viernes, 24 de junio de 2016

Mis Paradores: CARMONA


En los diferentes viajes que hice a Sevilla cuando mi hermana Carmina y familia vivían allí, al pasar por Carmona siempre me llamaba la atención el impresionante Alcázar y la llamada Puerta de Sevilla que están junto a la carretera, pero nunca llegamos a parar y cuando comencé a visitar Paradores éste fue uno de los que apunté en mi lista.

En aquella época no podías consultar Google ni mirar en el ordenador la situación del lugar. El caso es que reservé por teléfono una noche y cuando llegué con mi maletita pregunto en la oficina de turismo y me dicen que está arriba del todo en un cerro, no muy lejos pero por una calle empinadísima.

Pensé en coger un taxi y no había ninguno. El número de teléfono que me facilitaron no contestaba y al final me decidí a subir despacito los 2 km. más o menos que había hasta el parador.

Es un pueblo muy bonito y caminar por sus calles estrechas y cuidadas me gustaba, aunque a mitad del camino ya estaba deseando llegar.


Cuando dejas las calles y alcanzas la carretera que utilizan los coches, ya ves el parador que es impresionante. Había muchos coches en el aparcamiento, lo cual me aclaró que a ese lugar los clientes van todos en coche o la mayoría.

Una vez que estás allí te olvidas de los inconvenientes y camino recorrido. Era un Alcázar árabe del s. XIV desde donde tienes unas vistas espléndidas sobre la vega del río Corbones.

Precioso exterior y el interior igual, con un patio central que es una maravilla. La habitación comodísima y en todo el lugar se respira una tranquilidad absoluta. El desayuno y la comida exquisita, como en todos los paradores.

El problema es que allí no tenía medios para desplazarme al no tener coche y en recepción trataron varias veces de llamar un taxi pero nunca no consiguieron, así que hice una sola bajada y subida en "el coche de San Fernando", uno de pie y el otro andando, para visitar el Alcázar de abajo, la Necrópolis romana y la antigua iglesia de San Pedro.

Disfruté mucho en el Alcázar que es inmenso y con espacios muy interesantes que ver. También la Necrópolis por la que me llevó la guía a mi sola porque era un día nublado, amenazando lluvia, y no había turistas. Impresionaba aquel lugar, pero me lo pasé muy bien oyendo sus explicaciones y charlando con ella de todo. Una andaluza majísima.

Muchas fotos y un día estupendo y bien aprovechado. Al siguiente lo disfruté descubriendo todos los rincones del parador y por la tarde me bajé para coger el autobús a Sevilla que está a sólo media hora de allí.

Pasé otra noche en la preciosa capital, que aunque ya conocía, al ir sola y a mi aire fue estupendo pasear por la orilla del Guadalquivir, cruzar el Puente de Triana, dar una vuelta por la preciosa Plaza de España, recorrer el barrio de Santa Cruz, visitar la Catedral y los maravillosos jardines del Alcázar y tomando tapita por aquí, tapita por allá se fue haciendo la hora de coger el tren a Madrid.







   
       Se acabaron los Paradores, aunque espero visitar alguno más.



jueves, 23 de junio de 2016

Maratón de teatro


En las últimas tres semanas he visto cinco buenas obras de teatro. Resulta que yo las tenía fichadas desde marzo, pero lo fui dejando y de pronto me entero que todas terminaban en este mes de junio.

Así que me puse a la tarea de combinar fechas y sacar las entradas de una tacada.

"Alma y Cuerpo" es el título de dos piezas distintas en diferentes fechas y funciones. Un recital de poesía y danza en el teatro Español.

La primera, "La habitación luminosa", un encuentro entre Teresa de Jesús, (Irene Escolar), y Emily Dickinson, (Silvia Abascal). Me gustó, pero me sobró baile y música y me faltó poesía.

La segunda, "La hora oscura", encuentro entre Charles Baudelaire, (Jose Coronado), y Luis Cernuda, (Helio Pedregal). Esta segunda pieza, unos días después, me gustó mucho más. Estos dos grandes actores, representado a personajes tan interesantes y diferentes, dialogando sobre la vida, la muerte, la poesía, el sexo... También hubo danza con un bailarín clásico impresionante
                                         
                                         

La tercera obra, "La Rosa Tatuada" de Tennessee Williams, en el teatro María Guerrero, con Aitana
Sánchez-Gijón, me encantó. Años 50 en la América profunda y en pleno verano, como las solía situar casi siempre este autor y en un mundo puritano y reprimido de una viuda que quiere guardar luto eterno, hasta que la vida le hace despertar. Williams dice: " que hace un homenaje a todos los corazones salvajes que viven encerrados en la jaula de la sociedad de los prejuicios". Me llamó la atención ver en escena a Alba Flores, la hija de Antonio Flores y nieta de la gran Lola y me gustó mucho cómo se maneja en las tablas.

