viernes, 28 de julio de 2017

GOfit


Así se llama el increíble centro de fitness que han abierto en el barrio, a diez minutos de casa y con unas instalaciones magníficas en todas y cada una de las muchas ofertas que te ofrecen a lo largo de todo el día.

Hay varios en Madrid y hemos tenido la suerte de que el último y más moderno nos lo hayan puesto a tiro de piedra desde casa. Este se llama GOfit San Miguel porque lo han construido en los terrenos donde estaban las antiguas piscinas San Miguel que recuerdo haber ido hace muchos años con Carol y Gerry.

Carol ya se se había hecho el abono familiar para todo el año y me dijo que tenía que ir a verlo. Cuando nos fuimos a visitarlo no me lo podía creer desde el momento que puse los ojos en aquel fantástico edificio con una arquitectura exterior que me llamó la atención.

Pero cuando entras y ves las instalaciones, comodidades, personal encantador y profesional, la organización a nivel seguridad, el cuadro con decenas de opciones para todo tipo de edades, desde niños a personas mayores, etc., te quieres hacer socio YA.

Así lo hice hace casi dos meses y cada día estoy más contenta y entusiasmada con este maravilloso plus que ha llegado a mi vida a una edad en que es un regalo y un privilegio, porque antes mi único ejercicio diario era caminar, sobre todo por nuestro precioso parque, pero cuando llega el verano y los caminos están a pleno sol, tenía que caminar por las calles del barrio buscando las aceras de la sombra y lo mismo cuando llueve que no puedes estar más de una hora paseando con el paraguas bajo la lluvia. Ahora seguiré caminando en primavera y otoño combinándolo con mis espacios de spa, natación y aquagym en GOfit, donde iré todo el año de lunes a viernes que hay menos gente, sobre todo por las mañanas y los fines de semana para mi compra, cosas de la casa y algún cine o teatro cuando se tercie.

Es alucinante ver las zonas de arriba con un gimnasio enorme y todo tipo de aparatos, diferentes salas para yoga, pilates, taichí, zumba, kick boxing, capoeira, etc., y abajo las piscinas, todas climatizadas, una con seis calles para nadadores, otra más pequeña donde nado y después hacemos aquagym, con unos ejercicios en el agua durante tres cuartos de hora, que te dejan como nueva y dirigidos siempre por entrenador@s que nos ponen unas músicas marchosas y te animan a ejecutar y seguir todos esos ejercicios con planchas y pesas de agua que nos van indicando desde fuera. El maravilloso spa con chorros para todos los gustos, más fuertes o flojos, unos jacuzzis tan fuertes que casi te levantan del suelo y te masajean todo el cuerpo, en fin, una gozada. Luego está la gran sauna con sus duchas frías al salir, que a Carol le encantan y que yo aún no he probado porque el contraste del calor al frío no me apetece. Además, ahora en verano está la gran piscina exterior con un montón de tumbonas para tomar el sol. Carol la disfruta mucho. Los nietos de momento usan más el gym y las salas de fitness y de vez en cuando las piscinas y spa.


Ahora están todos en Irlanda en el viaje de estudios que organiza todos los años la academia. Se lo están pasando de maravilla. Todos los días me mandan mensajes al móvil y preciosas fotos de los lugares que visitan cada día en ese bello país, después del estudio por las mañanas.

Ahora que lo estoy viviendo pienso en lo bueno que hubiera sido disfrutar de esta experiencia tan saludable hace años, pero bueno, nunca es tarde si la dicha es buena. En ocasiones veía algún programa en tv sobre estos ejercicios en el agua, para personas mayores y de todas las edades, pero en ningún momento he tenido cerca un lugar para hacerlo y menos con estas instalaciones de última generación. Qué vestuarios, duchas, todo amplio y cómodo, hasta la larga fila de espejos con secadores para el pelo y escurridores para los bañadores, en fin, como digo antes, un regalo y privilegio para el barrio, porque además, aunque es una compañía privada, tiene precios muy razonables y en mi caso, aunque estoy en lista de espera, me saldrá muy barato, (14 euros al mes), cuando haya alguna baja de mayores de 65 años. Ahora 35 euros, que tampoco está mal.

Un ¡¡hurra!! por GOfit.




martes, 6 de junio de 2017

Monte Licabeto...


...que fue el interesante pero agotador epílogo a nuestra escapada a Grecia.

