viernes, 20 de mayo de 2016

Cagliari (Cerdeña)


La isla de Cerdeña no entraba en el itinerario del crucero, pero surgió a última hora porque Malta, que está menos protegida y en mar abierto, estaba sufriendo un temporal muy fuerte y por seguridad el barco no podía atracar allí, sin embargo cuando llegamos a Cagliari hacía una temperatura y sol espléndido.

Me quedé con las ganas de visitar la vieja isla de Malta, (La Valetta), y Mdina que era parte de la excursión y un pequeño lugar precioso, según había visto en internet, pero con un poco de suerte lo haré en un próximo crucero y en fechas más avanzadas hacia el verano, que hay menos posibilidad de temporales y mala mar.

Cagliari es también una ciudad antigua muy bonita. Está construida en una gran colina y la zona recomendada era el barrio de Castello.

Pregunté al llegar a la avenida principal, (Vía Roma), por cierto muy cuidada y con unos edificios preciosos. Enseguida me indicaron que cogiese la calle de enfrente y todo recto hacia arriba.

Así lo hice, despacio, tomándome mi tiempo al observar hasta dónde tenía que llegar, que era arriba del todo, más de 150 metros sobre el nivel del mar.

Las pequeñas calles que iba cruzando, tan bonitas y antiguas, con flores en los balcones, estrechas y muy limpias.

Me paré en una preciosa y antigua tienda de pan y dulces del s.XIX y estuve charlando, (de aquella manera!), con la dueña, que era la cuarta generación de la misma familia. Me dio a probar trocitos de diferentes pastas, que elaboraban ellas artesanalmente y en hornos de leña.

No hacía mucho que había desayunado, pero estaban exquisitas y le compré una bolsita pequeña para corresponder a su amabilidad, que me sirvió más tarde de aperitivo antes de volver rendida al barco.

Me dijeron que a medio camino había un ascensor que me subiría hasta el castillo y la catedral, pero tuve la mala suerte que estaba averiado y continúe "a piedi, tutto a piedi", porque no quedaba otra.

Cuando ya se veía el Castello cerca, llegaron las escaleras y apalancando en el pasamanos alcancé la cima de mi particular Everest.

Las vistas desde allí eran una gozada y había merecido la pena el esfuerzo. La Torre de San Pancracio con su puente levadizo, el Bastione di Saint Remy y al final la bellísima catedral de Santa María de Cagliari, toda de mármol opaco, exterior e interior.

Y había varios miradores desde donde contemplabas todo Cagliari. Descansé un buen rato dentro de la catedral y sentada en un kiosco, junto al mirador, tomándome un refresco, ¡y las pastas!!

La bajada fue más fácil, pero cansada también, y paseando despacio llegué hasta el barco justo a la hora de comer.

Sus famosas playas de arena blanquísima y aguas cristalinas, no pude verlas. Otra vez será.
                                                                             
Bonita ciudad Cagliari y bonita isla de Cerdeña para tener varios días, en vez de varias horas, para descubrirla.

Y ya se iba acabando todo porque a partir de aquí sólo tuve otra larga travesía por el maravilloso mar Mediterráneo hasta llegar a Palma de Mallorca, una corta escala y directo a Valencia para desembarcar.

          Un viaje con la Mar de bellas y nuevas vivencias, la Mar de gratificante, la Mar de cansancio físico, la Mar de feliz!!!                                                         


jueves, 19 de mayo de 2016

PALERMO


Si me ha quedado una asignatura pendiente en este viaje, ha sido más tiempo, más horas, más días en Palermo.

Mi lista de cosas que deseaba ver en esta ciudad, era la
más larga de todas y apenas me dio tiempo a visitar un par de lugares en las horas que allí pasé.


El puerto es muy curioso porque está materialmente metido dentro de la ciudad y al volver para embarcar de nuevo me sorprendió ver la proa del gigantesco "Preziosa" a pocos metros de los edificios más cercanos. Hice una toma con la cámara de vídeo y es sorprendente.

Junto al puerto te encuentras tenderetes con todo tipo de souvenirs para turistas, especialmente lo que se refiere a la famosa trilogía de El Padrino en la que Palermo tiene mucho protagonismo.

Yo me traje camiseta, mandil, imanes para la nevera, etc., todo ello en negro con la imagen de Marlon Brando, para Carol y los nietos. (Era una oferta que no podía rechazar)

Soy una fan incondicional de estas tres películas y en mi opinión es lo mejor que hizo Francis Ford Coppola, aunque hay escenas de "casquería" de las que siempre tengo que apartar la mirada, pero con el tema que trata eran necesarias y quizá imprescindibles. Para mí una obra maestra de la cinematografía. Y si hablamos del reparto, qué vamos a decir de ese increíble, irrepetible reparto de actores.

