche griega.
Última escena de esta maravillosa película con un Anthony Quinn inmenso.
Próxima página crucero a las islas Hidra, Poros y Egina.






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