Cogimos el autobús que nos llevaba a Kolonaki, considerado un barrio señorial al pie del Monte Licabeto, con restaurantes de lujo, embajadas y edificios espectaculares, pero lo que nos esperaba no era de lujo precisamente sino una interminable escalinata con la que no contábamos porque nos habían hablado de un funicular y resulta que para llegar al mismo tienes que subir una innumerable cantidad de escalones que, además te engañan, porque cuando miras hacia arriba piensas que al final de lo que te alcanza la vista, se acaba la cosa y te encuentras con el funicular.

Pero no era así y al llegar despacito y haciendo palanca en el pasamanos, nos encontramos con otro tramo tan largo y empinado como el anterior.

Y comenzamos a sopesar el dilema de seguir adelante o volvernos hacia abajo a comer en uno de los bonitos restaurantes que hay en la zona. Carlota me decía que lo que yo decidiese, pensando en el cansancio y esfuerzo de su abuela. Ella con 16 años estaba como una rosa y subía sin problemas. Al final me animé al pensar que habíamos hecho la mitad del camino y que despacio y sin prisas haríamos el resto.

Llegamos a la plataforma donde está el funicular pero antes nos sentamos en la terraza de un bar a descansar y tomarnos dos buenos helados.

Lo del funicular es una engaño y un robo. Allí no hay descuentos para nadie y pagas 15 euros por un trayecto muy empinado pero muy corto, la mitad de lo que habíamos subido a pie.

Y por fin llegamos a la cima, que realmente es impresionante porque es la colina más alta de Atenas y ves toda la ciudad como si fueran hormiguitas a nuestros pies. Hasta la Acrópolis, que se ve desde allí, está muy por debajo del Monte Licabeto, (300 mt. sobre el nivel del mar).


Dimos toda la vuelta haciendo fotos y después nos sentamos a comer en el bonito restaurante que hay allí. Es fantástico estar comiendo y tener delante esas vistas tan espléndidas.

Hay una pequeña iglesia ortodoxa pero estaba cerrada, así que después de comer bien y hacer un poco de sobremesa, emprendimos el camino hacia abajo muy despacio y tranquilas.

Esa noche cenamos en el precioso restaurante de la planta 12 del hotel teniendo frente a nosotras otra vista magnífica, nada menos que la Acrópolis y el Partenón iluminado. Una experiencia inolvidable.

Y así transcurrieron esos casi cinco días estupendos en esta ciudad de Atenas cuya historia se extiende más de 3.000 años, lo que la convierte en una de las ciudades habitadas más antiguas.

Cuánta Historia, qué papel fundamental en el desarrollo de la democracia y centro cultural donde vivieron muchos de los grandes artistas, escritores y filósofos de la Antigüedad y su influencia en el desarrollo no sólo de Grecia y Roma, sino de la cultura occidental en general. 

                               Un pequeño-gran viaje.


domingo, 4 de junio de 2017

Acrópolis y Parthenón


Este increíble lugar de la Historia, que no puedes dejar de visitar estando en Atenas, te asombra y te fascina desde el primer momento cuando empiezas a caminar y a veces casi escalar esta inmensa colina hasta llegar a la cima donde se encuentra el Partenón y otros restos y ruinas de templos y palacios.

Yo no tenía ni idea de lo difícil y escarpado de los caminos pedregosos que nos esperaban y que te van señalando con carteles y cuerdas para no pisar terrenos acotados y protegidos. Si llego a ir sola en este viaje, como de costumbre, hubiera sido realmente duro para mí realizar esta visita imprescindible, pero afortunadamente lo hice con mi nieta Carlota y allí estaba siempre su mano fuerte para salvar todos los escoyos.

Llevábamos calzado apropiado, pero el cansancio hace mella sobre todo cuando tienes 80 añitos. Menos mal que íbamos tranquilas y sin prisas parando aquí y allá para descansar o captar las mejores tomas de las maravillosas fotos que hizo Carlota con su estupenda cámara.

Y esas tomas eran continuas porque cada paso que das vas descubriendo ruinas bellísimas. algunas se conservan bastante bien, como el teatro de Adriano, restos de templos, etc. Veo en Wikipedia que gran parte de los edificios arquitectónicos que forman la Acrópolis se edificaron durante la época de Pericles, (499 a.C.- 429 a.C.) Se conservaron en buen estado hasta el s. XVI durante la dominación otomana.