El caso es que en "The Godfather Part III", las escenas finales están rodadas en el Teatro Massimo de Palermo, (el mayor teatro de Ópera de Italia y tercero de Europa), y hacia allí me dirigí por una gran avenida y preguntando aquí y allá, llegué hasta el mismo y me emocionó verlo, estar en esas escaleras de la famosa y dramática escena.

Es impresionante y bellísimo y tuve la suerte de que estaba abierto para visita guiada. Cómo disfruté caminando por el hall, los pasillos y puertas que dan a los palcos, el patio de butacas y hasta nos subieron al Palco Real. Fue un recorrido muy bonito y la guía nos explicaba la historia del teatro en italiano e inglés. Tengo fotos preciosas del exterior e interior.

Al salir pregunté por la catedral y aunque estaba un poco alejada no quise coger ningún medio de transporte y así poder conocer y seguir por sus calles hasta llegar a ella.

¡¡¡Qué auténtica maravilla!!! Cuando te la encuentras de frente, llegando por la Vía Vittorio Emanuelle, en aquella gran y preciosa plaza, te sorprende por su grandiosidad y porque no parece una iglesia, te recuerda más a un gran palacio o castillo. Además tiene diferentes estilos arquitectónicos con referencias árabes, normandas, etc., según qué parte estés mirando. No te cansas de caminar a su alrededor, mirar, fotografíar...y así fueron pasando las horas y llegó el momento de pensar en volver.

No llegué a entrar en el interior porque no quedaba tiempo y por el cansancio físico que había hecho mella. Eché una última mirada y me cogí un taxi hasta el puerto.

Me quedaron tantas cosas por ver, una de ellas la Capella Palatina que creo es otra maravilla, el Palazzo Normando, Plaza y Fontana Pretoria, la playa Mondello, bueno y muchos lugares más que apunté en mi lista de internet,

Quizá me vaya algún día un fin de semana y pueda ver el cercano pueblo de Monreale y también Corleone, donde nació el personaje en cuya historia se inspiraron Mario Puzzo y Coppola para escribir los guiones. Conocer más de Sicilia y no sólo Palermo.

                          Próxima escala CAGLIARI, (Cerdeña)


martes, 17 de mayo de 2016

Civitavecchia


Una pequeña y tranquila ciudad con un gran puerto a 80 km. de Roma, que como ya conocía, me la salté y me quedé a pasar unas horas caminando por allí, mientras que la gran mayoría de pasajeros salían en muchos autobuses hacia la Ciudad Eterna.

Me llamó la atención un castillo que vi desde el barco y que resultó ser el Fuerte de Michelangelo. (1.535)

Antes caminé por sus calles y por uno de los bonitos paseos junto al mar me fui acercando a sus grandes torres. Me recordaba mucho al castillo o fortaleza del mismo nombre que visité en Roma.

Pensaba que se podía entrar pero resulta que es un centro militar y solo era accesible el exterior y jardines de alrededor.

En la puerta principal hay dos grandes anclas a ambos lados y un militar vestido de paisano y que se dirigía al interior, fue tan amable que me hizo una foto muy bonita.

Cerca de allí está una de las playas y zonas muy amplias con palmeras, cafés y terrazas.

Hacía un día espléndido y estuve por allí un buen rato.

Desde allí al barco había un largo paseo y como ya iba llegando la hora de comer, me fui encaminando hacia el mastodonte, que se veía desde todas partes, y sin prisa, pero sin pausa, llegué a mi casa flotante con mucho apetito y dispuesta a atacar, (con mesura), las múltiples y exquisitas ofertas que nos ofrecían cada día.                                                        

Un poco antes me encontré por el camino un grupo de españoles, compañeros de crucero, que también se habían quedado por esa zona y me preguntaron si había visto la gigantesca estátua de "el beso", cerca de una de las playas. Les dije que no y lo sentí porque había estado relativamente cerca pero en otra playa y me perdí una buena foto de esa curiosa escultura. Ya era tarde para volver atrás y me conformé con ver las fotos de ellos en el móvil.

No he comentado anteriormente lo bien organizado que está todo el tema de seguridad para las salidas y entradas de los pasajeros, de forma que nunca puedan entrar intrusos.

