sábado, 29 de agosto de 2015
Mis encuentros...JOAN BAEZ.
Creo recordar que este fue el primero de todos y la protagonista fue Carol, aunque yo lo disfruté muchísimo cada minuto que duró y fueron horas increíbles.
Habíamos vuelto a Madrid desde Valencia y teníamos funcionando la pizzería, así que supongo sería el año 1982-83 más o menos.
Lo que recuerdo es que Carol tenía 16-17 años. Le gustaba mucho Bob Dylan y su pareja entonces, Joan Baez.
Ella se presentaba en un único concierto en el Palacio de los Deportes y allá que nos fuimos las dos.
Teníamos unas entradas en la grada y bastante lejos del escenario y empezamos a pensar que si bajábamos a pista, donde estaba toda la gente joven de pie, podíamos acercarnos poco a poco y lo veríamos mejor.
Así lo hicimos, !!y en buena hora!!.
Llegamos hasta la barrera junto al escenario. Dentro de esa barrera sólo estaban los fotógrafos y gente de seguridad.
El estupendo telonero era un joven Luis Eduardo Aute que cantó algunas bonitas canciones antes de que saliera la estrella del evento.
Y allí estaba la Baez con su guitarra, muy guapa y con esa enorme personalidad que siempre ha tenido.
Después de saludar entre aplausos, de pronto dice en un español muy limitado, que si alguien hablaba un inglés fluído podía subir al escenario con ella para explicar de qué iban las letras de las canciones.
Yo, nerviosa y entusiasmada, le digo a Carol que se anime y suba. A ella le daba un poco de corte pero se decidió y enseguida le ayudaron a entrar en el espacio dentro de la valla, (y yo con ella, cómo no!!), hasta recuerdo que cuando la subían en volandas al escenario los de seguridad, yo la empuje un poco por el pompi y allí estaba mi niña escuchando las indicaciones que le decía Joan Baez en inglés para que antes de cada canción lo explicara en español al público.
Le pusieron un taburete y micrófono y allí estuvo como una jabata todo el concierto y a mí se me caía la baba.
Al final, Joan Baez muy cariñosa, le dio las gracias por su ayuda y Carol se fue hacia el backstage mientras que ella saludaba.
Y ahí no quedó todo. Cuando yo me dirigía a la parte de atrás para encontrarme con Carol, me llevan hacia el camerino donde estaba la Baez y todos los periodistas y fotógrafos porque ella le había pedido a Carol que se quedara para traducir la entrevista.
No me lo podía creer. Seguí disfrutando de aquel momento único. Mi hija haciendo la traducción simultánea español-inglés, inglés-español. (Y la baba seguía cayendo imparable)
Aquello se podía haber alargado mucho más porque !!invitó a Carol y a mí con ella!!, para que fuéramos al hotel donde se quedaba y daba una recepción para prensa y amigos.
Y lo que es la vida y aquellos tiempos de machismo y falta de libertad, nosotras hubiéramos ido felices, pero al ser muy tarde y estar el marido y padre controlador esperándonos y seguro que mirando el reloj, lo hablamos las dos y por el miedo a broncas, Carol se disculpó y le dijo a Joan Baez que no podíamos quedarnos más tiempo.
En fin, unas horas que jamás olvidaremos ninguna de las dos.
EL SUPERENCUENTRO DE CAROL CON JOAN BAEZ Y YO DE TESTIGO PRIVILEGIADO.
jueves, 27 de agosto de 2015
Se terminaron las vacaciones.

Ayer regresaron mis nietos de su verano super. Dora cinco semanas en EE.UU. con la familia americana, en las que ha viajado por diferentes Estados del Sur: Mississipi, Tennessy y Virginia. Un viaje fantástico. Carlota y Diego en una playa de Huelva con su padre y anteriormente Diego estuvo en los verdes valles de Navarra y Carol con Carlota en Londres. En el anterior viaje a esa increíble ciudad, ella no fue y tenía esa asignatura pendiente. Estuvieron casi una semana y disfrutaron de algo muy especial que yo, con las veces que he estado en Londres, siempre me lo he perdido, por una razón u otra. Ver teatro en el "Shakespeare's Globe", (s. XVI), que está rehabilitado, pero es el mismo lugar donde ese grande de las letras estrenaba y presentaba sus obras. !!Qué envidia!!. Iré en mi próximo viaje. Pero bueno, la abuela pasó unos días estupendos en Berlín, en fin, un verano movidito.
