Mi escapada a Berlín me ha encantado. Los viajes a lugares por descubrir, donde no has estado antes, siempre son interesantes y esta ciudad lo es.
He vuelto cansada porque a mi edad cada año cuenta y lo notas mucho porque, aunque soy una persona activa, llevo una vida tranquila y cuando rompes la rutina tus huesos te avisan constantemente, pero ha merecido la pena.
Cinco días que nunca son completos por las horas de aeropuertos y vuelos, pero si te lo organizas bien, tu lista de prioridades la cumples, aunque siempre te quedan asignaturas pendientes, como el Jardín Botánico que por lo visto es una maravilla y varios museos que me interesaban y me los he perdido.
Un par de días los he pasado subiendo y bajando de esos autobuses turísticos que tienen paradas estratégicas en lugares de interés.
Primero te das una vuelta completa por todo Berlín y después te apuntas tus preferencias en los distintos itinerarios.
Una de las paradas que me retuvo más tiempo fue en la inmensa Alexander Platz. Aquello parece un circo donde te encuentras de todo: mercadillos, acróbatas, músicos, bici-taxis, mucha gente joven y familias con niños, una torre de Babel donde escuchas todos los idiomas del mundo mundial.
Un lugar curioso que también presume de su impresionante TV Tower, (210 mt.), hasta la gran bola rotatoria desde donde tienes una vista panorámica preciosa de toda la ciudad. Tiene 986 escalones y el ascensor hace el recorrido en !!40 segundos!!, sin embargo no te da esa sensación de velocidad a no ser que mires al techo acristalado y entonces ves pasar las paredes del gran tubo a 5-6 metros por segundo.La altura total hasta la punta de la antena es de 368 mt. y puedes verlo desde muchos puntos de Berlín.
Junto a la plaza de Alexanderplat está la iglesia más antigua de la ciudad, St. Nicolás, (Nikolaikircheplatz), antiguo barrio medieval, año 1.200, ahora cerrada y en obras. Allí se comenzó
a construir la originaria ciudad de Berlín.
También fue divertido bajarme en la parada del llamado "Checkpoint Charlie" donde se conserva la caseta original que había allí después de la segunda guerra mundial, como frontera West-East.
Junto a la caseta te encuentras todo un montaje de aquella época, con dos "soldados" norteamericanos sujetando sus banderas y un "alto mando" que es el que se encarga de hacernos las fotos a los guiris, previo pago de dos euros.La he subido a facebook porque es una foto realmente simpática.
La siguiente parada es en la Gendarmenmarket, considerada la plaza más bella de Berlín. Cuando la miras de frente, con el Konzerthaus en el centro, su Deutscher Dom y gran escalinata y a derecha e izquierda otros dos suntuosos edificios clasicistas del mismo arquitecto. Uno de ellos es la llamada catedral francesa y a su lado una iglesia más pequeña construída en 1.701 para dar cabida a los refugiados hugonotes y enfrente la alemana.
Pasé varias horas en esa zona porque no te cansas de mirar y admirar todo lo que te rodea. La sala de conciertos no estaba abierta pero la gran puerta central sí y al subir la escalinata, con su alfombra roja, puedes entrar al hall y tienen la sala encendida con sus ocho espléndidas arañas, por cierto, dos de ellas en cristal azul, para que podamos ver todo el interior que es impresionante, a través de la puerta principal.
Me comentaron que siempre hay algún músico interpretando piezas clásicas junto al precioso conjunto de esculturas en el centro de la plaza y allí estaba un joven tocando el violín como los ángeles.Había gente joven sentados en la escalinata, yo me senté con ellos y estuve un buen rato escuchando y disfrutando de una tarde muy especial.
Después me fui a merendar a la famosa schokolade Fassbender&Rausch, allí cerca y que me había recomendado mi sobrina Marta que vive en Berlín.Es una chocolatería del s.XIX, y aquello parece un museo con obras gigantescas en chocolate negro, de lugares populares de la ciudad. Tienen bombones y dulces exquisitos y en el salón de arriba pude degustarlos.
Próxima página, EL MURO.





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