martes, 17 de mayo de 2016

Civitavecchia


Una pequeña y tranquila ciudad con un gran puerto a 80 km. de Roma, que como ya conocía, me la salté y me quedé a pasar unas horas caminando por allí, mientras que la gran mayoría de pasajeros salían en muchos autobuses hacia la Ciudad Eterna.

Me llamó la atención un castillo que vi desde el barco y que resultó ser el Fuerte de Michelangelo. (1.535)

Antes caminé por sus calles y por uno de los bonitos paseos junto al mar me fui acercando a sus grandes torres. Me recordaba mucho al castillo o fortaleza del mismo nombre que visité en Roma.

Pensaba que se podía entrar pero resulta que es un centro militar y solo era accesible el exterior y jardines de alrededor.

En la puerta principal hay dos grandes anclas a ambos lados y un militar vestido de paisano y que se dirigía al interior, fue tan amable que me hizo una foto muy bonita.

Cerca de allí está una de las playas y zonas muy amplias con palmeras, cafés y terrazas.

Hacía un día espléndido y estuve por allí un buen rato.

Desde allí al barco había un largo paseo y como ya iba llegando la hora de comer, me fui encaminando hacia el mastodonte, que se veía desde todas partes, y sin prisa, pero sin pausa, llegué a mi casa flotante con mucho apetito y dispuesta a atacar, (con mesura), las múltiples y exquisitas ofertas que nos ofrecían cada día.                                                        

Un poco antes me encontré por el camino un grupo de españoles, compañeros de crucero, que también se habían quedado por esa zona y me preguntaron si había visto la gigantesca estátua de "el beso", cerca de una de las playas. Les dije que no y lo sentí porque había estado relativamente cerca pero en otra playa y me perdí una buena foto de esa curiosa escultura. Ya era tarde para volver atrás y me conformé con ver las fotos de ellos en el móvil.

No he comentado anteriormente lo bien organizado que está todo el tema de seguridad para las salidas y entradas de los pasajeros, de forma que nunca puedan entrar intrusos.

Desde el primer día en Valencia y antes de subir al barco, te entregan una tarjeta plastificada que lleva todos tus datos y es la que utilizas y te piden en todo momento durante el viaje. También con la que puedes abonar cualquier gasto extra en el barco.

Al subir a bordo la primera vez, hay que esperar cola en las diferentes pasarelas porque al pasar por seguridad y entregar la tarjeta, hay una máquina que te hace una foto y queda incorporada en ese artilugio junto a todos los datos de la tarjeta y cada vez que sales o entras en el barco, te miran la cara unos segundos y ven si coincide la foto con la persona que les enseña la tarjeta.

A veces hay que esperar un poco, pero te tranquiliza saber que lo tienen todo controlado y te sientes segura.

                              Próxima escala, PALERMO






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