Carlota también estuvo en Niza y Mónaco a final de junio en el viaje fin de curso del Instituto.
Como decía en otra página, verano variado y a la carta.
Anoche cenamos todos juntos y pasamos unas horas estupendas intercambiando todos los souvenirs que cada uno hemos traído de aquí y allá.
Ahora llega pronto el trabajo para todos, menos para mí que estoy de vacaciones todo el año, (jajaja).
Dora comienza primer año en la universidad, Carlota cuarto y Diego segundo en el Insti.
Carol su !!28 curso!! en The English Academy.
Yo quiero irme unos días a Cantabria en septiembre para ver a mis primas. Pensaba hacerlo en agosto pero la rodilla izquierda me está molestando bastante y esperaré un poco a ver si se me pasa.
Como la canción del Dúo Dinámico, "el final del verano", ya lo tenemos aquí.
miércoles, 19 de agosto de 2015
Mis encuentros con famosos. NUREYEV.
Mis memorias están ya en la época actual, pero hay pasajes curiosos y puntuales que ocurrieron a lo largo de muchos años y que iré contando en diferentes páginas, no cronológicamente, pero según los vaya recordando.
El encuentro que más me impactó, aunque los hay divertidos e interesantes, fue con el maravilloso bailarín Rudolf Nureyev.
La primera vez que le vi en mi vida fue en Melbourne en el teatro St. Kilda, junto a la playa del mismo nombre.

Jamás olvidaré esa noche. Nada menos que "El Lago de los Cisnes" y con Margot Fonteyn que hacía una de sus últimas apariciones antes de retirarse y yo tuve la gran suerte de ver juntos a estos irrepetibles bailarines.
Fui con Gerardo pero a él el ballet no le iba mucho y no valoró lo que tenía ante sus ojos.
Años después, ya viviendo en Madrid, se presentó en el Teatro de la Zarzuela con "El Corsario" y le convencí a Gerardo para ir a verle.
Fue increíble. Volaba por el escenario y su belleza física, perfección y técnica artísticas te dejaban alucinada.
Estábamos en las primeras filas del patio de butacas y al terminar éramos de los últimos en salir y sin pensarlo mucho, ni imaginar lo que iba a ocurrir a continuación, me dio por preguntar a uno de los acomodadores si sería posible ver unos minutos a Nureyev y pedirle que me firmase el bello programa para llevárselo a mi hija.
Y esa persona encantadora me dijo en voz baja que la puerta que había a la derecha del escenario, subiendo unos peldaños, daba al backstage y que esperase un poco a que hubiera salido todo el mundo.
Así lo hice. Gerardo me esperó abajo y abrí esa puerta mágica justo para ver al Maestro que le envolvían en un precioso albornoz blanco largo hasta los pies.
Al verme con mi programa y bolígrafo en la mano, me miró y con una sonrisa me indicó que esperase un poco.
Se metió en el camerino con sus ayudantes que salieron después para decirme que cuando se hubiera duchado y vestido, me recibiría.
Le avisé a Gerardo y esperé como quince minutos. No me lo creía. Allí estaba YO SOLA junto al camerino y poco después YO SOLA con ÉL, saludándole y dándole las gracias por recibirme.
Como vio que hablaba inglés se sentía cómodo. Me preguntó cómo me llamaba, le dije que África y enarcó las cejas como sorprendido. Después le indiqué que era para mi hija Carol, (aún conserva esa bonita foto dedicada a ella).
Nunca olvidaré el traje que llevaba. De suave pana color café con leche y el estilo principios del siglo XX. Me llamó la atención los pantalones que eran bombachos y con travilla ajustada por debajo de la rodilla, medias beige y zapatos con lengüeta en color teja.
Me dio DOS BESOS y nos despedimos no sin antes volver a darle las gracias. Ver esa bellísima cara tan cerca, oir su voz durante unos minutos, hablando con ese dios de la danza, en fin, un privilegio que solo te puede ocurrir una vez en la vida y que recordaré siempre, siempre.
Le vi de nuevo, esta vez saliendo del edificio de Galerías Preciados, ahora FNAC. No le molesté ni le dije nada, sólo le miré y disfruté de ese momento. Era invierno, iba envuelto en una capa y con una gorra o boina ladeada. Me paré para mirarle de espaldas hasta que desapareció.