Desde el primer día en Valencia y antes de subir al barco, te entregan una tarjeta plastificada que lleva todos tus datos y es la que utilizas y te piden en todo momento durante el viaje. También con la que puedes abonar cualquier gasto extra en el barco.

Al subir a bordo la primera vez, hay que esperar cola en las diferentes pasarelas porque al pasar por seguridad y entregar la tarjeta, hay una máquina que te hace una foto y queda incorporada en ese artilugio junto a todos los datos de la tarjeta y cada vez que sales o entras en el barco, te miran la cara unos segundos y ven si coincide la foto con la persona que les enseña la tarjeta.

A veces hay que esperar un poco, pero te tranquiliza saber que lo tienen todo controlado y te sientes segura.

                              Próxima escala, PALERMO






lunes, 16 de mayo de 2016

Génova.


Mi segunda escala fue estupenda y a mi aire.

Génova es una ciudad preciosa y con muchos lugares interesantes e históricos que ver y disfrutar.

Al bajar del barco en vez de encontrarte con el clásico puerto enorme de donde te sacan los autobuses lanzadera, lo haces directamente a la Estazione Marítima que parece un aeropuerto antiguo y sales a una bonita plaza con una fuente y una gran hélice de barco en el centro.

Yo llevaba ya mis apuntes de internet con lo más interesante de la ciudad y pregunté al personal de la Estazione cómo llegar a la Plaza Ferrari, que es el centro de donde salen todos esos lugares antiguos que quería conocer y patear.

Me dijeron que cruzase el puente y cogiera el bus 20 o el 18. Eso hice y le pedí al conductor, en mi jerga italiana, que me avisara al llegar allí, pero no hizo falta porque enseguida un par de señoras italianas me dijeron que se bajaban allí mismo. En Italia da gusto porque no te hace falta tirar del inglés y nos entendemos estupendamente en su idioma.

Llegué a la gran Plaza Ferrari con su preciosa fuente en el centro y rodeada de bellos e importantes edificios: el Teatro de la Ópera Carlo Felice, el Palazzo Ducale, soportales con bellos arcos y columnas y un poco más abajo la Catedral de San Lorenzo a la que llegas por una calle muy explotada para turistas, pero muy bonita y con un ambiente increíble toda esa zona.

La catedral impresionante, tanto el exterior como el interior, aunque la imagen no le hace justicia.

Luego sigues caminando hacia abajo y te encuentras con una zona más tranquila y muy antigua, plazuelas con pequeñas iglesias y algunos edificios muy antiguos y preciosos, con ventanas y terrazas que me recordaban a Venecia. Sobre todo la Piazza de San Mateo es especial, casi medieval y me quedé por allí un buen rato.

Y así llegas al llamado barrio Caruggi con sus calles estrechísimas por donde no te cansas de caminar y fotografíar. ¡¡Es todo precioso!!, como volver siglos atrás en el reloj del tiempo

Pero llega el momento de regresar y todo lo que has bajado hay que subirlo en cuesta arriba muy pronunciada. Vas despacio y un poco cansada pero feliz de todo lo que estás viendo y disfrutando a tu aire y con todo detalle.



Cuando llegué de nuevo a la Plaza Ferrari pregunté a unos policías por la casa de Colón y tuve la suerte de que no estaba muy lejos. Me indicaron unas torres que se veían al fondo de una larga calle y me dijeron que allí mismo estaba la casa.

Otra calle preciosa la que te lleva hacia el castillo, con casas y edificios muy antiguos a ambos lados, cafés y pequeños restaurantes.

Del castillo queda poco más que las dos altas torres y parte de los muros, pero es uno de los emblemas de la ciudad. Son "Las Puertas de Génova" y nada más cruzarlas allí están las ruinas de la casa de Colón de la que sólo queda una pequeña parte, pero sin embargo se conserva bastante bien la zona del patio y jardín, con su pozo en el centro y rodeado de pequeñas columnas muy bonitas.

El interior de lo que queda de la casa te impresiona. Una pequeña estancia al entrar por el pasillo, a la derecha y luego unas viejas escaleras que te llevan a la parte de arriba.

Poco que ver, pero histórico e interesante.

Pregunté por el puerto, donde hay un galeón muy antiguo que me hubiera gustado ver, pero tanto eso como el precioso puerto de pescadores en la zona de Boccadasse, que me apunté en la lista después de verlo en internet, quedaba lejos y aunque salí muy temprano, las horas habían pasado sin sentir y tenía que regresar a bordo antes de las tres de la tarde porque el barco zarpaba a las cuatro, así que me cogí de nuevo el bus en la Plaza de Ferrari para no quedarme en tierra.