Según vas subiendo la colina vas dejando atrás la ciudad de Atenas y llega un momento en que la ves muy pequeña a tus pies. Cuando estás a punto de alcanzar la cima te reciben grandes y bellas columnas que te anuncian estar cerca del Partenón y cuando lo tienes delante das por bien empleado el esfuerzo realizado.

Y allí está, magnífico, aunque las grúas que hay en el interior por las constantes obras de rehabilitación, distorsionan un poco lo que tus ojos quieren ver y adivinar lo que fue. Y te molesta observar ese frontal destrozado y desnudo de las esculturas que "los hijos de la Gran Bretaña" saquearon, (Lord Elgin a principios del s. XIX), para llevárselas al Museo Británico de Londres.

Leo que el Partenón era residencia de las jóvenes, "Residencia de Atenea Partenos", construído entre 447 a.C. a 432 a.C.

La bajada fue más leve pero con un calor tremendo. El primer kiosko que vimos nos tomamos dos grandes zumos naturales de naranja y repuesta la semi-desidratación, nos sentamos en la terraza entre árboles de uno de los muchos restaurantes de la zona y nos comimos una musaka gigante que nos supo a gloria.


Tuvimos una buena sorpresa al principio cuando sacamos los tickets porque vimos que valían 30 euros cada una y yo con mis 60 preparados en la mano resulta que fueron sólo 15 porque mayores de 65 pagan la mitad y menores de 18 años años es gratis. Y lo mismo nos ocurrió en museos, etc.

En fin, un día grande por todo lo que vivimos en ese lugar magnífico e histórico.

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viernes, 2 de junio de 2017

Poros y Egina


Poros, (paso en griego), es otra pequeña isla de las llamadas Sarónicas, un pueblo de pescadores tranquilo y acogedor, parecido a Hydra con sus casas muy blancas y muchas de sus puertas y ventanas de un azul añil intenso.

Sus plantas trepadoras con esa flor color fuxia y algunas moradas que tanto abunda en Grecia, aquí crecen por doquier y Carlota hizo fotos realmente bonitas.

Caminamos por sus estrechas calles y vimos de lejos lo que nos indicaron eran los restos de lo que fuera templo de Poseidón. Esto ya en Egina.

Egina, que recibe el nombre de la amante de Zeus, está junto a la costa del Peloponeso en el Golfo Sarónico y frente al Pireo.

Es la más grande de las islas que visitamos, pero con menos encanto que las anteriores. Aparte de las ruinas de antiguos templos, tiene un puerto importante y un gran paseo marítimo con muchos cafés todos en fila mirando al mar y con unos sillones muy cómodos para atraer al turista. En uno de ellos nos sentamos Carlota y yo a tomar dos buenos helados en unas lindas copas de cristal grueso azul.

Llama la atención una costumbre que tienen los griegos, no sólo de las islas, sino en Atenas y también en el barco. Antes de servirte lo que hayas pedido, aunque sea un simple café, te ponen botellines de agua muy fría y dos vasos. Al principio comentábamos: ¿tú has pedido agua?, pero luego nos dimos cuenta enseguida de que era una buena costumbre de los atenienses.

La base económica de Egina, aparte del turismo, son los pistachos que exportan a muchos lugares. Al bajar del barco ves muchos puestos desde los que te ofrecen probar, con cucharitas desechables, todo tipo de productos, salados y dulces exquisitos, cuya base son los pistachos.

No son baratos, pero es tal la variedad y calidad que te dan ganas de llevarte más de uno. Nosotras compramos un frasco de pesto para llevárselo a Carol.

La vuelta en barco a Atenas fue muy amena porque es una larga travesía a última hora de la tarde y hace viento fresco en cubierta, así que nos reunimos casi todos en el salón grande, que como está rodeado de grandes ventanales al mar, da gloria estar allí. Tocaban música popular de canciones conocidas e interpretadas por un solista que cantaba muy bien y al final una pareja de bailarines con el tema de Zorba.