Del triste final de su vida no quiero hablar porque me dolió mucho. Prefiero quedarme con su inmenso arte y aquellos minutos mágicos junto a él, en el camerino del Teatro de la Zarzuela.
Tumba de Rudolf Nureyev en Sainte Genevieve des Bois, (París)
sábado, 15 de agosto de 2015
ALUCHE-l998-2013
Vuelvo en mis "Memorias..." a los casi quince años que viví en el barrio de Aluche.
Fue una época larga de mi vida que siempre recordaré con cierta nostalgia hacia esa zona de Madrid, porque en aquel cuarto piso sin ascensor, ni calefacción, pero amplio y luminoso, transcurrieron años tranquilos y gratos, siempre ligados a mis nietos, que también lo recuerdan con mucho cariño, hasta tal punto que cuando preparaba la mudanza hacia General Ricardos, vinieron los tres a pasar un fin de semana para DESPEDIRSE de aquel lugar en el que habíamos pasado tantos buenos ratos juntos desde que eran muy pequeñitos.
Primero fue Dora que con 2-3 años me la traían los papás algún fin de semana de vez en cuando, mientras que Carlota era un bebé.
Cuántos recuerdos de mi Dora chiquitina jugando con todos los cacharritos y juguetes que tenía en casa para cuando ella venía.
Los ratos en el precioso parque de Aluche donde jugaba con otros niños o conmigo a la pelota y en los columpios y toboganes.
Había un lugar especial que era sólo nuestro. Unas grandes piedras junto al agua del río artificial y en el centro de las mismas un espacio con arena que era "su casita". Hacía que abría la puerta entre las dos piedras y colocaba algunos juguetes encima de la más pequeña.
Otras veces mirábamos los peces y los patos y les echábamos miguitas de pan o galletas.
Cuando Carlota fue creciendo se unió al grupo y ya eran las dos con las que compartía algunos fines de semana.
En casa lo pasaban muy bien porque había una gran terraza llena de plantas que ellas regaban y en verano salían descalzas en bañador y se mojaban una a otra.
Nunca estaban solas y siempre me sentaba cerca de ellas mientras estaban en la terraza. Ellas ya sabían que no podían abrir el balcón y salir si no era conmigo.
Otro de los recuerdos entrañables que ellas no olvidan era el gran sillón de brazos muy anchos donde por la noche nos sentábamos las tres a ver la tele o una peli de niños que yo iba comprando. Yo me sentaba en el sillón y ellas en cada uno de los brazos y estábamos tan cómodas y muy juntitas.
Tenían tanto cariño a ese sillón que cuando fueron a despedirse del piso me decían que me lo llevase aunque estaba ya muy viejo el pobre. Pero no pude hacerlo porque era enorme y no me cabía en el otro apartamento.
Luego llegó Diego y cuando tenía 3-4 años engrosó el grupo y ya tenían que dormir los tres juntos en mi cama y yo en la pequeña del otro dormitorio.
Parece que los estoy viendo a los tres acomodándose para coger el mejor sitio, charlando y riéndose por cualquier cosa y yo con ellos, hasta que eran las tantas y tenía que poner orden porque era la hora de dormir. Y cuando estaban dormidos como ángeles, yo les miraba y me sentía tan feliz y afortunada...
Por cierto, ya no había sitio para los tres en el viejo sillón y por turno se tenían que sentar en una sillita, aunque siempre había un poco de bronca hasta que se ponían de acuerdo.
A veces me los traían Carol y Charlie los viernes por la tarde noche y venían a por ellos el domingo antes de comer. Quédábamos en el parque y allí nos encontrábamos junto al lago y su gran fuente central. Para mis nietos, ir a casa de la abuela era como una aventura, como si fuera el pueblo, un lugar "lejano" donde había que coger el coche o el metro para llegar.
Otros de los buenos ratos que compartíamos eran nuestras visitas al centro comercial. Siempre seguíamos la misma ruta, primero montar en los caballos, coches, etc., que había en el hall de la planta baja, luego comíamos en Burguer King y después íbamos a mirar el escaparate de la tienda de pets donde casi siempre había nuevos cachorros de diferentes razas.
Entrábamos a ver los peces, serpientes, loros, jilgueros y todo tipo de bichos imaginables y al final nos metíamos en Carrefour para recorrer despacio toda la sección de juguetes y libros infantiles.
