La isla de Cerdeña no entraba en el itinerario del crucero, pero surgió a última hora porque Malta, que está menos protegida y en mar abierto, estaba sufriendo un temporal muy fuerte y por seguridad el barco no podía atracar allí, sin embargo cuando llegamos a Cagliari hacía una temperatura y sol espléndido.
Me quedé con las ganas de visitar la vieja isla de Malta, (La Valetta), y Mdina que era parte de la excursión y un pequeño lugar precioso, según había visto en internet, pero con un poco de suerte lo haré en un próximo crucero y en fechas más avanzadas hacia el verano, que hay menos posibilidad de temporales y mala mar.
Cagliari es también una ciudad antigua muy bonita. Está construida en una gran colina y la zona recomendada era el barrio de Castello.
Pregunté al llegar a la avenida principal, (Vía Roma), por cierto muy cuidada y con unos edificios preciosos. Enseguida me indicaron que cogiese la calle de enfrente y todo recto hacia arriba.Así lo hice, despacio, tomándome mi tiempo al observar hasta dónde tenía que llegar, que era arriba del todo, más de 150 metros sobre el nivel del mar.
Las pequeñas calles que iba cruzando, tan bonitas y antiguas, con flores en los balcones, estrechas y muy limpias.
Me paré en una preciosa y antigua tienda de pan y dulces del s.XIX y estuve charlando, (de aquella manera!), con la dueña, que era la cuarta generación de la misma familia. Me dio a probar trocitos de diferentes pastas, que elaboraban ellas artesanalmente y en hornos de leña.
No hacía mucho que había desayunado, pero estaban exquisitas y le compré una bolsita pequeña para corresponder a su amabilidad, que me sirvió más tarde de aperitivo antes de volver rendida al barco.Me dijeron que a medio camino había un ascensor que me subiría hasta el castillo y la catedral, pero tuve la mala suerte que estaba averiado y continúe "a piedi, tutto a piedi", porque no quedaba otra.
Cuando ya se veía el Castello cerca, llegaron las escaleras y apalancando en el pasamanos alcancé la cima de mi particular Everest.
Las vistas desde allí eran una gozada y había merecido la pena el esfuerzo. La Torre de San Pancracio con su puente levadizo, el Bastione di Saint Remy y al final la bellísima catedral de Santa María de Cagliari, toda de mármol opaco, exterior e interior.Y había varios miradores desde donde contemplabas todo Cagliari. Descansé un buen rato dentro de la catedral y sentada en un kiosco, junto al mirador, tomándome un refresco, ¡y las pastas!!
La bajada fue más fácil, pero cansada también, y paseando despacio llegué hasta el barco justo a la hora de comer.

Sus famosas playas de arena blanquísima y aguas cristalinas, no pude verlas. Otra vez será.
Bonita ciudad Cagliari y bonita isla de Cerdeña para tener varios días, en vez de varias horas, para descubrirla.
Y ya se iba acabando todo porque a partir de aquí sólo tuve otra larga travesía por el maravilloso mar Mediterráneo hasta llegar a Palma de Mallorca, una corta escala y directo a Valencia para desembarcar.
Un viaje con la Mar de bellas y nuevas vivencias, la Mar de gratificante, la Mar de cansancio físico, la Mar de feliz!!!
