                 Próxima escala CIVITAVECCHIA.


miércoles, 11 de mayo de 2016

Marsella


Primera escala en esta bonita ciudad francesa. Fue la única a la que me apunté como excursión guiada y después de la experiencia decidí descubrir las demás ciudades por mi cuenta y riesgo.

Esto de las excursiones es un rollo al que te tienes que adaptar sí o sí. A mí me va más ir por libre.

Primero cola para contratar la excursión, después cita de los diferentes grupos en el teatro y allí esperar un montón hasta que se organizan y te llaman para seguir al guía con el número de bus que te han adjudicado y por fin te pones en marcha.

Casi cinco horas de excursión para ir callejeando por Marsella y que te señalen de pasada tal o cual lugar con tal o cual historia y cuando llegas a la primera parada de algo realmente interesante como el Palais Longchamp, el guía franchuten Olivier, bastante antipático, nos dice que ¡quince minutos! y ni uno más.

Yo que veo un poco de lejos el precioso palacio con una arquitectura, jardines y fuente monumental espléndidos, le digo que sólo con llegar y volver al bus ya se han ido los quince minutos, sin tiempo para verlo medianamente bien y hacer alguna foto.. Conseguí que nos "concediera" diez minutos más y aun así todo fue deprisa y corriendo.

La parte izquierda de la preciosa columnata es el Museo de Bellas Artes y a la derecha el de Historia Natural y hay que conformarse con ver la fachada.

Tuve allí dos encuentros rápidos pero muy bonitos. Veo a una señora con su hijo, un muchacho con síndrome de Dawn y le digo que si me puede hacer una foto. Con una amplia sonrisa y mucha ilusión me afirma con la cabeza, se aleja un poco y muy cuidadoso con el manejo del móvil me hace una foto perfectamente encuadrada y cuando se la enseño se puso muy contento y la madre me miraba encantada por habérselo pedido a su hijo en vez de a ella.

El otro encuentro fue con un pequeño grupo de chicas adolescentes, alegres y encantadoras que se revolucionaron al ver que yo quería una foto con ellas y una voluntaria nos la hizo. Nos reímos mucho, ellas hablando en francés y yo en inglés o español. Todas de origen argelino, preciosas y muy cariñosas. Ese día no tenían instituto y habían ido a pasar la mañana en los jardines del Palais.

Seguimos la ruta en el bus y veo una iglesia impresionante que resultó ser la catedral de Marsella, pero nos tuvimos que conformar con verla de pasada porque quedaba un largo y difícil camino hasta la cima de un pico, 150 mt. sobre el nivel del mar, para llegar a la Basílica de Notre-Dame de la Garde,
cima que se alcanza por calles muy estrechas donde apenas se puede mover el autobús, pero al final llegamos y merecía la pena porque es un lugar precioso desde donde tienes toda la ciudad y el mar a tus pies y unas vistas privilegiadas.

Allí se nos concedió por el tirano guía media horita que tampoco daba para mucho porque una vez que nos dejan en la plataforma, hay que subir un montón de escaleras hasta llegar a la base de la basílica y una vez allí hay ascensor para las personas mayores, aunque yo seguí a pie lo que quedaba para no perderme nada y alcancé la gran terraza que rodea ese impresionante lugar.

Reconozco que nunca hubiese llegado hasta allí si no me apunto a esa excursión, así que mereció la pena realizarla.

Cuando bajamos ya estaba el franchuten mirando el reloj y a dos que se atrasaron un poco, les echó la bronca.

Al final tuvimos un rato de libertad para pasear por el Le Petit Port, un pequeño y antiguo puerto muy bonito en el centro de Marsella. Hacía un día estupendo y pasamos un buen rato mis amigas alicantinas y yo.

Luego al barco, comer bien, descansar y zarpamos por la tarde-noche hacia la siguiente escala que era Génova.

                                                          continuará...

domingo, 8 de mayo de 2016

Mi pequeño gran crucero.


Sólo siete días, pero tan intensos que ahora, desde tierra firme, me parecen muchos más.


El barquito llamado "Preziosa" es un bello mastodonte de 16 plantas,(17 con el puente de mando), cada una de ellas tan inmensas que al menor despiste te pierdes y ya no sabes dónde estás hasta que te cruzas con alguien del siempre amable personal, te guía y te lo explica todo.


Pero aun así yo no comencé a orientarme hasta pasados un par de días. Buscaba mi cabina recorriendo los cien metros lisos por los interminables pasillos hasta que recordaba que a babor estaban los pares y a estribor los impares. (Utilizo palabras de la jerga marítima para fardar).