Muy guapa, alta y delgada, con la misma nariz aguileña de su padre y abuela y unos enormes ojos negros. Hace el papel de la hija de Aitana.

La siguiente fue increíble, " Tierra del Fuego", de Mario Diament, con una brillante interpretación de Alicia Borrachero, además de Tristán Ulloa y Abdelatif Hwidar, en Matadero o Naves del Español.

Ver esta impresionante obra en la primera fila de tribuna, a un par de metros de los actores, en un teatro sin escenario, a ras del suelo, es un privilegio porque ves cada gesto, mirada y movimiento de los actores con un realismo que lo vives y te absorbe.

Una triste historia, pero con mucha esperanza al final que te deja una sonrisa al salir del teatro. También de rabiosa actualidad ya que se trata del eterno problema sin visos de solución entre Israel y Palestina.

Inspirada en un hecho real, aunque hay mucha ficción, es la historia de una mujer judía que sufrió un atentado terrorista por parte de un palestino, del que salió herida y la amiga que iba con ella murió.
Veinte años después siente la necesidad de encontrarse con el terrorista que sigue en prisión. Quiere preguntarle, entender qué le movió a hacer una cosa así. En fin, los diálogos de los dos no tienen desperdicio. Él ahora está arrepentido de aquella locura que hizo cuando era muy joven. El marido de ella, (Tristán Ulloa), está en contra de este acercamiento y la cuestión termina separándoles. El final no lo cuento por si los lectores de esta página ven en algún momento esta magnífica obra de teatro.

Dice el director, Claudio Tolcachir, en el programa de mano: "Ojalá al salir de ver esta obra alguna de las diferencias que nos separan pudieran achicarse".

Según dicen los taurinos: "no hay quinto malo", y la última obra ha sido lo más de lo más y me llegó al alma. En el teatro Valle Inclán, "El Laberinto Mágico" de Max Aub, título que aglutina el sexteto de libros sobre la Guerra Civil en el que intentó narrar "lo que fue la lucha y la derrota de lo mejor que tenía España en 1936".  El dramaturgo, José Ramón Fernández, hace una selección de fragmentos
de esta obra cumbre de la literatura española del siglo XX. Un mosaico de historias y personajes vivos que hablan de dónde y cuándo morirán.

Quince jóvenes y maravillosos actores y dos músicos, van desgranando en un gran espacio vacío, con el suelo de arena negra, esos momentos trágicos y a veces alegres, que se vivieron en diferentes ciudades y frentes, que van mencionando, desde los primeros días de la sublevación militar, hasta el trágico final de la contienda , con los restos del ejército y gobierno republicano aguardando en el puerto de Alicante un barco en el que marchar al exilio y que nunca llegó. Allí estaba mi padre.                                                                              
Emoción, historia y teatro puro del bueno, con la magnífica compañía del CDN, dirigida por Ernesto Caballero.      

Las últimas palabras de una joven republicana, con la maleta en la mano: "Tragedia frente al mar, bajo el cielo, pisando el suelo"

     
Max Aub



 ¡Viva el teatro, señoras y señores,!

sábado, 18 de junio de 2016

Mis Paradores: CASTILLO DE BAIONA.


De los Paradores que haya junto al mar no creo que exista uno más bello que el de Baiona, no sólo por la impresionante Fortaleza de Monterreal, que convirtieron en Parador en 1.963, sino porque está en todo lo alto de una península frente a la ría de Vigo, rodeado totalmente de mar y cuando sales a pasear por su bellísimo entorno, no dejas de verlo y disfrutarlo en todo momento, por mucho que te alejes.

Pasé una sola noche, pero te dan ganas de quedarte un mes. Qué paz y tranquilidad...

Llegué desde Sanxenxo, donde estuve tres días en una preciosa boda familiar y pude reunirme con los primos de Cantabria, por parte del novio y la familia gallega de la novia. Ya escribí sobre esta boda en otra página. Fue muy especial y se celebró en un increíble pazo antiguo.


Pero sigamos con el Parador "Conde de Gondomar". Todas las habitaciones dan al mar y es una gozada poderlo contemplar y escuchar desde tu ventana. De nuevo cama con dosel y muebles antiguos y preciosos, como los que te encontrabas en salones, pasillos, comedor, etc., pero lo mejor de todo son los enormes espacios abiertos y muy cuidados que hay todo alrededor del lugar, paseos de piedra y almenas, zonas muy amplias de césped con mesas y tumbonas, rompeolas donde el mar choca blanco de espuma, bosques umbrosos de hermosos árboles...

