martes, 23 de mayo de 2017

Pateando Atenas


Desde el hotel fuimos caminando hasta el Museo Arqueológico Nacional, (1866-1889). He visitado
muchos en España y otros países, pero no recuerdo ninguno que me haya impresionado tanto, a excepción de El Cairo.

Las colecciones en diferentes y grandes salas van desde la prehistoria, 6.800-3.000 a.C., al neolítico, edad de bronce, etc. Carlota y yo íbamos de sorpresa en sorpresa con esas esculturas increíbles: Afrodita, Zeus o Poseidón, Augusto, El Jinete de Artemisión... a cual más bella y luego las salas de vasijas, objetos de oro, arte egipcio... pudiendo hacer fotos de todo ello y recordarlo después mirando el álbum.

Fue especialmente interesante la sala dedicada a esculturas funerarias que rescataron del saqueo en los cementerios de familias nobles. Tuvimos la suerte de que la señora que vigilaba era argentina y nos explicó cosas y detalles, que de otro modo se nos hubieran pasado.

Resulta que había bloques cuadrados o rectangulares con figuras a tamaño real que representaban al difunto y las familias junto a él o ella, pero las miradas nunca se encontraban porque unos estaban vivos y el espíritu del fallecido no era visible para ellos. Muy curioso poderlo ver y admirar desde el conocimiento de ese hecho puntual.

Desde allí nos fuimos a la famosa Plaza Syntagma donde está el Parlamento y poder ver a los soldados para el cambio de guardia, que lo hacen todos los días cada hora en punto, así que vayas cuando vayas no te lo pierdes.

Al llegar vemos que en el gran espacio delante del Parlamento había una muchedumbre portando banderas de diferentes países, además de la griega, posters, etc., con himnos y canciones de tipo marchas militares por megafonía y pensamos que era una manifestación internacional por algún tipo de reivindicación, pero resulta que era la celebración el 8 de mayo del final de la Segunda Guerra Mundial y el homenaje que todos los años rendían a sus familiares muertos en la contienda. Era curioso porque la mayoría llevaban fotos ampliadas del padre, abuelo...

Todo esto nos lo explicó en inglés una chica de ascendencia rusa, muy alta y guapa a la que preguntamos. Iba toda orgullosa con la foto del abuelo y un gorro militar. Carlota nos hizo una foto preciosa, y una amiga de ella sacó una cinta como las que llevaban sujetas a la ropa y me la dio. En fin, fue todo muy bonito y emocionante. Además, como saben que el cambio de guardia es cada hora en punto, se fueron dispersando un poco antes con respeto y disciplina.

Entonces cruzamos nosotras para ver a los peculiares soldados griegos (Evzones), en primera fila, hacerles fotos y vídeo. Sus movimientos a cámara lenta son únicos y lo que nos explicaron sobre la falda que llevan parece increíble pero se compone de 430 pliegues, uno por cada año que estuvieron los turcos ocupando Grecia, hasta que pudieron independizarse.
Qué bonito es caminar por las ciudades que no conoces y observar a sus gentes y detalles que no ves en tu propia ciudad. Hemos cogido varias veces el metro, por cierto algunas estaciones parecen museos con unas esculturas y relieves increíbles, pero andando de un lugar a otro es como se disfruta realmente del lugar donde estás. Recuerdo como me sorprendió ver la venta ambulante en diferentes calles, de gran cantidad de cerezas sobre carros y a mejor precio que aquí. Ahora es la temporada y me hubiese gustado pararme a comprar, fotografiar e ir comiendo por el camino, pero al final no lo hicimos.

Allí, en la plaza, habíamos quedado con la guía el día anterior para que nos llevase a una cena con espectáculo de bailes griegos, pero esto lo dejamos para la siguiente página.

                                                    continuará...



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