sábado, 20 de mayo de 2017
Escapada a Grecia...
sólo cuatro días, pero tan intensos, agotadores y fantásticos, que se te antojan muchos más. Afortunadamente hice este viaje con mi nieta Carlota porque si me voy sola, como de costumbre, no sé cómo hubiera salido de algunas situaciones, sobre todo los días dedicados a la Acrópolis y Partenón y al Monte Licabeto, donde nos esperaban sorpresas de las que nadie me había prevenido.
Pero vamos paso a paso porque la aventura ateniense hay que narrarla despacito y con buena letra.
Comencemos con la ciudad de Atenas y sus tesoros. El hotel Dorian Inn donde nos alojamos fue una buena elección. Céntrico, cómodo y con un restaurante en la terraza cubierta de la planta doce desde la que se dominaba gran parte de la ciudad y ¡¡la colina de Acrópolis y el Partenón iluminado por las noches!! Elegí el hotel precisamente por este detalle. Además, en lugar de las clásicas ventanas, en Atenas muchos hoteles tienen amplias terrazas y la nuestra era estupenda.
Hemos caminado mucho por sus calles, especialmente el día que dedicamos a los dos principales museos y a la llamada zona de la Academia. Qué lugar más bello y del que no te moverías en horas. Allí está la impresionante "trilogía" arquitectónica, (s. XIX), que componen a la izquierda la Biblioteca Nacional, con su imponente escalinata, en el centro la Universidad y a la derecha la Academia Nacional de Grecia, cuyo nombre hace referencia a la antigua Academia de Platón. Qué bellísimo conjunto de edificios neoclásicos, los tres construídos en mármol blanco.
Tuvimos suerte y pudimos ver el interior de la increíble Biblioteca. Subimos la escalinata sin saber qué nos íbamos a encontrar. La gran puerta estaba abierta y en el hall había un grupo de niños de un colegio con los profesores, todos muy formales y callados porque son las normas en cuanto accedes desde el exterior. Por lo visto iban a ir pasando en pequeños grupos y cuando nos vio la responsable que hay en la entrada, fue tan amable que nos cedió el turno a Carlota y a mí y nos abrió "la puerta mágica". Pasó con nosotras indicándonos silencio absoluto y sin movernos pudimos echar un privilegiado vistazo a aquellas infinitas estanterías con libros increíbles de los llamados incunables y ejerce el papel de depósito legal de todas las obras publicadas en Grecia, además de códices de papiros griegos y egipcios desde s.9 a.C. hasta s.7 a.C. Todo el saber del mundo antiguo en aquellos enormes volúmenes. Hay otras salas en edificios anexos que no se pueden visitar pero esta es la principal.
Todo esto y mucho más está en la información sobre la historia de la Biblioteca que nos dio la amable empleada antes de salir. Sólo estuvimos unos minutos dentro, pero no olvidaré ese lugar que es la cuna y raíz de lenguas y cultura extendida a tantos países. En el centro de aquella inmensa sala estaban las mesas con pequeñas lámparas encendidas y en ellas investigadores, universitarios, etc. sumergidos en sus estudios y tareas.
También hubo suerte en la Academia Nacional de Grecia, abierta su gran y bellísima sala al público para que podamos contemplarla desde fuera pero con un cordón cerrando el acceso al interior. Fue muy curioso observar a dos de los académicos sentados en los bancos centrales, charlando. Muy alejados de la puerta, pero yo he agrandado la imagen de la foto en mi móvil y se les ve muy bien.
Pelo y barba blanca y con cara de sabios.
En Wikipedia he podido leer los nombres de todos los académicos y sus profesiones. Hay poetas, actores, escritores... y tres de ellos que fueron presidentes de Grecia.
En la próxima página escribiré sobre el otro maravilloso lugar que visitamos ese día, el Museo Arqueológico Nacional, el más importante de Grecia. Fue estupendo porque permitían hacer fotos sin flash a todos los tesoros allí reunidos y mi nieta, con su increíble cámara, las hizo espléndidas.
continuará...
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