Allí tuvimos un encuentro con otra pareja completamente distinta a la de los canadienses que comento en otra página anterior. Este matrimonio, más o menos de mi edad, eran griegos y al igual que la otra pareja, absolutamente encantadores y podíamos hablar en inglés porque emigraron a Australia hace ¡40 años! y allí se quedaron y criaron a sus cuatro hijos. Viven bien en Sydney y nunca regresaron a su tierra para quedarse, sólo lo hacen cada varios años para unas cortas vacaciones porque la nostalgia y el recuerdo de su Grecia no les abandonó nunca. De origen humilde, allí encontraron una vida mejor para ellos y su familia, pero ella me decía en su inglés básico que nunca llegó a adaptarse del todo y hubiera querido volver para quedarse. Hablamos mucho del tema y los pros y contra de una decisión tan importante como es la de migrar a un país tan lejano, pero por otra parte tan bueno en muchos, muchos aspectos, de nuestra estancia en Melbourne durante casi quince años, en fin, fue curioso y una casualidad encontrarme con personas que habían emprendido la aventura australiana, pero en esta ocasión se quedaron a vivir allí para siempre. Carlota me hizo un par de fotos con estas personas tan entrañables y cariñosas. Ellos no manejan internet y no hablamos nada de comunicarnos al despedirnos, pero nunca me olvidaré de ellos.

Un día espléndido y muy completo de nuestra escapada a Grecia.

        Próxima página Acrópolis y Parthenón.


viernes, 26 de mayo de 2017

Islas Hydra, Poros y Egina.


En este crucero de un día completo se visitan tres islas navegando junto a la costa del Peloponeso, en el Golfo Sarónico y frente al Pireo. Tres de las 1400 que tiene Grecia, así que sólo nos quedan por conocer otras 1397.

Te vienen a buscar muy temprano para llevarte hasta el puerto y embarcar. El buque muy bonito y cómodo con grandes sillones en la parte interior y amplias cubiertas en los dos pisos con sillas y mesas en proa y popa y los bares para atender al montón de turistas a los que nos ofrecían visitas guiadas en cada una de las islas, pero Carlota y yo lo hicimos por nuestra cuenta para ir por libre y a nuestro aire.

Navegamos más de dos horas hasta llegar a la primera isla y en aquel día espléndido se disfruta mucho sentada junto a ese mar tan azul, la brisa y viendo cómo se iba alejando Atenas, con un refresco o helado en la mesa y mi nieta haciendo fotos preciosas.

La primera isla, Hydra que hace referencia al agua, "la bien regada", es la que más nos gustó. Una auténtica y pequeña isla griega donde no existen los coches, sólo algunas mulas por si algún guiri quiere recorrerla a lomos del pobre animal, con cara triste bajo un sol de justicia.

Casitas blancas construidas en una colina, aunque nosotras recorrimos las bonitas y estrechas calles de abajo y alguna que otra en cuesta. Sus puertas y ventanas pintadas de azul y muchos, muchos gatos de todas las razas y colores que le encantaban especialmente a Carlota. Disfrutamos mucho de este primer contacto con una isla griega.

Hydra me recordaba a la isla donde se rodó "Mamma mía"

Cada vez que desembarcas te ponen un póster al bajar la pasarela, con la hora que tienes que regresar al barco y el que se despiste se queda en tierra, así que nosotras lo controlábamos bien.

Al regreso de esa primera isla había comida buffet donde no faltaba de nada. Comimos de maravilla y en esa comida y mesa conocimos a un matrimonio canadiense, Ronna y Harold, con los que pasamos un buen rato charlando en inglés. Fue empatía total a primera vista. Ella psicóloga, que todavía da clases en la universidad y él creo recordar que ingeniero, seguramente jubilado y con un sentido del humor que nos hacía reír en cada tema que tocábamos.

Pero lo mejor era la historia sentimental de esta pareja que me recordó al tema de la novela de García Márquez, "Amor en los tiempos del cólera".

Yo había observado, antes de presentarnos y ponernos a charlar, que él la rodeaba con su brazo por los hombros y pensé: "qué maravilla esta actitud tan cariñosa en una pareja que llevarán juntos muchos años", y resulta que iban ¡¡en viaje de novios!!

Se conocían de toda la vida y habían sido amigos de siempre desde que eran jóvenes, ella con su marido y él con su mujer, al igual que los hijos de ambos. Pero Ronna y Harold eran muy activos en deportes, sobre todo el tenis, y los cónyuges no tanto, así que mientras que ellos jugaban un partido los otros dos se sentaban cerca de ellos a charlar.

