miércoles, 11 de mayo de 2016
Marsella
Primera escala en esta bonita ciudad francesa. Fue la única a la que me apunté como excursión guiada y después de la experiencia decidí descubrir las demás ciudades por mi cuenta y riesgo.
Esto de las excursiones es un rollo al que te tienes que adaptar sí o sí. A mí me va más ir por libre.
Primero cola para contratar la excursión, después cita de los diferentes grupos en el teatro y allí esperar un montón hasta que se organizan y te llaman para seguir al guía con el número de bus que te han adjudicado y por fin te pones en marcha.
Casi cinco horas de excursión para ir callejeando por Marsella y que te señalen de pasada tal o cual lugar con tal o cual historia y cuando llegas a la primera parada de algo realmente interesante como el Palais Longchamp, el guía franchuten Olivier, bastante antipático, nos dice que ¡quince minutos! y ni uno más.
Yo que veo un poco de lejos el precioso palacio con una arquitectura, jardines y fuente monumental espléndidos, le digo que sólo con llegar y volver al bus ya se han ido los quince minutos, sin tiempo para verlo medianamente bien y hacer alguna foto.. Conseguí que nos "concediera" diez minutos más y aun así todo fue deprisa y corriendo.
La parte izquierda de la preciosa columnata es el Museo de Bellas Artes y a la derecha el de Historia Natural y hay que conformarse con ver la fachada.
Tuve allí dos encuentros rápidos pero muy bonitos. Veo a una señora con su hijo, un muchacho con síndrome de Dawn y le digo que si me puede hacer una foto. Con una amplia sonrisa y mucha ilusión me afirma con la cabeza, se aleja un poco y muy cuidadoso con el manejo del móvil me hace una foto perfectamente encuadrada y cuando se la enseño se puso muy contento y la madre me miraba encantada por habérselo pedido a su hijo en vez de a ella.
El otro encuentro fue con un pequeño grupo de chicas adolescentes, alegres y encantadoras que se revolucionaron al ver que yo quería una foto con ellas y una voluntaria nos la hizo. Nos reímos mucho, ellas hablando en francés y yo en inglés o español. Todas de origen argelino, preciosas y muy cariñosas. Ese día no tenían instituto y habían ido a pasar la mañana en los jardines del Palais.
Seguimos la ruta en el bus y veo una iglesia impresionante que resultó ser la catedral de Marsella, pero nos tuvimos que conformar con verla de pasada porque quedaba un largo y difícil camino hasta la cima de un pico, 150 mt. sobre el nivel del mar, para llegar a la Basílica de Notre-Dame de la Garde,
cima que se alcanza por calles muy estrechas donde apenas se puede mover el autobús, pero al final llegamos y merecía la pena porque es un lugar precioso desde donde tienes toda la ciudad y el mar a tus pies y unas vistas privilegiadas.
Allí se nos concedió por el tirano guía media horita que tampoco daba para mucho porque una vez que nos dejan en la plataforma, hay que subir un montón de escaleras hasta llegar a la base de la basílica y una vez allí hay ascensor para las personas mayores, aunque yo seguí a pie lo que quedaba para no perderme nada y alcancé la gran terraza que rodea ese impresionante lugar.
Reconozco que nunca hubiese llegado hasta allí si no me apunto a esa excursión, así que mereció la pena realizarla.
Cuando bajamos ya estaba el franchuten mirando el reloj y a dos que se atrasaron un poco, les echó la bronca.
Al final tuvimos un rato de libertad para pasear por el Le Petit Port, un pequeño y antiguo puerto muy bonito en el centro de Marsella. Hacía un día estupendo y pasamos un buen rato mis amigas alicantinas y yo.
Luego al barco, comer bien, descansar y zarpamos por la tarde-noche hacia la siguiente escala que era Génova.
continuará...
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