Recuerdo que me dio mucha pena marcharme y ese par de días y una noche, me supieron a muy poco.

Me prometí volver y quedarme más tiempo, pero luego no lo haces.

El pueblo de Baiona también es muy majo. Estuve unas horas comiendo allí y conociéndolo, pero enseguida me volvía a "mi castillo" que es donde me gustaba estar.

Mi hermana Loli me lo recomendó especialmente y yo lo hago a todo el que no lo conozca y lea esta página.

               
                                   
                       


jueves, 16 de junio de 2016

Mis Paradores: SAN MARCOS, LEÓN.


Una noche y casi dos días en esta bonita ciudad que no conocía.

El pretexto era el Parador de San Marcos, que por sí sólo ya merece el viaje, pero además disfruté de otros lugares y momentos muy especiales.

Cuando llegué a la gran plaza, paseando por la orilla del río Bernesga, me dejó impactada la bellísima y larga fachada, (casi 100 metros), de lo que fue el antiguo Convento de San Marcos, s.XVI-XVIII.

                                                                                               

El edificio es un ejemplo del arte gótico-plateresco que vas descubriendo de un extremo a otro, como si fuera una monumental serie de esculturas que no deja de asombrarte mires donde mires.

Al final, a la derecha, te encuentras con la iglesia y convento de San Marcos que no pude visitar porque estaba cerrada por obras.

A través de los siglos fue Escuela de Veterinaria, hospital penitenciario, prisión militar, (Quevedo estuvo allí prisionero cuatro años), y también Casa de Misiones de la Compañía de Jesús.

Como Parador es una auténtica maravilla y tanto el exterior como el interior creo que supera a todo lo conocido y visto en los catálogos de Paradores de España.

Aparte de la decoración con muestras artísticas y elementos con muebles antiguos preciosos y que te encuentras por todas partes, como las lindas cunas del s.XVI, recuperación de tallas de madera, pinturas flamencas y tapices impresionantes, están los claustros y jardines de la planta baja y los de la planta superior.

No me cansaba de pasear por allí y tengo fotos estupendas. Había comido muy bien antes de llegar y a esa hora de calor y siesta no había nadie por allí y tenía el Parador para mí sola.

Mi habitación con cama alta y dosel, preciosa y cómoda, con un balconcito que daba al río y dormí como una reina.

Al día siguiente me fui a patear la ciudad. Me habían recomendado que no dejase de ver la Colegiata y Real Basílica de San Isidoro, s.XI-XII, que se considera el complejo de monumentos más valioso del románico español. Me gustó mucho todo lo que se conserva razonablemente bien del exterior y espacios muy bellos del interior, sobre todo el Panteón de los Reyes y sus espléndidas pinturas.


La Catedral otra maravilla. Tuve la suerte de que había concierto de órgano de Bach y disfruté mucho del tiempo que estuve allí. Es curioso pensar que yo no suelo ir a ninguna iglesia, pero cuando se trata de joyas de la arquitectura con siglos de antigüedad, como son las catedrales, no me pierdo una, vaya donde vaya. Esta de León tiene las vidrieras más bellas que jamás he visto y además tantas y tan variadas que es asombroso y admirable.

Camino de la Catedral me encontré un bello edificio que me llamó
mucho la atención. Pregunté y me dijeron que era la Casa Botines de Antonio Gaudí. Por lo visto una de las pocas joyas que el gran arquitecto construyó fuera de Cataluña. Tiene 365 ventanas, una por cada día del año. Es de la Diputación de León y entonces no se podía visitar pero sí admirar su exterior. Parece salido de un cuento de hadas.

La Plaza Mayor también me encantó, en fin, un par de días estupendos en León.


   Una ciudad con muchas joyas dentro.
   




viernes, 10 de junio de 2016

Mis Paradores. SANTIAGO DE COMPOSTELA.


Mi hermana Loli me habló de algunos y me recomendó que los fuera conociendo poco a poco.

Así lo hice durante varios años, aunque quedan muchos pendientes, pero los ya conocidos son una verdadera maravilla.

El de Santiago fue el primero y disfruté mucho ese viaje porque no conocía la ciudad y además aproveché la escapada coincidiendo con un concierto que daba y dirigía el gran músico Rostropovich.

Viajé en tren por la noche, en litera, y así me cundieron más los dos días completos que tuve.

Llegué cuando estaba amaneciendo y recuerdo mi camino desde la estación hasta la Plaza del Obradoiro por calles desiertas y tan bonitas que era un privilegio vivir ese momento en silencio y para mí sola, roto únicamente por el suave sonido de mis pies sobre el empedrado.