También recuerdo el extenso espacio de altos y hermosos chopos que hay al principio del parque, donde siempre jugábamos a tirar penaltis y la portería eran dos grandes troncos. Nos poníamos de porteros por turno y los que mejor paraban eran Dora y Diego. A Carlota y a mí nos la colaban casi siempre.
Nunca me faltaba una pelota grande que compraba en los chinos y que se desinflaba pronto, pero era barata y siempre había repuesto.
Les encantaba a los tres la escultura que hay junto al metro de Aluche, "Esperanza caminando", la figura dulce de una adolescente camino del Instituto, con los libros y cuadernos en la mano, del escultor Julio López y que no está firmada porque es una copia del original que más adelante descubrí en Oviedo, al pasar por el teatro Campoamor. Esa sí está firmada. Los cientos de veces que fui hacia el metro en esos años, nunca dejé de mirarla y es tan sencilla y real que despierta ternura y la mirada es equivalente a un saludo.
Ahora veo a mis nietos tan grandes, los tres adolescentes y recuerdo con nostalgia esa infancia que, afortunadamente, he compartido y disfrutado con ellos en Aluche y también en su casa, cuando algunos días iba a buscarlos al cole y pasaba la tarde con ellos hasta que llegaban los papás.
Dora se hizo mayor, quedaba con su grupo de amigos y aquellos fines de semana con la abuela fueron de Carlota y Diego.
En mi nuevo apartamento, que está junto a ellos, también les veo mucho, pero ya pasó la época de cuidarles y, crecen tan deprisa!! A mi edad es una alegría y tranquilidad muy grande estar tan cerca unos de los otros, además el apartamento es pequeño pero monísimo, con más comodidades que el otro y estoy encantada de haber vuelto a mi barrio de toda la vida.
Pero sigo pensando, !!qué deprisa crecen y qué deprisa pasa la vida!!
Todo llega y todo pasa, como dice Machado.
miércoles, 12 de agosto de 2015
Berlín II
Última página sobre mi escapada a Berlín.
Gran parte de este día lo dediqué a visitar y fotografiar lo que queda del famoso y triste MURO que tanto sufrimiento causó durante décadas, con las familias separadas entre el Berlín Este y el Occidental.
Hay varias partes del muro que se conservan en distintos puntos de la ciudad, pero la más popular es ese espacio con graffitis, algunos de ellos verdaderas obras de arte, por eso se llama el "Mourer Gallery"
Está frente al Berlín Arena y junto al río Spree que serpentea por toda la ciudad, una zona muy bonita porque los barcos que te dan paseos por su cauce tienen allí una de las paradas junto a un pequeño y bonito restaurante con terraza donde comí al sol de la tarde después de que mis ojos y la cámara, (que echaba humo), hubiesen absorbido toda la esencia de ese lugar.
Cuando bajé del bus lo primero que vi fue el más famoso graffiti, el del beso entre Brezhnev y Honeker en la celebración del 30 aniversario de la RDA en 1979.
Y por lo visto, la costumbre es que allí se hagan fotos las parejas besándose. Yo, como no tenía nadie a quién besar, le lancé un beso al guapetón chaval que me hizo la foto. Y luego unos japoneses me pidieron que me hiciera una con ellos, (les debí recordar a su abuelita nipona).En fin que me lo pasé muy bien y estuve horas por allí, recorriendo uno a uno los preciosos graffitis que hay a lo largo de más de un km.
Después de comer en aquella bonita terraza, cogí el barco durante una hora y pasé por puentes y lugares verdes en las orillas que, desde el barco, tienen una mejor y diferente perspectiva. Ese paseo fue el broche de oro a una tarde espléndida con una temperatura ideal.
El siguiente y último día estuve por la zona del la Plaza de Brandenburgo y el Museo del Holocausto.

Luego me fui caminando por la bonita y gran avenida en la que hay edificios impresionantes como la Universidad de Ciencias, el Museo Altes, s.XIX, ahora cerrado, con sus incontables columnas y su gran explanada de césped con mucha gente joven sentada y al cruzar el río te encuentras con el más impresionante de todos, que es la catedral de Berlin.
Llegué cansada a Alexanderplatz, donde tenía que coger el bus al hotel, pero mereció la pena.
También vi de pasada, pero no me bajé, el famoso y poderoso Bundestag. No me interesaba pasear y fotografiar el lugar donde mueve los hilos la Kaiser-Merkel, que me cae fatal.
En fin, una interesante escapada a una no menos interesante ciudad.