Y antes de escribir sobre mi crucero y anécdotas varias, voy a recrearme un poco en describir el increíble camarote que me tocó en suerte, y digo en suerte porque yo contraté uno de término medio en precio, o sea ventana al mar y punto, bueno pues cuando voy a recoger los papeles a la agencia de viajes me dicen que me han dado una cabina de lujo con terraza privada al mar.

Parece ser que el mastodonte no iba al completo y como era primeriza con MSC, la cuestión  seguramente fue márketing puro y así alucinar a la vieja pasajera y que me quedasen ganas de repetir. (Esto me lo imagino yo y me comentaron en la agencia que era posible).

El caso es que viajé de lujo a precio medio, razonable. La cabina era muy amplia, como todo lo demás, cama, armario, sofá, escritorio, minibar, TV con incontables canales, baño donde no faltaba un detalle y lo más fascinante, ¡¡la preciosa terraza al mar!!, con dos sillones y mesita y el frontal de cristal transparente para contemplar el mar incluso desde la cama. Además servicio de habitaciones las 24 horas del día, aunque yo apenas lo usé, sólo una vez que pedí el desayuno en la terraza.

Cuánto he disfrutado en esa terraza los pocos ratos que un crucero te dejan libres, porque cuando no estás comiendo, estás descubriendo las bellas ciudades donde has atracado y que no te puedes perder, pero qué amaneceres y anocheceres, apoyada en la baranda o sentada en uno de los sillones, leyendo mecida por el leve movimiento del barco. Qué impresionante es contemplar las olas y escuchar el sonido constante cuando vas navegando mar adentro, qué infinito, qué bello, tú en silencio, sola frente a esa grandiosidad, te sientes tan pequeña y tan feliz...

No cambiaba esto por nada y me escaqueaba de muchas de las parafernalias que se organizan en estos viajes. Fiestas de esto o lo otro, discotecas y salones a elegir con grupos en directo y música para todas las edades, casino, piscinas climatizadas, gimnasio, saunas, clases de baile, etc., etc., ¡ah! y un teatro grandísimo donde todas las tardes y noches había espectáculo tipo revista musical que a mí no me gustan y ponía pretextos a unas amigas alicantinas de mi quinta, que no se perdían una. Las conocí en la cola de pasajeros al embarcar en Valencia. Muy majas las tres y pasamos buenos ratos juntas, pero no muchos porque no coincidíamos en gustos y aficiones, aunque yo no se lo decía, claro.

La comida exquisita y variadísima. Una serie de buffets gourmet que se extendían a lo largo de toda la planta catorce. Cada uno de ellos diferente y dedicado a deleitar a los comensales. Carnes cocinadas o asadas y cortadas a tu demanda, pescados, sopas, frutas, verduras y ensaladas de todo tipo, postres con pasteles deliciosos, panes para todos los gustos y luego había buffets muy populares entre la gente joven con pizzas, amburguesas, salchichas, etc., y en los desayunos platos calientes muy variados y bollería riquísima. Y esto funcionaba no sólo en los horarios normales, ¡¡sino durante veinte horas al día!!, para la gente que se quedaba en el barco o los noctámbulos que estaban de juerga hasta las tantas y podían subir a comer algo antes de irse a la cama.

Y luego estaban los restaurantes a la carta que funcionaban sólo para las cenas. Vamos, que por la noche si no te apetecía ir al buffet reservabas mesa en uno de los tres preciosos restaurantes y cenabas de lujo. En este caso vistiendo menos informal.

En fin, en esta página escribo sobre el barco y en las siguientes comentaré las escalas que hicimos y las ciudades que descubrí, todas interesantes.

También descubrir el barco cuando lo ves por primera vez antes de subir a bordo, es alucinante. Los hay grandes para los cruceros, pero este "Preziosa" que yo llamo mastodonte, es como una ciudad flotante. No en vano alberga 3.500 pasajeros y 1.500 trabajadores y tripulación.

Quizá por este motivo el wifi no funcionaba bien al estar conectados a los móviles miles de personas al mismo tiempo o esa era la excusa que nos daban a todos los que íbamos a recepción a reclamar porque era casi imposible mandar un wp. Yo iba todas las noches después de cenar con el mensaje ya escrito y hasta que algún experto no lo conseguía no me movía de allí. Y eso tratándose sólo de mensaje, porque fotos no pude enviar ninguna hasta que desembarqué en Valencia.



                                                                             continuará...