Pasados los años ella y él se quedaron viudos con poca diferencia en el tiempo pero siguieron la amistad y estuvieron unos años visitándose, aunque en esta otra etapa de sus vidas no vivían en la misma localidad y Harold tenía que recorrer una larga distancia para verla y nos cuenta, con una gracia que nos moríamos de risa, que un buen día le dice a Ronna: "me estoy cansando de tantos km., ¿por qué no nos casamos de una vez?

A los hijos y nietos les pareció perfecto y en septiembre del año pasado se casaron y ahora estaban haciendo un viaje por Europa como luna de miel.

Vamos, una historia para escribir un libro. Ella tan dulce, él con tanta energía y simpático, una pareja irrepetible. cultos, interesantes... Personas como ellos te encuentras pocas veces en la vida. Gente de la que "te enamoras" y me alegró mucho que al terminar la comida y despedirnos me pidieran intercambiarnos los e-mails y Harold nos hizo una foto con el móvil a las tres chicas.

Les vimos de nuevo cuando estábamos Carlota y yo sentadas en cubierta tomándonos un café y Hal. (así le llama ella), llega con una botella y vasos de papel para tomar un poco juntos. Entonces comprendí por qué una camarera, antes de marcharnos del comedor, me preguntó: "¿A usted le gusta el vino seco o dulce?", y pensé que iban a regalar botellas a los pasajeros o algo así. Le contesté que yo no bebo vino pero que mejor el dulce. Y resulta que Harold la había mandado a preguntármelo y por eso nos buscó y apareció con una botella de vino dulce y los vasos para brindar. Bebimos sólo un poquito paro nos reímos un montón con las ocurrencias del amigo canadiense.

Cuando volví a casa del viaje ya tenía un e-mail de Ronna y mandaba la foto que nos hizo Harold.

En fin, un encuentro muy especial y ya nos hemos intercambiado varios correos.

Seguiré con las islas Poros y Egina en la próxima página.


miércoles, 24 de mayo de 2017

Una noche divertida...


...en uno de los muchos locales de Atenas donde hay cena-degustación de platos típicos y música con bailes de la tierra.

Nos encontramos con María, la guía con la que concertamos en el hotel el crucero de un día completo a tres islas y la cena-espectáculo, el resto lo hicimos por nuestra cuenta.

El restaurante está cerca de la Plaza Syntagma, caminando por pequeñas calles del casco antiguo.

Al entrar no había mucha gente pero pronto empezaron a llegar guiris de todo tipo y colores. Junto a nuestra mesa había otra muy larga con un grupo de americanos de Tennessy y en el otro lado un nutrido grupo de japoneses.

La comida en pequeños platos muy rica, la típica musaka y una serie de quesos batidos con diferentes especias y hierbas. Sabores distintos que untados en pan están exquisitos.

En el escenario había dos músicos con la clásica guitarra triangular griega de cuatro cuerdas, con ese sonido reconocible y alegre. Al principio salió una cantante muy guapa que enseguida invitó a que saliera alguien para enseñarle unos pasos sencillos del baile griego.

Carlota me animó y allá que me fui al escenario donde me lo pasé muy bien, sobre todo cuando pillé el ritmo y agarradas de la mano dábamos vueltas al compás de la bonita música. Yo pensaba que Carlota haría alguna foto, pero debía estar muy distraída con la abuela "groña que groña" y no tengo el recuerdo gráfico, pero sí en la mente y el corazón.

Los americanos me felicitaron al volver a la mesa y nos enrollamos un rato a charlar.

Después salieron un grupo de cuatro chicas y cuatro chicos que bailaban de maravilla todo el diferente folklore del país y, cómo no, al final el "Zorba the Greek" de Teodorakis que te pone la piel de gallina. (Danza Sirtaky)

Además de todo esto ocurrió algo muy divertido. Nuestra guía, María, se quedó un buen rato con nosotras. Ella siempre que llevaba turistas estaba invitada por la casa y hablando de que había cumplido 80 años hace unos meses, nos comenta que va a decirle al encargado que los cumplía ese día, que era divertido porque te cantaban el "Happy Birthday" por megafonía y te traían una pequeña tartita con una vela para soplar. Nosotras, alucinadas, le dijimos que no hacía falta, pero ella insistió porque ya lo había hecho con otros turistas alguna vez. En fin, que al rato llega la canción y la tartita con la vela encendida. Todos los guiris aplaudiendo y nosotras tres soplamos la vela y nos la comimos de postre.