Esas casas y soportales de piedra, alumbradas por la luz de los faroles...

Caminaba despacio disfrutando de todo ello y desemboqué el la Plaza de la Puerta de Platerías, con la buena suerte de que acababan de abrir esa puerta de la Catedral y como era muy temprano y mi habitación del Parador no estaría dispuesta, crucé la preciosa plaza y entré.

Sin habérmelo propuesto viví una experiencia única, estar casi totalmente sola, (en la semi-penumbra pude ver a tres o cuatro personas), rodeada de la inmensidad y belleza de esa Catedral,

Sentada en un banco, mirando esos arcos, columnas, ventanales y cúpulas góticas, pensando en esos arquitectos y artistas que lo construyeron hace tantos siglos, en fin, impresionante y en un absoluto silencio. Ya comenzaban a entrar los primeros rayos de luz por las vidrieras.

Cuando salí estaban abiertos algunos bares y desayuné de maravilla en uno de ellos.

Así fue pasando el tiempo y me dirigí hacia la gran Plaza del Obradoiro y...¡¡allí estaba!!, la bellísima fachada del Parador de los Reyes Católicos y el llamado Pórtico de la Gloria y todo el increíble frontal de la Catedral, que visité en distintas ocasiones durante los dos días, uno de ellos para ver "volar" el enorme Botafumeiro, "esparcidor de humo" usado desde la Edad Media como instrumento de puerificación de una Catedral donde se apiñaban las multitudes y que también resultó impresionante. Estuve muy cerca y pude seguir toda la ceremonia de preparación de cuerdas y la maestría de los "tiraboleiros", que después de colocar el incienso y por medio de un sistema de poleas, lo ponen en funcionamiento y de pronto está a ras de suelo o volando hasta casi tocar las altísimas bóvedas.


El interior del Parador, desde que entras por el hall, los diferentes salones, mobiliario antiguo y recio, maderas nobles, pinturas, tapices, esculturas, en fin, pasé largos ratos durante mi estancia recorriendo todos los espacios de las diferentes plantas y haciendo fotos.



Mi bonita habitación, con su puerta antigua de madera oscura, como todo el resto de muebles, la ventana dando a la plaza y sobre todo la cama con dosel, me encantaron.

La ciudad también muy bonita. Caminé mucho por el centro y las callejas del casco antiguo, que era lo que más me gustaba. Degusté la cocina típica del lugar, pero sobre todo recuerdo el riquísimo pulpo que allí preparan y también el caldo gallego.

Otra cosa que recuerdo fue la subida a la cubierta de la Catedral. Había estado en obras durante mucho tiempo y ahora estaba abierta al público. Fue estupendo, aunque en varias ocasiones me tuve que apoyar en el hombro de alguno de los jóvenes que había por allí porque al salir por la pequeña puerta te encuentras pisando el tejado con escalones que hay que ir bajando hasta llegar a espacio llano donde puedes ir dando la vuelta y viendo todo Santiago.

Al Apostol puedes casi tocarle. Tan pequeño que se ve desde abajo, coronando la fachada, y tan grande cuando lo contemplas arriba de espaldas.

La vieja Universidad de Fonseca, su patio principal...

Subí por una de las escaleras laterales a la planta de arriba y di la vuelta mirando y fotografiando todo.

Cuántos siglos y cuánta historia. Allí está también "La Casa de la Troya", que fue posada de estudiantes, ahora museo y que hizo famosa la novela de Alejandro Pérez Lugín y la película con el mismo nombre.

Los cuatro patios y jardines de la Catedral, una gozada pasear por ellos.

También hice el recorrido de los peregrinos, pero sin hacer el camino: besar la piedra, pasar por la Puerta Santa, esperando una gran cola y abrazar la imagen del Apostol, subiendo por esa escalerita que hay detrás del Altar. (Peregrina versión cómoda).

El concierto de Rostropovich fue maravilloso. Es una sala de conciertos que hay en las afueras de la ciudad. Yo pensaba que podría ver al Maestro tocando su cello, pero ya era muy mayor, (murió al año siguiente), y sólo dirigía la orquesta, pero daba gloria verle con tantos años, moviendo esas manos y batuta.


Lo que no esperaba era la mala organización a la salida. Mucha gente llevaba coche, pero otros muchos que habíamos llegado en taxi, nos encontramos con una enorme cola esperando taxi o un hipotético autobús que se suponía tenían que haber dispuesto para una noche tan especial.

Pues nada, de vez en cuando un taxi y más de una hora esperando. Al final compartí uno con otras personas, cenar un poco y a la cama para aprovechar al máximo el día siguiente antes de coger el tren nocturno.

                     Dos días y una noche estupendos.