Hay muchas cosas que me dejo en el tintero porque no terminaría nunca, pero hay cientos de datos sobre este Berlín, que vas oyendo por el pinganillo que te dan al subir al autobús, (21 idiomas), y que va narrando todos los detalles de cada calle y lugar por donde vas pasando.
AUFIDERSEN, BERLÍN!!!
sábado, 8 de agosto de 2015
BERLÍN.
Mi escapada a Berlín me ha encantado. Los viajes a lugares por descubrir, donde no has estado antes, siempre son interesantes y esta ciudad lo es.
He vuelto cansada porque a mi edad cada año cuenta y lo notas mucho porque, aunque soy una persona activa, llevo una vida tranquila y cuando rompes la rutina tus huesos te avisan constantemente, pero ha merecido la pena.
Cinco días que nunca son completos por las horas de aeropuertos y vuelos, pero si te lo organizas bien, tu lista de prioridades la cumples, aunque siempre te quedan asignaturas pendientes, como el Jardín Botánico que por lo visto es una maravilla y varios museos que me interesaban y me los he perdido.
Un par de días los he pasado subiendo y bajando de esos autobuses turísticos que tienen paradas estratégicas en lugares de interés.
Primero te das una vuelta completa por todo Berlín y después te apuntas tus preferencias en los distintos itinerarios.
Una de las paradas que me retuvo más tiempo fue en la inmensa Alexander Platz. Aquello parece un circo donde te encuentras de todo: mercadillos, acróbatas, músicos, bici-taxis, mucha gente joven y familias con niños, una torre de Babel donde escuchas todos los idiomas del mundo mundial.
Un lugar curioso que también presume de su impresionante TV Tower, (210 mt.), hasta la gran bola rotatoria desde donde tienes una vista panorámica preciosa de toda la ciudad. Tiene 986 escalones y el ascensor hace el recorrido en !!40 segundos!!, sin embargo no te da esa sensación de velocidad a no ser que mires al techo acristalado y entonces ves pasar las paredes del gran tubo a 5-6 metros por segundo.La altura total hasta la punta de la antena es de 368 mt. y puedes verlo desde muchos puntos de Berlín.
Junto a la plaza de Alexanderplat está la iglesia más antigua de la ciudad, St. Nicolás, (Nikolaikircheplatz), antiguo barrio medieval, año 1.200, ahora cerrada y en obras. Allí se comenzó
a construir la originaria ciudad de Berlín.
También fue divertido bajarme en la parada del llamado "Checkpoint Charlie" donde se conserva la caseta original que había allí después de la segunda guerra mundial, como frontera West-East.
Junto a la caseta te encuentras todo un montaje de aquella época, con dos "soldados" norteamericanos sujetando sus banderas y un "alto mando" que es el que se encarga de hacernos las fotos a los guiris, previo pago de dos euros.La he subido a facebook porque es una foto realmente simpática.
La siguiente parada es en la Gendarmenmarket, considerada la plaza más bella de Berlín. Cuando la miras de frente, con el Konzerthaus en el centro, su Deutscher Dom y gran escalinata y a derecha e izquierda otros dos suntuosos edificios clasicistas del mismo arquitecto. Uno de ellos es la llamada catedral francesa y a su lado una iglesia más pequeña construída en 1.701 para dar cabida a los refugiados hugonotes y enfrente la alemana.
Pasé varias horas en esa zona porque no te cansas de mirar y admirar todo lo que te rodea. La sala de conciertos no estaba abierta pero la gran puerta central sí y al subir la escalinata, con su alfombra roja, puedes entrar al hall y tienen la sala encendida con sus ocho espléndidas arañas, por cierto, dos de ellas en cristal azul, para que podamos ver todo el interior que es impresionante, a través de la puerta principal.
Me comentaron que siempre hay algún músico interpretando piezas clásicas junto al precioso conjunto de esculturas en el centro de la plaza y allí estaba un joven tocando el violín como los ángeles.Había gente joven sentados en la escalinata, yo me senté con ellos y estuve un buen rato escuchando y disfrutando de una tarde muy especial.
Después me fui a merendar a la famosa schokolade Fassbender&Rausch, allí cerca y que me había recomendado mi sobrina Marta que vive en Berlín.Es una chocolatería del s.XIX, y aquello parece un museo con obras gigantescas en chocolate negro, de lugares populares de la ciudad. Tienen bombones y dulces exquisitos y en el salón de arriba pude degustarlos.
Próxima página, EL MURO.
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