Cuando ya estaba a punto de terminar el espectáculo era muy tarde y estábamos cansadas, así que nos levantamos y nos fuimos sin darnos cuenta de que al final del todo llegaba el momento de romper los platos, artistas y clientes, esa antigua costumbre que hemos visto en tantas películas. Nos acordamos cuando llegamos al hotel.

Una bonita y divertida noche griega.


Última escena de esta maravillosa película con un Anthony Quinn inmenso.

                                        Próxima página crucero a las islas Hidra, Poros y Egina.



martes, 23 de mayo de 2017

Pateando Atenas


Desde el hotel fuimos caminando hasta el Museo Arqueológico Nacional, (1866-1889). He visitado
muchos en España y otros países, pero no recuerdo ninguno que me haya impresionado tanto, a excepción de El Cairo.

Las colecciones en diferentes y grandes salas van desde la prehistoria, 6.800-3.000 a.C., al neolítico, edad de bronce, etc. Carlota y yo íbamos de sorpresa en sorpresa con esas esculturas increíbles: Afrodita, Zeus o Poseidón, Augusto, El Jinete de Artemisión... a cual más bella y luego las salas de vasijas, objetos de oro, arte egipcio... pudiendo hacer fotos de todo ello y recordarlo después mirando el álbum.

Fue especialmente interesante la sala dedicada a esculturas funerarias que rescataron del saqueo en los cementerios de familias nobles. Tuvimos la suerte de que la señora que vigilaba era argentina y nos explicó cosas y detalles, que de otro modo se nos hubieran pasado.

Resulta que había bloques cuadrados o rectangulares con figuras a tamaño real que representaban al difunto y las familias junto a él o ella, pero las miradas nunca se encontraban porque unos estaban vivos y el espíritu del fallecido no era visible para ellos. Muy curioso poderlo ver y admirar desde el conocimiento de ese hecho puntual.

Desde allí nos fuimos a la famosa Plaza Syntagma donde está el Parlamento y poder ver a los soldados para el cambio de guardia, que lo hacen todos los días cada hora en punto, así que vayas cuando vayas no te lo pierdes.

Al llegar vemos que en el gran espacio delante del Parlamento había una muchedumbre portando banderas de diferentes países, además de la griega, posters, etc., con himnos y canciones de tipo marchas militares por megafonía y pensamos que era una manifestación internacional por algún tipo de reivindicación, pero resulta que era la celebración el 8 de mayo del final de la Segunda Guerra Mundial y el homenaje que todos los años rendían a sus familiares muertos en la contienda. Era curioso porque la mayoría llevaban fotos ampliadas del padre, abuelo...

Todo esto nos lo explicó en inglés una chica de ascendencia rusa, muy alta y guapa a la que preguntamos. Iba toda orgullosa con la foto del abuelo y un gorro militar. Carlota nos hizo una foto preciosa, y una amiga de ella sacó una cinta como las que llevaban sujetas a la ropa y me la dio. En fin, fue todo muy bonito y emocionante. Además, como saben que el cambio de guardia es cada hora en punto, se fueron dispersando un poco antes con respeto y disciplina.

Entonces cruzamos nosotras para ver a los peculiares soldados griegos (Evzones), en primera fila, hacerles fotos y vídeo. Sus movimientos a cámara lenta son únicos y lo que nos explicaron sobre la falda que llevan parece increíble pero se compone de 430 pliegues, uno por cada año que estuvieron los turcos ocupando Grecia, hasta que pudieron independizarse.
Qué bonito es caminar por las ciudades que no conoces y observar a sus gentes y detalles que no ves en tu propia ciudad. Hemos cogido varias veces el metro, por cierto algunas estaciones parecen museos con unas esculturas y relieves increíbles, pero andando de un lugar a otro es como se disfruta realmente del lugar donde estás. Recuerdo como me sorprendió ver la venta ambulante en diferentes calles, de gran cantidad de cerezas sobre carros y a mejor precio que aquí. Ahora es la temporada y me hubiese gustado pararme a comprar, fotografiar e ir comiendo por el camino, pero al final no lo hicimos.

Allí, en la plaza, habíamos quedado con la guía el día anterior para que nos llevase a una cena con espectáculo de bailes griegos, pero esto lo dejamos para la siguiente página.

                                                    continuará...